La expansión urbana de Mérida ha rebasado su frontera periférica y ha llegado a las comisarías, de manera significativa hacia aquellas que se encuentran en la zona norte y nororiente, como es el caso de Cholul.

Esta comisaría tiene un pasado rural reciente y se sitúa a escasos 5 kilómetros de una de las zonas de mayor plusvalía de la ciudad.

En el centro de esta Cholul todavía permanecen los pobladores locales, sin embargo al alejarse un poco de esta zona se presentan viviendas con estilos arquitectónicos atípicos del lugar, privadas residenciales y lotes en venta. Este cambio tiene su origen en la implementación de la Ley Agraria de 1992 que facilitó la conversión de las tierras ejidales en propiedad privada, situación que favoreció a la industria inmobiliaria para realizar desarrollos de gama alta.

La presencia de estos nuevos asentamientos ha tenido impacto en el ritmo de la vida cotidiana en Cholul.

Cifras del Inegi revelan un cambio drástico: de 2010 a 2020, la llegada de población nacida en otra entidad federativa aumentó más de 500%, contrastando con la población nacida en Yucatán que incrementó en 53%.

Este crecimiento poblacional en la localidad puede reflejarse en el incremento del tránsito vehicular de sus calles, en calles que antes se percibían tranquilas, ahora es un entorno de incertidumbre debido a la manera de conducción de quienes las transitan. Actualmente, las calles exhiben una jerarquía en la movilidad. Según los testimonios de residentes locales entrevistados, las tensiones existen cuando vehículos pesados y de gama alta —que simbolizan un estatus social y capital económico mayor— comparten el espacio con otros medios de transporte más tradicionales de la localidad.

Esta dinámica evidencia una fragmentación del espacio público que valida formas desiguales de apropiación: el entorno ya no pertenece a todos por igual, sino que se jerarquiza según el estatus de quien lo transita. Este desorden empeora, los testimonios recolectados reportan que los conductores, sin distinción de vehículo, ignoran los señalamientos viales como los altos, el sentido de circulación y los límites de velocidad.

Las tensiones y problemáticas viales no son solo causados por el conductor, esto representa un síntoma del desajuste estructural. Las calles de Cholul evidencian una convergencia entre el pasado —caracterizado por su calma rural— y un presente —de expansión urbana desordenado— donde los esfuerzos del gobierno no han sido suficientes para integrar las viejas y nuevas prácticas de movilidad.

Programa de Becas Posdoctorales en la UNAM, becaria del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis).

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