Hola, estimados lectores. Con el inicio de la Copa del Mundo y tras el debut de la Selección Mexicana frente a Sudáfrica resulta oportuno dirigir la mirada hacia uno de los países más fascinantes del panorama vitivinícola internacional.

Aunque para muchos Sudáfrica es conocida por su diversidad cultural, sus paisajes espectaculares y su riqueza natural, también es una nación con una tradición vinícola de gran relevancia, aunque no siempre ocupa el lugar que merece en la conversación de los amantes del vino.

La viticultura sudafricana se distingue por la variedad de sus climas, su compleja geografía y la riqueza de sus terroirs. Entre las numerosas uvas que se cultivan en el país destaca una que se ha convertido en un auténtico símbolo nacional: la pinotage.

Esta variedad nació en 1925 gracias al trabajo de Abraham Perold, profesor de viticultura de la Universidad de Stellenbosch. Su objetivo era combinar la elegancia de la pinot noir con la resistencia y productividad de la cinsault, conocida entonces en Sudáfrica como hermitage. Del nombre de ambas variedades surgió el término pinotage.

El experimento fue exitoso. La nueva uva mostró una rápida maduración, altos niveles de azúcar, buena resistencia a enfermedades y una intensidad de color superior a la de sus progenitoras. El resultado fue una variedad relativamente fácil de cultivar y capaz de producir vinos tintos de carácter afrutado, elegantes y con una notable estructura.

Sin embargo, el camino de la pinotage no estuvo exento de dificultades. Tras el fin del Apartheid y la apertura de Sudáfrica a los mercados internacionales en la década de 1990, numerosos productores apostaron por variedades de reconocimiento mundial como cabernet sauvignon y syrah. Durante años, la pinotage quedó relegada a un segundo plano.

Afortunadamente, las nuevas generaciones de viticultores sudafricanos han recuperado el valor de esta uva y la han convertido nuevamente en uno de los emblemas de su industria vinícola. Hoy en día es la segunda variedad más plantada del país y su presencia se ha extendido a regiones productoras de Nueva Zelanda, Canadá, Brasil, Australia, Chile y Estados Unidos.

No obstante, es en las cercanías de Ciudad del Cabo donde la pinotage alcanza su máxima expresión. Allí se elaboran algunos de los vinos más prestigiosos y con mayor proyección internacional de esta variedad.

Los vinos elaborados exclusivamente con pinotage suelen ofrecer aromas intensos, notas frutales bien definidas y una textura aterciopelada. Aunque en el pasado algunos ejemplares fueron criticados por ciertos aromas poco deseables, la evolución de las técnicas de cultivo y vinificación ha permitido obtener resultados de gran calidad.

Asimismo, la pinotage desempeña un papel fundamental en los ensamblajes sudafricanos. Combinada con variedades como syrah, merlot o cabernet sauvignon, aporta personalidad y carácter a vinos que hoy representan una de las principales cartas de presentación del país en los mercados internacionales.

¿Y con qué podríamos acompañar estos vinos? La respuesta está muy cerca de nosotros. La gastronomía yucateca ofrece múltiples opciones gracias a la intensidad de sus sabores y a la riqueza de sus preparaciones.

Platillos como la cochinita pibil, el frijol con puerco o el puerco entomatado encuentran una excelente armonía con los tintos sudafricanos, cuyos taninos y estructura equilibran la riqueza de estos alimentos.

Mi recomendación para esta semana es sencilla: compartir una buena comida entre amigos y abrir una botella de vino sudafricano. Explorar nuevas regiones y nuevas variedades nos permite ampliar nuestro horizonte como consumidores y descubrir que el mundo del vino es mucho más amplio que las etiquetas o las uvas que ya conocemos.

Atreverse a probar siempre será la mejor manera de aprender. Hasta la próxima semana.

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