El maestro Óscar Osorio Ramírez y el niño Álvaro dirigen al público en la interpretación de la Marcha Radetzky con la Banda Sinfónica
El maestro Óscar Osorio Ramírez y el niño Álvaro dirigen al público en la interpretación de la Marcha Radetzky con la Banda Sinfónica

Las primeras notas de la Marcha Radetzky apenas habían terminado cuando una exclamación rompió la solemnidad del escenario. “¡Usted no es el maestro Todor!”, dijo una exploradora, vestida para la ocasión.

El director invitado Óscar Osorio Ramírez respondió con humor. “No, yo no soy el maestro Todor”.

“¿Y qué hizo con el maestro Todor?”, preguntó la exploradora. “Me lo comí”, bromeó el conductor huésped, para luego explicar que el maestro Todor Ivanov, director titular de la Banda Sinfónica de Yucatán “Luis Luna Guarneros”, descansaba en esa ocasión de esa responsabilidad, pero estaba en la sección de trombones.

La risa fue inmediata. Así comenzó el más reciente concierto del ciclo Exploradores de la Música de la Banda Sinfónica de Yucatán, que ayer sábado convirtió el Palacio de la Música en territorio de aventuras sonoras para niños, padres y abuelos.

Conducido por la actriz Sofía Sanz, quien da vida a una exploradora de la música, el concierto tuvo como tema central las marchas, un género musical que sirvió para descubrir que el pulso es uno de los elementos más importantes de cualquier composición.

“Es su corazón que está marcando el pulso, el ritmo de su vida”, explicó el maestro Osorio a los asistentes, entre ellos muchos niños que escuchaban atentos y colocaban sus pequeñas manos sobre el pecho para sentir el latido propio.

En ese momento comenzó una travesía por distintas épocas, países e historias.

La primera parada fue el antiguo Egipto con la “Marcha triunfal” de la ópera “Aída”. Antes de que comenzara la pieza, el director relató la historia de la princesa etíope Aída y del general Radamés, enamorados en medio de un conflicto entre imperios. Pero en lugar de la tragedia de los protagonistas, el público escuchó la entrada victoriosa del ejército egipcio después de una batalla.

Las trompetas brillaron con fuerza y, cuando la pieza concluyó, Sofía confesó haber imaginado colores dorados y blancos mientras sonaba la música. El maestro aprovechó entonces para señalar que eran precisamente las trompetas las encargadas de marcar el pulso en aquella marcha.

La exploración continuó con “El Cascanueces” de Tchaikovsky. La historia de Clara, los soldaditos de plomo y el Rey Ratón cobró vida a través de una marcha juguetona y ligera que pareció despertar la imaginación de los más pequeños.

Luego llegó la “Marcha nupcial” de “Sueño de una noche de verano”, de Mendelssohn, una de las melodías más reconocibles del repertorio clásico. Mientras las notas avanzaban por la sala, el público conoció la historia de parejas perdidas en un bosque, hadas traviesas y encantamientos amorosos inspirados en la obra de William Shakespeare.

Uno de los momentos más intensos del concierto llegó con “En la gruta del rey de la montaña”, de Edvard Grieg. Poco a poco, la música fue creciendo en velocidad y fuerza, acompañando la aventura de Peer Gynt mientras conoce a la princesa troll y es llevado ante el rey de la montaña. Los niños observaban atentos cómo la tensión aumentaba con cada compás hasta desembocar en un final explosivo.

La siguiente parada provocó una reacción instantánea. Apenas sonaron las primeras notas de la célebre “Marcha turca” varias voces, incluidos de algunos adultos, rompieron el silencio. “¡Es la música del Chavo del Ocho!”, se escuchó.

La observación desató risas y asentimientos entre el público. Muchos reconocieron de inmediato la melodía popularizada en América Latina como “El elefante nunca olvida”, aunque originalmente fue compuesta por Beethoven para la obra “Las ruinas de Atenas”.

Entre pieza y pieza, el maestro Osorio fue revelando algunos de los secretos de la música. Trompetas, trombones, cornos, saxofones, fagotes, flautas, percusiones, clarinetes y tubas fueron apareciendo como protagonistas, mientras explicaba a los asistentes cuál de esos instrumentos estaba marcando el pulso de cada marcha.

Uno de los instantes más entrañables ocurrió cuando llegó el turno de interpretar nuevamente la Marcha Radetzky. Para ello, el director invitó al escenario a Álvaro, un niño sentado en las primeras filas del lado derecho de la sala.

Convertido por unos minutos en director invitado, el pequeño condujo la participación del público mientras la banda interpretaba la célebre obra de Johann Strauss. Los aplausos acompañaron el ritmo de la música y transformaron la sala en una gran celebración colectiva.

La aventura musical concluyó con la “Marcha húngara” de “La condenación de Fausto”, de Hector Berlioz. Antes de ejecutarla, el maestro relató la historia del hombre que vende su alma al diablo a cambio del conocimiento absoluto, solo para descubrir que saberlo todo no garantiza la felicidad.

Las últimas notas se apagaron lentamente y, entonces llegó la recompensa para los músicos. Niños y adultos ofrecieron un prolongado aplauso a la Banda Sinfónica de Yucatán “Luis Luna Guarneros”, al maestro Óscar Osorio Ramírez y a Sofía, la exploradora que durante una hora demostró que la música también puede ser una expedición llena de historias.— IVÁN CANUL EK

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán