En el marco de la conmemoración de los 200 años de historia de las relaciones diplomáticas entre México y Francia, y como parte de las actividades programadas en la primera edición de la Semana Cultural Mérida Yucatán, en jardines de la Alianza Francesa se ofreció una conferencia sobre acontecimientos en dos siglos de acercamiento entre ambas naciones, a cargo del filólogo Franck Fernández Estrada.
El ponente explicó cómo estas relaciones atravesaron diversas etapas, teniendo en común que surgieron en el momento en que tanto México como Francia dieron un paso significativo hacia su redefinición política.
Acaecidas desde 1826, marcaron un acercamiento político entre la joven república mexicana, liderada por Guadalupe Victoria, luego del efímero primer imperio mexicano de Agustín de Iturbide, y una Francia que dejaba atrás el imperio napoleónico y era gobernado por el que, a final de cuentas, sería el ultimo monarca oficialmente coronado de la nación, Carlos X de Borbón.
Si bien tras su declaración de independencia en 1821 México fue reconocido como tal por varios países, el establecimiento de relaciones con Francia no se dio sino cinco años después, toda vez que aún existían conflictos entre España y México y que obligaron a este último a buscar la forma de exportar productos a Europa e importar lo necesario para desarrollar la nueva nación.
Por su parte, Francia tenía interés en mantener un acercamiento con naciones de América precisamente para reactivar sus rutas comerciales por el Atlántico. “De Francia llegaron a México ingenieros, arquitectos, músicos, restauranteros, pasteleros, modistos, carpinteros, joyeros, industriales con ellos maquinaria, insumos, capital de trabajo, herramientas… México exportaba a Francia minería, materias primas, productos agrícolas. Los primeros años del entendimiento diplomático fueron fructíferos para ambos, pero Francia como economía estaba mejor posicionada que México, que aún era muy pobre, atrasado y con graves deficiencias administrativa para autogenerarse recursos para su desarrollo”, apuntó.
En 1931 un hecho detonó el primer grave conflicto con Francia. En ese año, negocios de Ciudad de México fueron vandalizados por soldados, acostumbrados a tomar a discreción todo lo que querían, ante la falta de pago de sus mandos.
Si bien este suceso, que sería conocido como “La guerra de los pasteles”, habla del reclamo de un pastelero francés afectado, en realidad este fue solo la cabeza de todos aquellos afectados y quien inició la demanda correspondiente ante las autoridades francesas luego de la nula intervención de los funcionarios mexicanos.
En 1838 ocurrió la primera intervención francesa, cuando la armada del país europeo bloqueó el puerto de Veracruz, la salida más importante al Atlántico de nuestro país, e incluso bombardeó la fortificación de San Juan de Ulúa, obligando al gobierno a reconocer un adeudo por reparación de daños y gastos de guerra de 600 mil pesos de aquel entonces, mismos que se aseguró se pagarían a plazos.
La inestabilidad política de México sumió al país en la Guerra de Reforma, un capítulo que lo debilitó aún más, al grado que en 1861 el presidente Benito Juárez declaró la moratoria en el pago de deudas al extranjero.
Esta situación propició que España, Inglaterra y Francia enviaran efectivos militares a México. Los dos primeros llegaron a un acuerdo con las autoridades nacionales y comprendieron que estas no se negaban a pagar sino simplemente pedían tiempo para organizar al país para poder hacer frente a sus compromisos.
Franck Fernández añadió que Francia fue determinante en la conformación del segundo imperio mexicano, porque, si bien Maximiliano y Carlota no eran franceses, el ejército del país europeo era el que estaba legitimando su presencia.
Capítulo Yucatán
Fue en esta etapa cuando Carlota visitó Yucatán, en 1865. La presencia de la emperatriz en la región no fue un hecho fortuito ni un viaje de placer, sino que buscaba sondear la posibilidad de que el imperio mexicano se extendiera hacia Centroamérica y hacer de Yucatán un importante aliado en ese proceso, concediendo ciertas libertades y acuerdos en materia de autonomía y gestión de apoyo para afrontar la insurrección maya.
En ese año se puso en servicio el telégrafo entre Sisal y Mérida.
Pero la presión sobre Napoleón III era enorme y un año más tarde se vio forzado a retirar su fuerza militar y naval de territorio mexicano, dejando en un estado de indefensión a Maxilmiliano, el cual también había caído de la gracia de los sectores más radicales del conservadurismo y el clero por su inclinación liberal, algo que dejó de manifiesto desde el primer momento que llegó a México. El emperador es fusilado en 1867.
Este hecho marcó el rompimiento de las relaciones entre México y Francia. “Pero las deudas son las deudas”, indicó Fernández Estrada. “México tenía compromisos contraídos con las naciones acreedoras. Fue durante el Porfiriato, entre 1880 y 1910, en esa etapa de auge y desarrollo económico, cuando se dio un nuevo impulso a las relaciones franco-mexicanas; como nunca antes lo francés era la tendencia en arquitectura, moda, cocina, entre otros aspectos”.
Las relaciones binacionales durante la primera y segunda guerras mundiales entraron en una suerte de enfriamiento y no fue sino en 1964 cuando Charles de Gaulle, durante la quinta República francesa y en visita a un México gobernado por Adolfo López Mateos, consolidó nuevos acuerdos, un acercamiento y entendimiento con el país, como ha prevalecido hasta hoy.
Finalizada la ponencia de Franck Fernández, se llevó al cabo la develación de un obra en grabado de Guido Farina que conmemora los dos siglos de las relaciones entre México y Francia. La pieza consiste en el grabado de un árbol con el águila nacional y el gallo francés hermanados.— Megamedia



