En la Sala de Conciertos del Palacio de la Música, tras finalizar el ensayo, una voz comienza a elevarse entre los pasillos. La soprano italiana Gloria Giurgola vocaliza con mucha naturalidad dando muestra de cómo ha hecho de su voz una extensión de la vida misma.
Siendo esta la primera vez que pisa México, la artista debutará teniendo a Yucatán como escenario. La cantante, considerada una de las voces jóvenes más prometedoras del circuito operístico europeo, llegará al frente de la Gala de Ópera Italiana “Prima Donna”, programa con el que la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) presentará su décimo concierto de temporada mañana viernes y el próximo domingo en el Palacio de la Música, bajo la dirección de su titular, el maestro Alfonso Scarano.
Más que un desfile de grandes arias italianas, el programa está “totalmente dedicado a la mujer”, explica el director Scarano a Diario de Yucatán.
“Las siete arias que canta Gloria representan siete mujeres diferentes, distintas emociones, distintas personalidades. No lo hicimos en marzo, como suele esperarse, sino ahora, en mayo, para conmemorarlas desde la música”.
Y no es una elección menor. La ópera italiana ha encontrado históricamente en sus heroínas algunos de los retratos emocionales más complejos de la escena universal, mujeres enamoradas, vulnerables, determinadas, luminosas o rotas, que atraviesan la pasión, la pérdida y el deseo en historias en que el canto parece alcanzar aquello que las palabras ya no consiguen explicar.
Para Giurgola, la invitación a Yucatán tiene además un componente afectivo. Esta será la tercera vez que trabaje junto al maestro, con quien ya compartió producciones de “La Traviata” y “Aida” en Italia. “Me siento muy cómoda trabajando con él”, cuenta la soprano. “Este concierto es complicado, exigente, pero maravilloso. Estoy muy feliz de cantar en un lugar tan hermoso como el Palacio de la Música”.
Scarano describe a Giurogla como una artista “joven, talentosa, luminosa y profesional”. “Cuando preparé la temporada tenía muy poco tiempo para organizarla, pero conocía perfectamente a Gloria y sabía que podía traer una gran alegría y una gran calidad artística”, declara.
“¡Bravi!”
La impresión ha sido mutua. Durante los ensayos, Giurgola quedó sorprendida por el nivel de la OSY. Hubo incluso un momento espontáneo en el que interrumpió para aplaudir a los músicos tras escuchar un pasaje de “Guillermo Tell” de Rossini. “¡Bravi!”, exclamó.
“La orquesta es maravillosa. Los músicos están muy preparados”, dice. “En cierto momento del ensayo tuve que felicitarlos. Me impresionó mucho su calidad”.
Scarano, por su parte, sostiene que uno de sus mayores objetivos al frente de la agrupación ha sido construir un sonido capaz de dialogar con los grandes escenarios internacionales. “La OSY no está tocando este repertorio como una orquesta mexicana, sino con un sonido italiano”, afirma. “Eso requiere muchísimo trabajo, ensayos intensos y un compromiso enorme de los músicos. Lo importante no es solo qué tocamos, sino cómo lo tocamos”.
La gala recorrerá algunos de los momentos más emblemáticos del repertorio operístico italiano. De Giuseppe Verdi llegará “La Traviata”, quizá uno de los mayores desafíos para cualquier soprano. Giurgola interpretará “È strano… Sempre libera”, una escena de enorme complejidad vocal en la cual el personaje de Violetta transita entre la duda amorosa y el impulso feroz de la libertad.
La coloratura, veloz y precisa, exige no solo técnica sino también una capacidad dramática casi quirúrgica. “Quizá ‘La Traviata’ sea el mayor reto”, admite la cantante. “Es un desafío para todas las sopranos”.
Habrá también espacio para Giacomo Puccini, compositor al que Giurgola se refiere sin titubeos como “el amor de mi vida”. “Si hubiera vivido en esa época me habría enamorado completamente de él”, confiesa alegre.
Y esta declaración no es casual. En el concierto dará voz a la seductora Musetta de “La Bohème” con “Quando me’n vo”, un vals brillante, coqueto y elegante, así como a la entrañable “O mio babbino caro” de “Gianni Schicchi”, una de las melodías más conmovedoras del repertorio lírico, suspendida en una aparente sencillez que esconde enorme sofisticación emocional.
El programa incluirá además la delicadeza del bel canto de Vincenzo Bellini con “La Sonnambula”, obra que demanda pureza vocal extrema, así como los contrastes dramáticos de Gaetano Donizetti, desde la vivacidad de Norina en “Don Pasquale” hasta la oscuridad emocional de “Lucia di Lammermoor”.
Presión musical
Mientras Giurgola descanse entre interpretaciones, la Orquesta también tendrá momentos de brillo propio. Scarano adelanta protagonismo para instrumentos como el corno inglés, la flauta, el arpa y un particularmente exigente solo de trombón.
“El primer trombón tiene una sola nota extremadamente difícil”, afirma risueño. “No creo que esté durmiendo bien estos días el músico. Pero esa presión es normal en la música; tenemos una gran responsabilidad”.
Fuera del escenario, Giurgola habla con emoción de su llegada a México, de su entusiasmo por probar comida típica y de un descubrimiento inesperado: las quesadillas. “Siempre quise venir a México; es un país maravilloso y me ha encantado la comida que he probado”.
También habla de la relación emocional que encuentra entre italianos y latinoamericanos. “Somos como una gran familia”, considera. “Los latinos son personas muy cálidas, muy receptivas. Es muy bello cantar para ustedes”.
Su sueño desde niña
La música, asegura en la charla, ha sido inseparable de su existencia. Recuerda que a los seis años escuchó cantar a la célebre soprano italiana Katia Ricciarelli en su pueblo natal y le dijo a su madre algo ingenuo pero definitivo: quería cantar “como aquella mujer que gritaba”.
A los 13 años inició su formación formal y a los 19 debutó profesionalmente. Nunca hubo un plan alternativo. “Siento que mi voz es un regalo que Dios me dio”, confiesa. “Ser cantante es parte de mí”.
Sin embargo, los nervios siguen apareciendo antes de cada función. Su ritual permanece intacto, pues necesita soledad, concentración y una llamada telefónica a su madre y a su novio antes de salir al escenario.
Scarano, en cambio, tiene un método mucho más sencillo. “Dormir”, responde con una sonrisa cuando se le pregunta por sus rituales antes de dirigir.
Y para quien no han asistido a un concierto de ópera italiana, ambos coinciden en que basta con llegar con la mente abierta. “La gente no debería cerrarse a esta música maravillosa”, dice Giurgola. “Solo abrirse a nuevas experiencias”.
“Cuando termina un concierto”, reflexiona el director, “uno vuelve a casa siendo una persona un poquito distinta. Solo la música puede hacer eso”.
Es así como ambos extienden la invitación para que este viernes y domingo disfruten del décimo programa de la temporada.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
