El domingo, con pocas horas de sueño y demasiadas emociones, Víctor Rejón compartió con el Diario una entrevista, con el cuerpo todavía procesando la celebración y con un objeto muy especial a su lado, la estatuilla. Tras hacer historia al convertirse en el primer director yucateco en ganar un Premio Ariel
La noche del sábado, el realizador yucateco subió al escenario de la ceremonia de los premios de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas para recibir, junto con Irving Serrano y Ramón Llaven, el reconocimiento a “Las voces del despeñadero”, el cortometraje documental que comenzó como un proyecto de la vida de los clavadistas de La Quebrada y terminó llevando también un pedazo de Yucatán hasta la cima del cine mexicano.
“Está padre platicarlo, parte del impacto del momento”, dice Víctor, todavía con la emoción fresca.
Ha pasado poco más de un año desde aquella primera entrevista con el Diario acerca de la conquista del Festival de Cine de Guadalajara como “la corona” de un esfuerzo largo y complicado. Después llegaron nuevos festivales, funciones internacionales, la postulación al Ariel y, finalmente, el premio.
Ahora la estatuilla está en Yucatán. Por unos meses, al menos. Víctor explica que el equipo se turnará los reconocimientos que han recibido. Irving es de Ciudad de México, Ramón vive en Oaxaca y él está en Yucatán, de modo que esta vez le correspondió llevarse el Ariel a casa. Pero antes de convertirse en objeto de fotografías, entrevistas y celebraciones, la estatuilla tiene para él un peso que va mucho más allá del metal y el mármol.
“Este premio me da seguridad, me hace sentir confiado y responsable”, comparte. Y la palabra, responsabilidad, resume mejor que ninguna otra el día después del triunfo.
Víctor recuerda que antes de la ceremonia hablaron sobre qué harían si ganaban. El tiempo sobre el escenario sería breve, apenas segundos para agradecer. Había que organizarse, tres palabras para uno, tres para otro.
Pero la emoción hizo su parte. Uno de los primeros en ser reconocido fue Gustavo Gatica, presidente de los clavadistas representándolos, y quien también estuvo presente en la ceremonia.
Para los realizadores era importante que la voz de quienes inspiraron la película estuvieran ahí.
Desde el principio, Víctor y su equipo han insistido en que “Las voces del despeñadero” no nació únicamente para registrar los saltos desde la famosa quebrada de Acapulco.
El documental buscó acercarse a los hombres y mujeres que sostienen una tradición de más de 90 años, a sus historias, sus heridas, sus familias y a la relación que mantienen con el mar.
Hoy, esa intención comienza a adquirir una dimensión que incluso parece sorprender al propio realizador.
Víctor cuenta que Gustavo le relató que el documental ha llegado a escuelas de Guerrero y que los clavadistas han participado en proyecciones ante jóvenes.
Después de ver la película, algunos se acercan a ellos, preguntan por sus historias, por las heridas, por la manera en que aprendieron a lanzarse desde las alturas.
Ahí, dice Rejón, la película deja de ser solamente una obra cinematográfica.
“Ha trascendido la parte estética, disfrutar la pantalla, y se ha convertido en una herramienta de transformación social”, reflexiona.
No pretende que una película cambie el mundo, pero reconoce el valor de arrancar una conversación, acercar a una generación con una tradición y hacer que quienes viven en Acapulco vuelvan a mirar a sus clavadistas como parte de su identidad.
También encuentra en ello una dimensión que va más allá del espectáculo.
Los niños y jóvenes que entrenan y conviven alrededor de los clavados no solamente aprenden un deporte extremo. Están encontrando una actividad, una comunidad y una posibilidad frente a un entorno que puede ofrecerles otras opciones menos alentadoras.
Para Víctor, poner nuevamente a los clavadistas en el mapa también significa fortalecer ese arraigo.
Si algo ha acompañado el camino de Víctor Rejón es su orgullo por el lugar de donde viene. Cuando dejó Progreso para estudiar cine en Ciudad de México, lo hizo porque en aquel momento no existía en Yucatán una escuela que le permitiera seguir ese camino. Desde entonces ha defendido firmemente la idea de que desde el sureste también se pueden contar historias con calidad y encontrar un lugar en el panorama cinematográfico nacional.
El Ariel le confirma que esa puerta existe, pero también que todavía hay que seguir empujándola.
“Es como decirle a los otros estados y al centro del país: ‘Hola, Yucatán está presente’”, expresa.
Durante la ceremonia, además, tuvo la oportunidad de encontrarse con cineastas y productores con los que ha coincidido en distintos momentos de este recorrido.
Reconoció a compañeros de otras películas postuladas, a realizadores con quienes compartió festivales y a figuras que forman parte del cine mexicano.
Para él, estar ahí, entre generaciones y trayectorias distintas, fue también una manera de comprender que ya forma parte de una comunidad cinematográfica más amplia.
Y eso lo emociona, pero no parece dispuesto a quedarse demasiado tiempo mirando la estatuilla.
“Claro que hay que celebrar, pero más bien hay que estar pensando también en lo que viene, porque si no te puedes quedar ahí”, dice.
El triunfo también tiene nombres propios para Víctor. Quiso hacer un agradecimiento a su familia, a su mamá, su papá y su hermana y amigos, por acompañarlo y apoyarlo en cada etapa.— DARINKA RUIz MOrimoto
De un vistazo
Lo que sigue
Mientras el cortometraje “Las voces del despeñadero” continúa su recorrido, el cineasta yucateca Víctor Rejón ya trabaja en el proyecto que quiere convertir en su primer largometraje documental.
Más allá del turismo
Su ópera prima recibió apoyo de Focine para escritura y lo llevará nuevamente a su puerto natal, Progreso, pero esta vez para acercarse a la pesca. Quiere entender más a fondo ese mundo y retratar un puerto que no se limite a sus paisajes turísticos.
La historia
Habla del mar, de los oficios, de las memorias de quienes viven en la costa, de los huracanes que han marcado a Yucatán. También de las especies marinas y de los efectos del calentamiento global
