La pieza de danza contemporánea “Maternal”, dirigida por Daniela Urías, propone una reflexión sobre el significado que la sociedad atribuye a esa palabra y la manera en que suele asociarse a las mujeres por su condición de género.
A través del movimiento corporal y el lenguaje escénico, la creadora plantea la necesidad de comprender este concepto desde una perspectiva más flexible, equitativa y humana.
La obra se presentó el miércoles pasado y anteayer en el auditorio del Centro Cultural de Mérida Olimpo, como parte del cierre de una gira nacional que incluyó funciones en Baja California, Aguascalientes, Chihuahua y Nuevo León.
El montaje forma parte de una producción respaldada por el Estímulo Fiscal del Artículo 190 de la Ley del Impuesto sobre la Renta (Efiartes).
Por medio de los códigos y símbolos propios de la danza contemporánea, la directora desarrolla una reflexión sobre las labores de cuidado, responsabilidades que históricamente recaen en los cuerpos femeninos.
La propuesta escénica entabla una conversación en torno a este fenómeno y propone una mirada crítica a las cargas asignadas socialmente a las mujeres.
Las intérpretes Ana Paula Ornelas Favela, Estefanía Iglesias Barceló y Tiffany Celina Solís Betancourt conducen al público a explorar el tema del cuidado y la manera en que esta tarea continúa vinculándose al género femenino. Cada una aporta, además, elementos de su propia sensibilidad al montaje.
La puesta en escena incorpora metáforas visuales inspiradas en la figura y el tejido de la araña, en referencia a la obra de la artista francesa Louise Bourgeois, quien utilizó el textil y las representaciones arácnidas como analogía de la figura materna y de su propia madre.
En el escenario, estas referencias se traducen en movimientos que evocan a criaturas protectoras que cuidan, reparan y construyen espacios seguros para sostener la vida. La corporalidad de las arañas se refleja en las secuencias coreográficas de las bailarinas, quienes trazan sobre el escenario una red de hilos invisibles.
Los movimientos, acompañados por una iluminación predominantemente roja y oscura, generan una atmósfera hipnótica mientras la poética escénica explora las redes de apoyo, protección y resistencia desde una perspectiva feminista.
La acción de tejer atraviesa toda la propuesta coreográfica y se manifiesta tanto en el lenguaje corporal como en el vestuario y la escenografía. El tejido aparece como una metáfora de los vínculos humanos que sostienen a las comunidades.
Entre los elementos escenográficos destacó un gran telón que evocaba una telaraña o madriguera, símbolo de la casa y del hogar. También se emplearon telas y trenzas que remitían a la paciencia, al tiempo y a la capacidad de reparar y reconstruir.
El entramado de hilos y textiles reforzó la idea de que existe fuerza en la unidad y en el trabajo compartido.
Como parte de la puesta en escena también se utilizó una estructura en forma de casa que, mediante el lenguaje corporal, simbolizó el peso que muchas mujeres cargan sobre sus hombros al ser consideradas socialmente las responsables del cuidado y sostenimiento del hogar.
La obra invitó al público a reflexionar sobre las labores de cuidado desde una mirada más amplia. El montaje planteó que estas acciones no se limitan a la relación entre madres e hijos, sino que también están presentes entre amistades, en el acompañamiento de los padres durante la vejez, en el cuidado de personas enfermas y en la labor de maestras y educadoras.
La propuesta escénica sugirió que las responsabilidades de cuidado deberían ser compartidas sin importar el género.
Con la función ofrecida anteanoche en Mérida concluyó la gira nacional de esta obra, que sumó un total de siete presentaciones en distintas entidades del país.— IRIS CEBALLOS ALVARADO


