• Miembros del Club, en el orden habitual: Leonor Lira Vado, Gloria Irigoyen Novelo (vicepresidenta), María Jesús Ceballos Puerto (fundadora), Laura Rosado Rosado (presidenta), Gilda Boylan Palomo, Silvia Pino Baeza, Marizela Marenco Torres, Gilda Erosa Burgos, Graciella Guinto Boldo y Gabriela Bolio Cosgaya
  • María Teresa Mézquita Méndez, cronista de Mérida, y Laura Rosado Rosado y María Jesús Ceballos Puerto, presidenta y fundadora, respectivamente, del Club del Libro Papiro del Campestre, que cumple 50 años

“Cumplir años es muy importante, pero un aniversario número 50 no es cualquier cosa y es además el primer club de libro que se instaló en Mérida”, rememoró Laura Rosado Rosado sobre el Club del Libro Papiro, con sede en el Club Campestre.

Con ánimo y en compañía de quienes hacen posible que los clubes de lectura se mantengan vivos, ayer se celebró el medio siglo de ese espacio, actividad que reunió a sus integrantes en la cafetería del Club, entre bocadillos y en un ambiente que reflejó el espíritu del grupo a lo largo de los años.

En la primera parte del evento, la presidenta de Papiro, Laura Rosado Rosado, se refirió al sentido de pertenecer a un espacio de lectura compartida y lo que significa más allá de los libros. “Te aporta aficiones diferentes y te conduce al respeto de las opiniones desiguales. Por eso se dice que no has concluido con un libro hasta que lo pasas a otro lector. Y por supuesto escuchas impresiones. El espíritu de los clubes de libros es precisamente circular libros y escuchar las opiniones de los demás”.

Hizo un breve recorrido por la historia de esos espacios y aseguró que hay registros desde el siglo XVII, época en que surgieron como reuniones con fines religiosos. Con el paso del tiempo evolucionaron hasta convertirse en herramientas de educación y socialización, especialmente para mujeres. “Hoy tenemos clubes de libro que ya no son solo de mujeres, hay clubes de libro mixtos, hay clubes de libro de jóvenes”. Rosado Rosado reconoció también que hay cambios en los hábitos de lectura.

“Muchos jóvenes se están acostumbrando a leer en tabletas y otros, como yo, todavía disfrutamos tener en las manos un libro, acariciarlo; pero el objetivo es el mismo”, puntualizó.

La fundadora de Papiro, María Jesús Ceballos Puerto, tomó la palabra para recordar los inicios de este proyecto, en 1976, con la intención de acercar los libros a más personas.

“Empezamos con 30 personas entusiasmadísimas, con 30 libros y cobrábamos 30 pesos”, dijo, al compartir cómo en aquel momento las reuniones se hacían en casas y los libros se trasladaban de un lugar a otro.

Añadió que una de las motivaciones principales era que más personas accedieran a la lectura sin que el dinero fuera un impedimento para ello.

Con el paso del tiempo, el crecimiento de Papiro llevó a la creación de nuevos grupos, ante la lista de espera de quienes querían integrarse.

“Cuando tenía 15 o 16 en la lista de espera decía: ¿por qué no formar un segundo club?, y se formó un segundo, que llegó a formar un tercero”.

Al término de su participación, Ceballos Puerto recibió un reconocimiento de manos del tesorero del club, Vicente Trujillo Cortés, momento que fue acompañado de aplausos y muestras de cariño de los asistentes.

Mirada histórica

Posteriormente se llevó al cabo la conferencia “Señoras del Diecinueve. Una mirada a los personajes femeninos en la literatura yucateca del siglo XIX”, a cargo de María Teresa Mézquita Méndez, cronista de Mérida y directora de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán.

Su charla partió de un proyecto de investigación que desarrolló durante sus estudios de posgrado en España, donde comenzó a explorar la relación entre literatura e historia, particularmente en el siglo XIX.

Planteó que la literatura funciona como una forma de entender el contexto en el que se produce. “El arte de la literatura como un espejo de la vida y como un testigo de su tiempo”, indicó al señalar que tanto los textos como otras expresiones artísticas permiten interpretar las ideas, tensiones y formas de pensar de una época.

A partir de ahí, abordó el papel de las mujeres en la literatura decimonónica, afirmando que muchas de sus historias no aparecen de forma directa en los registros oficiales, sino en lo que se conoce como “literatura gris”. “Hay que leer entre líneas qué es lo que realmente se está queriendo decir de ellas”, declaró sobre cartas, apuntes y textos en los que es posible reconstruir parte de esas voces.

Asimismo, expuso los cambios sociales de ese período, en que la participación femenina estaba marcada por el espacio privado, pero encontraba en la lectura y escritura una vía de expresión y formación.— Karla Acosta

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