El ejercicio impacta en la progresión del mal de Parkinson
El ejercicio impacta en la progresión del mal de Parkinson

NUEVA YORK (HealthDay News).— El movimiento podría ser clave para ralentizar la progresión de la degeneración mental y física asociada a la enfermedad de Parkinson, de acuerdo con nuevo estudio.

Los pacientes de párkinson con niveles más altos de actividad física presentaron disminuciones más lentas tanto en los síntomas de movimiento como en los problemas de pensamiento y memoria, informaron investigadores en “Neurology”.

Las personas con más de ocho horas de actividad física a la semana obtuvieron los mayores beneficios.

“Nuestro estudio encontró que la actividad física puede tener beneficios duales, con asociaciones a un descenso más lento en el movimiento y la cognición”, dijo el investigador principal, Dong-Woo Ryu, de la Universidad de Cincinnati en Ohio.

El párkinson es un trastorno degenerativo que afecta la capacidad de movimiento. Algunos pacientes también acaban desarrollando problemas de pensamiento y memoria, según los Institutos Nacionales de Salud.

Para el nuevo estudio, los investigadores siguieron a 300 personas con párkinson leve a moderado hasta por siete años. Tenían una edad promedio de 66 años.

Los participantes informaron de sus horas semanales de actividad física en el trabajo y casa, o en aficiones o actividades recreativas. También se realizaron pruebas anuales para evaluar sus síntomas de párkinson y sus capacidades cognitivas.

El equipo de investigación dividió a las personas en tres grupos, basándose en el tiempo total que pasaron en movimiento: un grupo bajo con menos de cuatro horas semanales; un grupo medio con cuatro a ocho horas semanales, y un grupo alto con más de ocho horas.

Los resultados mostraron que el grupo de alta actividad mostró una degeneración más lenta tanto en síntomas de movimiento como en capacidad para pensar y recordar, incluso haciendo ajustes por otros factores.

También descubrieron que mejoraban si dedicaban más tiempo a hacer ejercicio físico vigoroso, que puede incluir trotar, ciclismo rápido, deportes de equipo, tenis individual, palear tierra y cargar peso.

“Los posibles beneficios de la actividad física para las personas con enfermedad de párkinson pueden depender de cuánto tiempo permanezcan activas y de si continúan haciendo ejercicio a lo largo del tiempo”, afirmó Ryu.

Estos resultados indican que podría existir algún vínculo aún desconocido entre la forma en que el párkinson afecta tanto al movimiento como a la cognición, concluyeron los investigadores.

El ejercicio podría contrarrestar el daño del Parkinson mejorando el flujo sanguíneo al cerebro, reduciendo la inflamación en las células nerviosas y potenciando la capacidad del cerebro para cambiar mediante el crecimiento y la reorganización, especularon los investigadores en su artículo.

También se sabe que la actividad física favorece la liberación de bioquímicos que protegen el cerebro, añadieron los investigadores.

Ryu señaló que las diferencias observadas eran pequeñas, pero podrían volverse más significativas si se sigue a las personas durante más tiempo que los siete años de este estudio.

“Dado que los participantes generalmente tenían buenas habilidades de pensamiento y memoria al inicio del estudio, nuestros resultados deben interpretarse con cautela y se necesitan más estudios”, dijo Ryu.

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