Por Nina Siegal
Era abril de 1912 y Helene Kröller-Müller se encontró en un frenesí de compras. No le interesaban los zapatos ni las modas más recientes; Estaba a la caza del retrato de Madame Augustine Roulin de Vincent van Gogh.
Logró encontrar La berceuse , como se conoce a la pintura (también conocida en español como Canción de cuna ), en una galería de París, y la compró en el acto. Al día siguiente, fue de galería en galería, en busca de más pinturas de Van Gogh, y se llevó a casa un gran botín: 15 en un solo viaje.
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