El patrimonio cultural de la península de Yucatán no se limita a las pirámides ni a las antiguas ciudades, sino que también está presente en la lengua maya, las tradiciones, los conocimientos, las artes, las ceremonias y las formas de vida que se mantienen vigentes en las comunidades, afirmó Salomón Bazbaz Lapidus durante la conferencia magistral “Patrimonio cultural en la península de Yucatán: El legado milenario que impulsa el futuro”.
Señaló que la región cuenta con una amplia riqueza de patrimonio cultural material e inmaterial que se ha conservado con el paso del tiempo, aunque algunas de sus manifestaciones todavía son poco conocidas y no reciben el apoyo suficiente.
En su ponencia, que marcó la apertura del XIV Seminario Internacional Maaya’on e Identidad Intercultural en el Gran Museo del Mundo Maya, explicó que desde hace unos ocho años realiza, junto con la Unesco, una investigación para identificar las manifestaciones culturales vivas de la zona.
Como parte de este trabajo ha recorrido los estados de la Península, además de Chiapas y Tabasco. Como resultado, se han identificado más de 90 manifestaciones culturales, entre ellas la lengua maya, la milpa, los textiles, la gastronomía, las ceremonias, la música y los conocimientos tradicionales.
Bazbaz Lapidus destacó que uno de los cambios más importantes en la concepción del patrimonio ha sido dejar de mirar únicamente las grandes construcciones para reconocer también a las personas y comunidades que mantienen vivas las expresiones de un pueblo.
“Se había preferenciado al maya de piedra sobre el maya de carne y hueso”, señaló al referirse a la atención histórica que han recibido las pirámides y otros elementos materiales frente a las comunidades que continúan reproduciendo la cultura maya.
Ante ello, señaló que el patrimonio cultural debe entenderse como aquello que se recibe del pasado, se vive en el presente y se transmite a las nuevas generaciones. No se trata únicamente de conservar o almacenar saberes, sino de transmitirlos para mantener vigentes los conocimientos y procesos que les dan sentido.
Como ejemplo mencionó la milpa maya, a la que calificó como mucho más que un espacio de cultivo, pues concentra conocimientos sobre los vientos, las constelaciones, los calendarios y la relación con la naturaleza.
También destacó la arquitectura de la casa maya, los conocimientos relacionados con la meliponicultura, la medicina tradicional, la cocina, la música, la jarana, la vaquería y el arte textil.
Como un punto especial, el conferenciante destacó el papel de las mujeres bordadoras y señaló que el bordado forma parte de la identidad cultural de Yucatán.
Además, indicó que esta actividad representa uno de los motores económicos para algunas comunidades y ha contribuido a generar cambios sociales, particularmente por el papel que desempeñan las mujeres.
El especialista también llamó a reconocer el valor de todo el proceso que existe detrás de una manifestación cultural. Explicó que no basta con conservar el resultado final de una expresión, como puede ser un platillo o una pieza artesanal, sino que también es necesario conocer los instrumentos, materiales, técnicas, conocimientos e historias que existen detrás.
Señaló que es importante documentar e inventariar las manifestaciones culturales, pero siempre con la participación de las comunidades.
De igual manera, consideró que las nuevas tecnologías pueden convertirse en herramientas para la preservación. Puso como ejemplo un proyecto realizado con artesanos y artesanas, mediante el cual, a través de una aplicación, pudieron registrar técnicas de bordado, materiales, procesos y la manera en que esos conocimientos fueron transmitidos.
Según explicó, este sistema permitió obtener en unas horas información que anteriormente habría requerido años de trabajo.
Bazbaz Lapidus habló igualmente sobre los riesgos de convertir el patrimonio cultural en un producto turístico sin tomar en cuenta a las comunidades que lo mantienen vivo.
Como ejemplo mencionó la ceremonia de limpieza de huesos en el cementerio de Pomuch, Campeche, y señaló que una tradición íntima que únicamente se utiliza como atractivo turístico puede terminar siendo tergiversada o descontextualizada.
En materia educativa, consideró fundamental que los conocimientos tradicionales lleguen a las aulas, además de mantenerse en las casas, cocinas, solares y celebraciones comunitarias.
Agregó que la lengua maya, el bordado y otras expresiones culturales pueden fortalecerse mediante su incorporación a los procesos educativos.
Hizo un llamado a las universidades e investigadores para que devuelvan a las comunidades la información que obtienen durante sus trabajos.
Indicó que las investigaciones, tesis y proyectos no deben quedarse únicamente en los archivos académicos, sino regresar a las comunidades en formatos que les resulten útiles.
Finalmente, Bazbaz Lapidus destacó que actualmente existe una oportunidad para revitalizar el patrimonio cultural de la península, debido al interés de las comunidades por compartir sus conocimientos y a los esfuerzos institucionales para fortalecer estas expresiones.
“El futuro es maya y vivo”, afirmó, al subrayar que el patrimonio no se conserva únicamente en vitrinas, sino que “se borda, se siembra y se celebra todos los días”.— Ilse Noh Canché
Las personas y comunidades mantienen vivas las expresiones de un pueblo
