De estilo neoclásico afrancesado, el edificio del Ateneo Peninsular emerge imponente en una de las calles que rodean la Plaza Grande. Su historia abarca más de cuatro siglos y diversos usos, desde residencia del Obispo de Yucatán hasta museo en las últimas décadas.
El Ateneo Peninsular es, sin duda, un símbolo de la ciudad por su historia, arquitectura y ubicación en el primer cuadro de Mérida, junto a edificios emblemáticos como la Catedral, el Palacio de Gobierno, el Palacio Municipal y la Casa de Montejo, entre otros.
La historia del inmueble se remonta al período entre 1573 y 1579, cuando comenzó su construcción para convertirse en residencia del Obispo de Yucatán, durante la época en que la diócesis estuvo a cargo de fray Diego de Landa. Los trabajos concluyeron durante el obispado de fray Gonzalo de Salazar, entre 1608 y 1636, cuando fue destinado a Palacio Arzobispal.
Originalmente, la construcción era de un solo piso y tenía sobrios adornos exteriores. Con el paso de los años, el edificio experimentó numerosas transformaciones hasta adquirir su arquitectura definitiva, de estilo neoclásico afrancesado.
El inmueble albergó las capillas de San José y del Santo Rosario y posteriormente funcionó como Seminario Conciliar de Nuestra Señora del Rosario y de San Ildefonso.
En 1751, el obispo fray Francisco de Buenaventura Martínez de Tejada inició la construcción del Seminario Conciliar, obra que concluyó durante la administración de fray Ignacio de Padilla y Estrada. Entre 1751 y 1760, bajo su episcopado, se construyeron el segundo piso y los balcones del inmueble.
Nuevos usos
El Seminario fue clausurado al término del Segundo Imperio y posteriormente ocupado como oficinas. El gobierno federal utilizó una parte del antiguo Seminario para instalar las oficinas de Correos, Telégrafos, Administración del Timbre, Jefatura de Hacienda y Ministerio Público, entre otras.
El gobierno estatal ocupó la otra parte, donde funcionaron la Contaduría Mayor de Hacienda, tribunales y juzgados.
En 1824 sirvió de sede a la Universidad de Segunda y Tercera Enseñanza y en 1867 acogió al Colegio de San Ildefonso. El 5 de junio de 1915 el edificio pasó a poder del Estado.
El Ateneo contaba con un pasillo que daba acceso al lado sur de la Catedral y que, en sus inicios, utilizaba el obispo para ingresar al templo. En 1916, durante el gobierno del general Salvador Alvarado, se autorizó la separación del edificio de la Catedral. Fue entonces cuando se construyó el Pasaje de la Revolución, con una techumbre de hierro y cristal que no resistió el paso del tiempo y fue demolida en la década de 1940.
Transformación
Esta intervención marcó importantes cambios en el estilo arquitectónico del edificio, que adoptó una tendencia neoclásica. Se construyeron cornisas y molduras corridas a lo largo de la parte superior de la fachada y se utilizaron los órdenes jónico, corintio y mixto en columnas y capiteles. También se incorporaron escudos, guirnaldas, macetones-pebeteros y lámparas votivas, además de emblemas militares en las fachadas.
Los trabajos estuvieron a cargo del arquitecto Manuel Amábilis, quien se había graduado en París. La construcción comenzó en septiembre de 1915, pero en diciembre de ese mismo año Amábilis fue sustituido por Santiago Picconi, arquitecto de origen italiano a quien se atribuye la conclusión del Pasaje de la Revolución.
El Ateneo Peninsular y el Pasaje de la Revolución fueron inaugurados el 5 de mayo de 1918, en un acto encabezado por el entonces gobernador Carlos Castro Morales. Aún hoy puede leerse en la fachada el nombre de Ateneo Peninsular, bajo las esculturas de dos figuras femeninas que representan las artes y el progreso.
Diversas funciones
Durante el gobierno de Salvador Alvarado, el edificio fue destinado a clases de música, literatura y dibujo, aunque una parte de sus espacios continuó utilizándose para asuntos oficiales. Con el paso del tiempo, sus funciones cambiaron y el inmueble albergó diversas dependencias. El uso indiscriminado de sus espacios provocó un deterioro paulatino e incluso se dice que llegó a funcionar ahí una estación de autobuses.
El Pasaje de la Revolución fue desmontado a finales de la década de 1940 debido a su deplorable estado y al riesgo de que ocurriera un accidente. Por su parte, el edificio del Ateneo albergó a la 32a. Zona Militar hasta principios de los años ochenta.
Alma de museo
En 1991, ante las reiteradas peticiones de la comunidad artística yucateca para crear un museo dedicado a las bellas artes, se inició un proyecto para habilitar un espacio de ese tipo, con la colaboración de los sectores gubernamentales y privado.
Con la asesoría técnica y legal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se establecieron las pautas para la restauración del inmueble, tarea que concluyó en 1993, año en que comenzó la primera etapa de instalación formal del museo.
Durante los siguientes 30 años, el Ateneo Peninsular albergó al Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán (Macay), hasta que el edificio que ocupaba en comodato fue recuperado por el gobierno federal para establecer el Museo de Historia Ateneo Peninsular, donde se exponen objetos encontrados en trabajos de construcción del Tren Maya en la región.
El museo abrió oficialmente sus puertas el 26 de abril de 2025. Cuenta con una sala de sitio dedicada a la historia del inmueble y a las transformaciones que ha experimentado. En sus salas también se aborda la vinculación del espacio con la sociedad a lo largo de los siglos.
Una de las características del actual montaje es su enfoque inclusivo, que se propone garantizar una experiencia integradora para los visitantes. Para ello se desarrollaron estaciones especiales con reproducciones táctiles de las piezas exhibidas, ilustraciones en relieve de pictogramas de códices mayas y de alzados del edificio, descripciones en Braille, audiovisuales y normovisuales.
Con este enfoque, el museo ofrece hasta cuatro niveles de interpretación, lo que permite a los visitantes acercarse al conocimiento generado por el INAH y las instituciones académicas locales, así como conocer la historia y la arqueología de la península.
El Museo de Historia Ateneo Peninsular abre al público de martes a sábado, de 9 a 14 horas.— IRIS MARGARITA CEBALLOS ALVARADO




