Andrés Oliva y Rosana Salazar compartieron su experiencia familiar en la asamblea diocesana, anteayer
Andrés Oliva y Rosana Salazar compartieron su experiencia familiar en la asamblea diocesana, anteayer

La neurodivergencia representa retos cotidianos para las familias, pero también puede convertirse en una oportunidad para descubrir nuevas formas de comprender, acompañar y vivir la fe. Así lo señalaron Rosana Milagros Salazar y Andrés Iván Oliva Avilés durante la primera ponencia de la IV Asamblea Diocesana “Todos nos escuchamos”, anteanoche.

El matrimonio compartió su experiencia como padres de tres hijos, dos de ellos dentro del espectro autista, con el propósito de dar voz a otras familias que viven realidades similares. Aclararon que no acudieron como psicólogos ni terapeutas, sino como padres que han aprendido durante años a acompañar a sus hijos.

“Nosotros hemos recibido el don de nuestros hijos como quienes tienen la dicha de ser papás. Sin embargo, un don es un regalo aún más especial, porque nuestros hijos tienen características diferentes y esa diferencia es lo que nos enriquece a todos”, expresaron.

Durante la charla compartieron algunas respuestas de familias a las que preguntaron cuál es el reto más grande al que se enfrentan. Dijeron que entre ellas están las dificultades para interpretar necesidades, manejar la ansiedad, afrontar los cambios, los desafíos sociales y pensar en la independencia y el futuro de sus hijos.

También hablaron de la incertidumbre que puede acompañar a los padres y de la pregunta constante sobre si están tomando las mejores decisiones para sus hijos sin intentar cambiar quiénes son.

El matrimonio explicó que sus hijos Pablo e Ivana, de 16 y 15 años, respectivamente, están dentro del espectro autista, aunque viven esta realidad de manera diferente. Pablo tiene lenguaje y enfrenta retos principalmente en aspectos sociales y de comprensión, mientras que Ivana no desarrolló el lenguaje de la misma manera y utiliza una tableta con una aplicación para comunicarse.

A partir de su experiencia, explicaron que la neurodivergencia comprende distintas maneras en las que puede funcionar el cerebro y mencionaron entre ellas el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, la dislexia y las altas capacidades.

Subrayaron que la neurodivergencia “no es un castigo de Dios”, tampoco un problema de crianza ni una enfermedad que pueda curarse, sino “una forma legítima de la diferencia humana, reconocida por la ciencia y también por la fe”.

Entre los desafíos que afrontan las familias mencionaron las diferentes formas de comunicación, las rutinas rígidas, la sobrecarga sensorial y las dificultades para participar en actividades sociales. También señalaron que el acceso a terapias puede representar un costo importante y que algunas familias terminan dejando de acudir a reuniones, eventos sociales e incluso a misa por las dificultades que implican estas dinámicas.

Los ponentes también hablaron de los efectos que esta realidad pueden tener en los padres, como el desgaste físico y mental constante, la ansiedad, la depresión, la falta de aceptación y la incertidumbre. “No es una debilidad. Es el peso real de esta entrega que no descansa, es del día a día, y es una entrega muy especial”, expresaron.

Frente a estos retos, destacaron características que consideran fortalezas en sus hijos, como la honestidad, el pensamiento lógico, la atención al detalle, la sensibilidad y la resiliencia.

Para el matrimonio, la experiencia con sus hijos también transformó su manera de vivir como pareja y en familia. “La neurodivergencia nos ha hecho de verdad mejores personas, un mejor matrimonio y una mejor familia. No a pesar de los retos, sino a través de ellos”, afirmaron.

Al hablar de lo que la comunidad puede hacer ante estas realidades, plantearon la importancia de recibir formación para comprender, crear espacios y catequesis adaptadas, no juzgar, acompañar y preguntar menos para apoyar más.

“La familia no puede sola y la comunidad, ustedes, necesitan a estas familias”, expresaron antes de cerrar su participación en la Asamblea Diocesana con la idea de que la neurodivergencia no debe verse como una cruz que cargar, sino como “un don que descubrir”.

La charla se realizó durante el primer día de la cuarta edición del encuentro “Todos nos escuchamos”, que concluirá hoy. Después de la ponencia se invitó a los participantes presentes y a quienes seguían la transmisión desde sus hogares o parroquias a formar círculos de conversatorio para compartir sus reflexiones en torno al tema.— Karla Acosta Castillo

“La neurodivergencia nos ha hecho de verdad mejores personas, un mejor matrimonio y una mejor familia. No a pesar de los retos, sino a través de ellos”

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