Yucatán se enfrenta a un reto que cobrará mayor dimensión en los próximos años: el de atender a una población cada vez más longeva sin que envejecer signifique perder autonomía, derechos, ingresos o calidad de vida.
La entidad no cuenta todavía con las condiciones suficientes para responder a ese escenario, advierte la doctora e investigadora de la Uady Gina Villagómez Valdés, quien señala que las carencias abarcan desde los servicios de salud y los medicamentos hasta los espacios públicos, el transporte y, de manera particularmente urgente, la existencia de centros públicos de cuidado para las personas mayores.
El desafío no se limita a construir más hospitales o abrir residencias. También implica reconocer que las formas tradicionales de cuidado están cambiando y que cada vez es más difícil que las familias puedan asumir por sí solas todas las necesidades que surgen durante la vejez.
En Yucatán, de acuerdo con datos del Inegi citados por la investigadora, hay 289,035 personas de 60 años y más. A nivel nacional, los cálculos de población señalan que México tenía en 2025 poco más de 17 millones de personas mayores, el 12.8% de los habitantes, y la proporción seguirá aumentando en las siguientes décadas.
Para 2030, las personas mayores representarían alrededor del 15% de la población nacional y para 2070 podrían constituir el 34.2%.
Es decir, el envejecimiento no es un fenómeno lejano: el país se encamina hacia una estructura poblacional en la que será cada vez más importante contar con servicios y entornos adecuados para vivir más años.
Un sistema deficiente
Villagómez Valdés considera que uno de los principales pendientes es la ausencia de un sistema nacional de cuidados que permita atender de manera integral a las personas que requieren apoyo.
La pensión para personas mayores que otorga el gobierno federal representa un respaldo económico importante, pero, advierte, no sustituye la atención médica, los medicamentos, la rehabilitación, el acompañamiento ni los cuidados que pueden requerirse conforme va avanzando la edad.
En Yucatán, además, la situación económica de muchas personas mayores les hace difícil contratar ayuda especializada. La investigadora señala que una cuidadora o acompañante permanente puede representar un gasto superior a 20 mil pesos mensuales, sin considerar alimentación, servicios domésticos, medicamentos y otros gastos de salud.
Frente a ese panorama, muchas familias terminan organizándose como pueden. En algunos casos, las personas mayores se trasladan de una casa a otra entre hijos y familiares, una dinámica que puede generar desgaste tanto para quien necesita cuidados como para quienes los proporcionan. No se trata, plantea la investigadora, de señalar a las familias, sino de reconocer que el cuidado requiere apoyos públicos y comunitarios que hoy resultan insuficientes.
La falta de atención médica suficiente constituye otro de los grandes desafíos. Villagómez Valdés dice que los servicios de salud están saturados, les falta personal, los medicamentos son insuficientes y hay dificultades para brindar atención especializada y hospitalaria.
Esto adquiere especial relevancia porque el envejecimiento suele acompañarse de una mayor presencia de enfermedades crónico-degenerativas y necesidades de atención prolongada.
Los datos de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (Enasem) 2024 muestran parte de este panorama: entre las personas de 50 años y más, 41.5% vive con hipertensión y 25.5% con diabetes. Además, 9.3% presenta al menos una limitación para realizar actividades instrumentales de la vida diaria, como hacer compras, preparar alimentos o manejar dinero.
En las mujeres, la proporción llega a 12.4%, frente a 5.8% entre los hombres.
Para Villagómez, las cifras muestran que la preparación para la vejez debe comenzar antes de llegar a los 60 años, pues las condiciones de salud y económicas se acumulan a lo largo de la vida.
La población adulta mayor no constituye un grupo uniforme. Las condiciones en que se llega a la vejez dependen, entre otros factores, del género, el lugar de residencia, la trayectoria laboral, los ingresos, la salud y las redes de apoyo disponibles.
En Yucatán, cerca de la mitad de los hombres mayores de 60 años continúa trabajando, señala la investigadora, y alrededor de 74.3% de las personas mayores que laboran lo hace en el sector informal. Solo el 26.1% cuenta con una pensión; la proporción es de 18.5% entre las mujeres y 35% entre los hombres.
Así, para muchas personas mayores trabajar no necesariamente representa una elección, sino una manera de complementar los ingresos y cubrir necesidades básicas. Esta realidad se suma a otra transformación social: cada vez hay más personas mayores que viven solas. En Yucatán, casi una quinta parte de este grupo se encuentra en esa situación, de acuerdo con los datos proporcionados por la investigadora.
La soledad, advierte, no solo tiene implicaciones emocionales. También puede incrementar la vulnerabilidad ante accidentes en el hogar, dificultades para desplazarse y situaciones de abuso, fraude o robo.
Ciudad no adaptada
El envejecimiento no se resuelve únicamente dentro de hospitales o casas. También ocurre en las calles, el transporte público, los parques y las banquetas.
Villagómez Valdés señala que Yucatán experimenta importantes carencias de infraestructura para facilitar el desplazamiento seguro de las personas mayores. Banquetas deterioradas, cruces peatonales poco adecuados y dificultades de transporte pueden convertirse en obstáculos importantes para conservar la autonomía.
Las diferencias también son territoriales. En el interior del Estado, indica, las carencias suelen ser mayores que en Mérida y otros centros urbanos, particularmente en transporte, infraestructura, servicios médicos y centros de cuidado.
Por esa razón, una política de envejecimiento debe considerar tanto a la capital como a las comunidades rurales y evitar que el lugar donde una persona envejece determine las oportunidades que tendrá para vivir esa etapa con dignidad.
La investigadora considera urgente impulsar centros públicos y gratuitos de atención y cuidado para las personas mayores, fortalecer los servicios de salud y desarrollar mecanismos que permitan a las familias contar con apoyo para desempeñar las tareas de cuidado.
También plantea la necesidad de supervisar los espacios privados que ofrecen atención geriátrica y establecer condiciones que protejan a las personas mayores frente a posibles abusos.
Pero el desafío es todavía más amplio, pues implica modificar la manera en que la sociedad entiende el envejecimiento. No todas las personas mayores necesitan los mismos apoyos ni viven las mismas circunstancias. Envejecer como mujer, en una comunidad rural, después de una vida laboral informal y sin seguridad social plantea retos distintos a los de quien llega a esa etapa con ingresos estables, redes familiares y servicios especializados cercanos.
La preparación, por tanto, no corresponde únicamente a quienes hoy tienen 60 años o más. También concierne a las generaciones jóvenes, que vivirán una parte cada vez mayor de su vida en una sociedad de personas mayores. El reto entonces para la entidad, concluye Villagómez, consiste en construir desde ahora las condiciones para que vivir más años no implique vivir con menos derechos, menos autonomía o menos oportunidades de participar plenamente en la sociedad.— Darinka Ruiz
De un vistazo
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Gallia est omnis divisa in partes tres, quarum unam incolunt Belgae, aliam Aquitani, tertiam qui ipsorum lingua Celtae, nostra Galli appellantur.
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Gallia est omnis divisa in partes tres, quarum unam incolunt Belgae, aliam Aquitani, tertiam qui ipsorum lingua Celtae, nostra Galli appellantur.
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