Hace un año se apagó la vida de un gran artista plástico que solía caminar por las calles de la colonia García Ginerés después del desayuno, mientras veía los colores que salían de los haces de luz del Sol matutino para luego plasmarlos en sus lienzos, acompañado de una taza de café.
Un ilustre yucateco que formó parte del fenómeno polifónico a inicios de la década de los 50 del siglo pasado, movimiento conocido como la Generación de la Ruptura, por el que un torbellino de voces autónomas de jóvenes artistas arrasaron con una ruta impuesta por la Nueva Escuela Mexicana, abriendo paso a una liberación ideológica en la plástica nacional, rompiendo con los moldes tradicionales, surgiendo pintores que en completa libertad exploraron mundos interiores.
Gabriel Ramírez Aznar es para los yucatecos un símbolo, si gustan o no sus pinturas pues cada quien adopta en su mente el arte según llena el espíritu o su forma de ver las cosas. El maestro Ramírez Aznar representa para nuestro Estado uno de los exponentes más importantes de la modernidad junto a Juan García Ponce, Gerda Gruber, Fernando Castro Pacheco, Emilio Vera Granados, por mencionar los más importantes, cada quien en su perfil artístico, abrazando los colores para crear un puente entre las figuras mayas y la modernidad, siempre abrazando los matices que él decía provienen del Sol, llenando la vida del individuo, expresando cada quien su voz interior.
Las huellas existenciales que dejó el autodidacta Ramírez en Ciudad de México en la época de García Ponce y José Luis Cuevas se dedicaron a remover la conciencia postrevolucionaria, implantando un estilo moderno aunque abstracto para muchos.
Después de varios años regresó a Yucatán y se convirtió en una leyenda urbana tanto para la escena chilanga como la emeritense.
Sus lienzos formaron un hilo conductor y una búsqueda constante de lo irracional hasta lo sublime, primero al óleo, después al acrílico, con un abanico de colores y matices, los cuales fueron admirados en 1965 en la Galería Juan Martín en Ciudad de México en su primera exposición individual.
Gabriel Ramírez nació en Mérida el 4 de enero de 1938 y falleció el 20 de octubre de 2025 en la misma ciudad y siempre decía: “Sigo creyendo que lo más valioso de mi pintura es lo fortuito, el hallazgo, el dejarse llevar por la inventiva con la finalidad de sugerir y estimular al espectador a participar en ella”.
Se ha dicho mucho del maestro que siempre fue fiel a su intuición estética como pintor, rechazando convenciones, modas, demandas del mercado y de la propia crítica; perpetuando su obra pictórica por el color, el clima, la luz y su vida en su natal Yucatán, considerándose como uno de los artistas más importantes de México, con más de 65 años de trayectoria.
El maestro ha sido acreedor a diversos premios nacionales e internacionales, entre ellos el galardón “Joan Miró” en los años 1972 y 1975 en España, la Medalla Yucatán en 1986, el premio literario Antonio Mediz Bolio en 1977 y la Medalla al Mérito Artístico que otorgó el Instituto de Cultura de Yucatán en 1998.
Sobre su obra y su vida se han editado distintas publicaciones y se han realizado diversos documentales para la televisión. Su obras se encuentran en colecciones en museos nacionales y extranjeros como el Liceo de Bezabel de Jerusalén, la Casa de las Américas en La Habana, Cuba; el Museo de la Solidaridad en Santiago de Chile, los Museos Carrillo Gil y José Luis Cuevas de Ciudad de México. Fue editor con varios escritores de Mérida de la revista Camaleón de 1988 a 1992; es autor de artículos monográficos sobre cine, fotografía y salas cinematográfricas para la Enciclopedia Yucatán en el tiempo en 1999.
Gabriel Ramírez declaró que llegó a la pintura a través de la admiración que le produjo el pintor holandés Vincent van Gogh con su técnica del empaste.
Entre la generación del maestro figuran también Manuel Felguérez, Alberto Gironella, Vicente Rojo, Roger Van Gunten y Arnaldo Coen, quienes son conocidos como la nueva era de la Ruptura y sentaron las bases para revitalizar el arte mexicano. A la par de la pintura, este creador se desenvuelve como escritor e investigador de cine. Entre su amplia bibliografía podemos mencionar: El Cine Yucateco, editado por la UNAM en 1980, y Crónica del Cine Mudo Mexicano, producida por la Cineteca Nacional en 1989.
Mérida es desde hace muchos años meca inagotable de la cultura mexicana, en todas sus expresiones, desde la danza, la música, las artes visuales y por supuesto la literatura; por tanto Gabriel Ramírez Aznar es y será para las nuevas generaciones de artistas un ejemplo de inspiración para fomentar el amor a la pintura, a su tierra yucateca. El ilustre meridano amó su tierra y a pesar de sus viajes y de ser hombre de mundo él eligió el lugar que lo vio nacer, siempre tomando un tequila reposado en compañía de sus amigos y artistas que verdaderamente estimaba y admiraba. Hoy y siempre don Gabriel seguirá brillando como un faro de luces de colores que engalanarán la historia cultural de México.
Cronista del Centro Histórico por la Asociación Pluma Cívica de Yucatán.
