De los escenarios de Mérida a la semifinal de “México canta”, Isabel Piñeiro Acuña ha convertido sus raíces yucatecas, la lengua maya y la mezcla de géneros en el sello de un proyecto musical con el que busca que las nuevas generaciones también encuentren su voz en la cultura de la Península.
Antes de que su nombre comenzara a escucharse fuera de Yucatán, Isabel Piñeiro Acuña ya había recorrido buena parte de Mérida con un micrófono en la mano. Cantó en bares, iglesias y centros comerciales; participó en festivales escolares y a los 15 años tuvo sus primeras experiencias escénicas en un coro de ópera frente en lo que ahora es el Cecuny, en La Mejorada.
Hoy, aquella niña que siempre quería estar al frente en los festivales escolares es uno de los 14 semifinalistas de la segunda edición del concurso binacional “México canta”, plataforma que le ha abierto nueva ventana para mostrar su propuesta, que tiene a Yucatán como una de sus raíces más profundas.
Conocida artísticamente como Belle “La Malixita”, Isabel vive desde hace dos años en Ciudad de México, hasta donde llevó un proyecto que comenzó a tomar forma con mayor claridad alrededor de 2019, cuando realizó, junto con Henry Tun, una versión en lengua maya de “Canción sin miedo”, de Vivir Quintana.
La experiencia le reveló el alcance que podía tener la música cuando incorpora la lengua originaria y, sobre todo, cuando habla desde una realidad propia. A partir de entonces explora una propuesta que combina pop, R&B, hip-hop y otros géneros contemporáneos con elementos de la cultura maya.
Para Belle, no se trata solo de hacer música con una causa social. Busca que la lengua y la cultura mayas habiten los sonidos que escuchan las nuevas generaciones y dejen de ser vistas únicamente como parte de un pasado que se estudia en los libros, los museos o las clases de historia.
“Yo crecí muy insegura en ese sentido. Nunca creí que pudiera dedicarme al arte por venir de donde yo venía”, cuenta. Esa falta de referentes en los que pudiera reconocerse en su infancia se transformó con el tiempo en una de sus mayores motivaciones: convertirse en la artista que hubiera necesitado ver cuando era niña.
Origen del nombre
El nombre artístico también nació de esa necesidad de reivindicar sus raíces. “Malixita” deriva de “malix”, que en Yucatán se utiliza para referirse a los perros mestizos que no son de una sola raza. Isabel decidió apropiarse de esa idea para resignificarla y hablar de quienes han crecido entre distintas influencias culturales sin dejar de pertenecer al territorio y a la cultura maya.
La canción “Malixita” fue primero una pieza musical y después se convirtió en su nombre artístico, al notar que era precisamente esa palabra la que más permanecía en la memoria de quienes escuchaban su música.
“Es como regresar a mis raíces y darle más fuerza a esa parte de mi herencia”, explica. Esa mezcla también define su música. Belle no pretende reproducir una imagen estática de la cultura maya, sino llevarla a otros territorios sonoros y encontrar nuevas formas de representación. “Como jóvenes nos toca seguir llevando la lengua y la cultura, seguirla rescatando en nuestros diferentes ámbitos”.
Su llegada a “México canta” ocurrió después de que la directora del Taller de Autores y Compositores de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), del que se graduó el año pasado, le compartiera la convocatoria y considerara que su proyecto encajaba con la búsqueda de nuevas narrativas musicales.
Aunque buena parte de los participantes de este año se desenvuelve en el regional mexicano, Belle llegó con una propuesta que tiene a la lengua maya como uno de los elementos centrales.
Sí tiene un lugar
El concurso, asegura, le ha permitido ampliar su panorama y comprobar que también existe espacio para las expresiones musicales nacidas en el Sureste. El proceso de selección la llevó incluso a una de las experiencias más inesperadas de esta etapa, su participación en la Mañanera del Pueblo, el viernes 7 pasado, en la que tuvo la oportunidad de hablar públicamente sobre la música en lenguas originarias.
Para ella, más que un momento personal fue una oportunidad para poner nuevamente a Yucatán frente a los reflectores. “Es una forma de no solo visibilizarme como artista, sino también a la música de Yucatán”.
Ahora se prepara para la semifinal del certamen, que se realizará el próximo domingo 30 en Mazatlán. El objetivo es avanzar a la gran final, prevista para el 13 de septiembre en el Auditorio Nacional. Para conseguirlo, el 30 de agosto el público podrá votar por su participante favorito durante 25 minutos en el Canal 22, que transmitirá el evento.
Mientras, Isabel también mira hacia adelante. El próximo viernes 28 lanzará “Fachada”, primera canción de un EP de tres temas que contará, desde una perspectiva personal, el recorrido de quien persigue un sueño.
La producción abordará la ilusión, las inseguridades y el llamado “síndrome del impostor”, hasta llegar a la conquista de los objetivos. Es, en buena medida, el reflejo del propio camino que Belle ha recorrido desde que dejó Mérida para buscar nuevas posibilidades en la metrópoli.
Mantiene el vínculo
Y aunque reconoce que salir de Yucatán le permitió ampliar su perspectiva sobre una carrera musical, no dejó atrás el vínculo con su tierra. Al contrario, lo hizo parte fundamental de su voz.
Para Belle “La Malixita” llegar a una semifinal nacional ya es una manera de demostrarlo. Y, en el camino, cada escenario se convierte en un espacio desde el que Yucatán sigue cantando.


