• El director artístico de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY), Alfonso Scarano, y el pianista Jorge Medina, solista invitado, en rueda de prensa
  • El director y el solista tendrán a su cargo la obra “Cuadros de una exposición” en diferentes versiones

La Orquesta Sinfónica de Yucatán retoma su temporada después de una breve pausa con una propuesta muy especial, al presentar el programa “el arte de la transcripción” que permitirá escuchar la versión original de “Cuadros de una exposición” de Modest Mussorgsky y, posteriormente, en la segunda parte del concierto, la versión orquestal de esa misma pieza hecha por Ravel.

El programa se complementará con la interpretación de otra obra del ruso Mussorgsky, “Una noche en la árida montaña”.

Se trata de una propuesta experimental del actual director artístico de la Orquesta, Alfonso Scarano, quien, como dio a conocer cuando tomó la batuta de la OSY, ideó este programa al que denominó “el arte de la transcripción”, como parte del cual en la actual y en futuras temporadas presentará obras con la misma dinámica de este fin de semana.

Como se acostumbra, los conciertos de la Sinfónica de Yucatán serán pasado mañana viernes, a las 20 horas, y el domingo 17, a las 12 horas, en el Palacio de la Música.

En esta ocasión se presentará “Cuadros de una exposición” de Mussorgsky, que interpretará en su versión original el pianista Jorge Medina, quien será el solista invitado.

Lo interesante de la propuesta es que en la segunda parte del concierto se interpretará esa misma obra pero en su versión orquestal, que fue transcrita por Maurice Ravel, de manera que el público podrá escuchar una misma pieza en dos versiones y apreciar cómo es que los músicos y compositores pueden llevar una composición de un solo instrumento al plano orquestal.

Sobre la obra original de Mussorgsky, Alfonso Scarano explica que la pieza funciona como la visita a una galería de arte, ya que describe 10 cuadros y varios “promenades”, es decir, paseos musicales, que acompañan el recorrido entre una pintura y otra.

Resalta que la versión más famosa de esta obra es la versión orquestal de Ravel, ya que se volvió célebre en todo el mundo porque es “simplemente más espectacular”; el piano es un instrumento íntimo, mientras que una orquesta tiene una fuerza distinta.

Señala que este proyecto es una contribución a la literatura pianística, porque permite que el público tome conciencia de que la música original es para piano y no para orquesta.

—Si pensamos en la música de Mussorgsky, entendemos que en sus notas y armonías ya existe toda la grandeza de una orquesta. No es necesaria la versión de Ravel. Además, debemos recordar que el músico ruso compuso esta obra en 1874 y que Ravel realizó la orquestación en 1924: hay 50 años de distancia. La necesidad de esta versión era de Ravel, no de Mussorgsky, porque en el período artístico de Ravel existían otras búsquedas estéticas.

Afirma que Ravel utilizó a Mussorgsky y trabajó sobre una obra que ya poseía toda la grandeza de la instrumentación. “Simplemente escribió y organizó elementos que ya estaban contenidos en la música original”.

“Al escuchar la versión para piano, el público puede sentir claramente la presencia de la orquesta”.

Por esa razón, esta programación de la OSY no es solamente cultural, didáctica o emocional —aunque durante el concierto se crea una relación emocional que solamente la música puede generar—, sino que es una búsqueda de la verdad. Por primera vez se le dice claramente al público que lo importante es la versión de Mussorgsky, no la de Ravel.

Scarano enfatiza que cada nota y cada armonía del compositor ruso en esta pieza son geniales porque son únicas, “muy pocos compositores en la historia de la música poseen una fuerza semejante”.

Destaca que “Cuadros de una exposición” se interpreta en su versión original solamente en recitales de piano o se prefiere la versión orquestal, pero aquí, en Mérida, por primera vez, las dos versiones convivirán dentro del mismo concierto.

El pianista Jorge Medina, quien actualmente radica en Alemania y es originario de San Francisco de Campeche, es quien interpretará la versión original.

El instrumentista expresa que el programa es muy interesante y poco común, por lo que agradeció la invitación. Dice que, normalmente, el piano aparece únicamente como solista frente a la orquesta, y no en este tipo de propuestas. “La obra es extraordinaria, está compuesta por diez cuadros y los ‘promenades’, que funcionan como los paseos entre uno y otro cuadro”.

Apunta que en aquel momento, Rusia todavía no era reconocida como una gran potencia de la música clásica. Y Mussorgsky fue quizá el menos valorado en su tiempo porque era el compositor más radical y original.

Comparte que la obra fue muy criticada por su escritura pianística, aunque admirada por compositores e intelectuales.

Explica que la música es completamente rusa: directa, intensa, emocional, incluso agresiva. Muy distinta al refinamiento francés, caracterizado por colores delicados y una orquestación más sutil.

Detalla que la obra se inspira en una exposición de dibujos y acuarelas del arquitecto Víktor Hartmann, quien murió en 1873. Un año después se efectuó una exposición con más de cuatrocientas obras del arquitecto. Y a partir de ahí es que Mussorgsky, quien era amigo del artista, realiza esta música programática, es decir, que intenta representar imágenes o narrar historias.

Considera que en la obra también hay una dimensión profundamente personal, pues en su opinión el compositor ruso refleja en toda su pieza una lucha interior, una reflexión sobre la muerte, así como sobre la aceptación de la pérdida.

En cuanto a los “promenades”, aparecen varias veces y van transformándose poco a poco. A partir de la tercera aparición, la música se vuelve más introspectiva y reflexiva.

El cierre de la pieza es con “La gran puerta de Kiev”, una pieza monumental y nacionalista basada en un proyecto arquitectónico de Hartmann que nunca llegó a construirse. “Para Mussorgsky, simboliza una especie de idealismo frente a la muerte y a la vida misma”.

Expresa que aunque la obra se basa en una exposición, en realidad refleja la experiencia emocional del compositor frente a la muerte de su amigo y, quizá, frente a su propia existencia.

Los boletos para los conciertos de la OSY están disponibles en el lobby del Palacio de la Música, y en www.sinfonicadeyucatan.com.mx.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

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