Credit: los editorialistas de religión

“¿CUÁL ES EL MANDAMIENTO MÁS GRANDE DE LA LEY?”

Los que interrogaron a Jesús lo hicieron con el ánimo de tentarle. Era un grupo de fariseos, que aparecieron después del fracaso de los saduceos.

La pregunta que le hicieron a Jesús tiene su problemática y era una cuestión muy debatida en las escuelas judías. Los maestros de la Ley distinguían entre “preceptos” y “prohibiciones”: las prohibiciones eran 365 en total y los preceptos, 248. Por lo tanto, era urgente reducir todo a una sola fórmula breve y comprensible, a un mandamiento principal de la ley. Pero esto no era nada fácil.

Jesús no quiso presentar dos preceptos fundamentales sólo para cumplir y ponerse en paz con Dios, sino que quiso ofrecer la perspectiva de fondo para vivir conforme a toda la Ley. Sólo quiso sugerir una actitud general constante indicando una atmósfera en la que todo gesto y toda respuesta humana y religiosa debiera estar en su sitio. No propuso una escala de valores sino la orientación de toda la vida de la persona.

Así, con una actitud sincera de amor todos los Mandamientos se vuelven importantes, porque son la expresión de un amor permanente y total. Para Cristo, el amor a Dios y el amor a los demás son inseparables.

Por eso, el amor a Dios y al prójimo no es una genérica y nebulosa simplificación del empeño cotidiano, sino que es el arquitrabe y el alma de “toda la Ley y los profetas”. Es un amor absoluto que no ahorra ni siquiera a sí mismo ni la propia vida, porque el amor al prójimo debe ser recíproco: “unos a otros”; el amor es enriquecimiento mutuo, contemporáneamente dar y recibir, teniendo en cuenta que se obtiene más de lo que se da. En el amor no hay superioridad, sino igualdad.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán