“¿ES LÍCITO PAGAR EL TRIBUTO AL CÉSAR?”
El impuesto al César recordaba a los judíos que eran un pueblo dominado por Roma, por los paganos. Y esto era siempre una afrenta al pueblo de Dios.
Frente a la cuestión del impuesto se adoptaron en Israel diversas actitudes: los saduceos no tenían inconveniente en pagar y someterse a cualquier poder; los fariseos lo hacían de mala gana y los zelotes se negaban en absoluto.
“¿Es lícito pagar el tributo al César?”.
Era una pregunta comprometedora en extremo y estaba formulada con la peor intención, porque ponía a Jesús entre la espada y la pared, entre los saduceos y los zelotes, entre el César y el pueblo, entre la autoridad de Dios y la autoridad de los romanos.
Jesús afirmó la autonomía de la conciencia y de la dignidad humana que nadie puede pisotear.
Todos debemos excluir cualquier tentación que pretenda convertir el Evangelio en algo privado y propio de algún grupo. Nadie es dueño del Mensaje de Cristo.
Hoy, además, es la Jornada Mundial de Oración por las Misiones.
El beato Pablo VI decía: “Siempre será indispensable la predicación. La persona escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio”.
Así pues, Jesús afirma la autonomía de la conciencia y de la dignidad humana que no puede ser pisoteada por ningún poder político, pero también el cristiano debe rechazar cualquier identificación de un partido o movimiento político con el Reino de Dios, excluyendo toda tentación integralista en la que se pretenda convertir el Evangelio en una carta política.
