NUEVA YORK (AP).— Cuando la Pennsylvania Station original fue demolida en 1963, marcó el final indigno de una de las grandes obras públicas de Estados Unidos: una terminal ferroviaria monolítica de estilo Beaux Arts, con columnas de inspiración romana y una amplia sala de espera que en ese momento era el mayor espacio interior de la ciudad de Nueva York.
En su lugar se levantó el Madison Square Garden —sede del equipo de básquetbol Knicks y del equipo de hockey Rangers—, bajo el cual los viajeros fueron obligados a pasar por pasillos lúgubres, claustrofóbicos y techos bajos cuando el rediseño se completó en 1968.
“Antes uno salía de Pennsylvania Station y entraba a la ciudad como un dios”, lamentó célebremente el historiador de arquitectura Vincent Scully. “Ahora sale como una rata”.
Pero una nueva y dramática visión para el centro de transporte más concurrido del hemisferio occidental plantea un regreso a la grandeza de la estación original de 1910.
Las imágenes publicadas muestran una fachada rectangular de piedra, flanqueada por imponentes columnas a lo largo de una gran entrada. En el interior, un vestíbulo inundado de luz solar presume techos elevados que en algunos puntos superan los 15 metros de altura. Hay acabados en bronce y otros detalles ornamentales, como un bajorrelieve del famoso perfil urbano de la ciudad y un gran reloj.
Quiere su nombre ahí
Dentro de una de las entradas, una pared interior lleva el sello y el nombre del presidente Donald Trump, quien hizo que Amtrak asumiera el control del proyecto el año pasado tras décadas de disputas políticas entre agencias de transporte y oposición a trasladar el Madison Square Garden del multimillonario James Dolan.
Trump planteó ponerle su propio nombre a la estación mientras busca pulir su legado mediante proyectos de obras públicas, desde el salón de baile de la Casa Blanca hasta un arco triunfal.
Por ahora, sin embargo, el nombre grabado a lo largo de la gran fachada seguiría diciendo Pennsylvania Station, según las imágenes. Fueron difundidas por Amtrak, que es propietaria de la terminal, y por Penn Transformation Partners, el consorcio de diseño y desarrollo elegido para el proyecto.
El diseño propuesto se inspira en el estilo Beaux-Arts de Grand Central Terminal —el otro gran centro ferroviario de la ciudad—, así como en hitos Art Deco como el Empire State Building y el Rockefeller Center, según el arquitecto principal de la obra, Vishaan Chakrabarti.
La visión, explicó, es devolverle a Penn Station su lugar entre el panteón de los mayores hitos de la ciudad.
“Había una aceptación sin miedo del ornamento y la decoración que, en cierto modo, hemos perdido”, manifestó Chakrabarti. “Queremos recuperar parte de ese sentido de artesanía”.
El rediseño está proyectado para costar aproximadamente 8,000 millones de dólares, y las autoridades informaron que la construcción está prevista para comenzar antes de que termine 2027. Penn Station seguiría operando durante todo el proceso, mientras el proyecto avanza por fases.
Más de 600,000 viajeros atraviesan el centro ferroviario en días laborales, una cifra superior a la de los tres principales aeropuertos internacionales que sirven al área metropolitana de Nueva York —John F. Kennedy, LaGuardia y Newark Liberty— combinados.
Espacios deportivos
Los planes expuestos a lo largo de las décadas han pedido reubicar el Madison Square Garden, pero la intención es que la “Arena más famosa del mundo” permanezca donde está. Sin embargo, un teatro propiedad de MSG y construido directamente sobre las vías tendría que ser demolido.
Los desarrolladores y el propietario de MSG han llegado a un acuerdo sobre este punto, pero los términos finales —incluido el pago— aún se están negociando. Así lo indicó Andy Byford, exjefe del metro de la ciudad de Nueva York, a quien Amtrak nombró asesor especial para supervisar la remodelación.
Defensores del transporte público se quejan de que el proceso ha estado envuelto en secreto.
“Es realmente importante que haya participación e involucramiento del público”, opinó Lisa Daglian, quien encabeza un grupo que asesora a la Autoridad Metropolitana de Transporte.
“No necesitamos otro megacentro comercial ni un monumento, y desde luego no a costa de miles de millones de dólares en ingresos locales ni poniendo en riesgo los servicios existentes”, añadió Danny Pearlstein, del grupo defensor del transporte Riders Alliance.
Byford señaló que en los próximos meses se revelarán más detalles, incluido un desglose más preciso de los costos, a medida que los desarrolladores afinan los diseños y el proyecto atraviesa el proceso federal de revisión ambiental.
Pero prometió que no habrá aumentos de tarifas para cubrir los costos y que no hay planes para que el gobierno tome propiedades aledañas para ampliar la estación, como algunos han sugerido.
En Penn Station, John Schoen estuvo entre los usuarios habituales que recibieron con agrado la perspectiva de un trayecto más acogedor.
“La ciudad necesita una nueva imagen. Esto es viejo”, expresó el residente de Long Island, de 55 años. “Hagámoslo, sigamos adelante”.
Otros, en cambio, se preguntaban cómo la construcción podría empeorar sus desplazamientos. James Culhane, otro usuario de Long Island, observó que partes de la estación han sido remodeladas con nuevos lugares para comer, más luz natural y otras mejoras.
“Las cosas están funcionando tan bien como pueden”, sostuvo el tramoyista de ópera, de 24 años. “Mejor usen el dinero en otra cosa”.


