“La muerte es un paso, una transición a la vida eterna junto a Dios. No es el fin; necesitamos morir a este mundo para resucitar a la vida eterna junto a Dios y trabajar por ello”, recuerda el presbítero Alejandro Álvarez Gallegos, coordinador de la Pastoral de la Salud, Vida y Adultos Mayores de la Arquidiócesis de Yucatán.
El sacerdote aclara que a los difuntos no sólo se les conmemora en noviembre.
“Yo creo que en Yucatán todavía tenemos mucho arraigo por nuestros difuntos. Ciertamente, los primeros días de noviembre los celebramos con tradiciones como el mucbilpollo, acudimos a los cementerios y ofrecemos misas por ellos.
“Pero la verdad es que durante todo el año todavía hay mucha tradición y presencia de oración por nuestros difuntos. Particularmente en Yucatán, cuando hay una misa de cenizas o un velorio la comunidad se hace presente. Eso es algo muy típico de acá: se visita a los familiares, se les da el pésame y se muestra solidaridad con ellos y con los amigos, pero no sólo eso, también se ora por los difuntos y se asiste a las misas y rosarios que se ofrecen por ellos.
“Entonces, yo creo que los yucatecos no olvidamos a nuestros difuntos. Todo el año los tenemos presentes, no solamente el 2 de noviembre”, opina.
Como Iglesia, agrega, esa tradición también está presente, pues en las misas se pide todos los días por las personas fallecidas y siempre hay una larga lista de intenciones por ellas.
“Es algo muy, muy bueno”, destaca el sacerdote sobre estas costumbres católicas.
La tradición
Respecto a las conmemoraciones del 1 y 2 de noviembre, reconoce que se mantiene la costumbre de visitar las tumbas de los seres queridos en los cementerios, participar en misas, llevar flores y rezar la novena, entre otras prácticas.
“Cada año vemos una muy buena participación de personas. Si no fuera la gente a los cementerios, no se harían las misas en los principales cementerios de nuestra ciudad.
“Va mucha gente a las parroquias donde tenemos criptas; también se hacen presentes. En las casas, en las escuelas y en las empresas siempre se colocan altares dedicados a los finados.
“Y, a diferencia de otros estados de la República, nosotros tenemos muy fuerte nuestra identidad yucateca en el Janal Pixán, con la comida muy típica. Creo que eso lo hemos conservado muy bien”, considera.
Orar por ellos
El sacerdote recuerda que la Iglesia siempre ora por todos los difuntos para pedir por su eterno descanso y que el Señor les conceda el don de la vida eterna. “El mejor servicio que podemos hacer por un difunto es orar por él siempre. Por eso, en la Eucaristía hay una parte importante para pedir por los difuntos: orar para que el Señor les conceda el eterno descanso y la vida eterna junto a Él. Ese es el sentido”.
El padre Álvarez Gallegos indica que es responsabilidad de los adultos enseñar este sentido a las nuevas generaciones.
“Que las nuevas generaciones vivan todo esto y aprendan la importancia de orar por los difuntos, de pedir por ellos; que sigan participando y promoviendo las tradiciones. Pero hoy, como adultos, nos toca enseñarles y dar testimonio de esto a las generaciones futuras”.
Añade que, en los servicios funerarios, la mayoría de las personas sigue buscando la presencia de un sacerdote o un diácono. “Lo indicado es hacer las exequias. Buscan ese acompañamiento de un sacerdote o un diácono por la necesidad de encomendar al difunto hasta el último momento, para darle una cristiana sepultura.
“La Iglesia siempre va a recomendar dar cristiana sepultura, es decir, que el fallecido se vaya con la oración de los difuntos”, explica.
Cremación vs inhumación
En cuanto a la creciente práctica de cremar en lugar de inhumar el cuerpo del difunto, el sacerdote aclara que la Iglesia no está en contra de ella.
“Siempre se va a recomendar la sepultura, pero la Iglesia no está en contra de la cremación. No cambia el sentido porque, al final, el Señor nos va a resucitar. Seamos ceniza, seamos huesos, seamos como momias, el Señor va a resucitarnos a todos”.
Desde su punto de vista, se ha notado una tendencia a la cremación debido a que ya no hay tanto espacio para inhumar en camposantos. Además, es más higiénico conservar las cenizas en una cripta y se tiene la seguridad de que siempre se ora por los difuntos.
Añade que en los templos católicos se habilitan cada vez con más frecuencia nichos de cenizas, pues es una manera de tener cerca a los difuntos.
“Cuando la gente va a misa, tiene ahí cerca a sus difuntos, los visita y hace una oración. Es una manera de recordarlos y tenerlos presentes siempre”.
En los antiguos templos no era tan común contar con espacios para criptas, pero poco a poco las iglesias se fueron adaptando a esa necesidad. “La gente empezaba a buscarlas y nos fuimos adaptando a esto, que es algo necesario y muy bueno”.
Subraya que el sentido católico en torno al Día de Muertos no se pierde, pues permanece en las oraciones, y enfatiza que ahora corresponde cuidar que las próximas generaciones continúen con esta tradición.
En los días dedicados a los difuntos se conjuntan tradiciones mayas y católicas, como los altares de Janal Pixán, acompañados de una oración.
“El sentido es tener presente a nuestros difuntos, orar por su eterno descanso, saber que ellos están en las manos de Dios, pero nuestro recuerdo vive en la oración, especialmente cuando rezamos por ellos, honramos su vida y asumimos las buenas cosas”, indica en la entrevista.
Agrega que las oraciones por un difunto pueden mantenerse por tiempo indefinido.
“No hay una indicación sobre cuánto tiempo se tiene que orar por un difunto. Antes la idea era nueve días (después del fallecimiento), pero pueden ser nueve, pueden ser 90, o sea, nunca dejar de orar. La oración siempre es buena para todos”.
Explica que nunca se sabrá cuándo un ser querido ha llegado al cielo, pues eso corresponde a la misericordia de Dios. Por ello, sostiene, la tarea de quienes permanecen con vida es orar siempre por sus muertos y pedir por su eterno descanso, para que estén junto al Señor.— CLAUDIA IVONNE SIERRA MEDINA
