Fijar la temporalidad de una obra de arte puede ser una tarea ardua. Algunos pintores tardan mucho en terminar una obra y eso hace difícil datar sus trabajos. Leonardo da Vinci es el ejemplo paradigmático. Otros pintan con frenesí y en pocos años acumulan una obra virtuosa, lo cual ayuda a poner fecha a sus obras. Este es el caso de Vincent van Gogh.
Hasta hace muy poco los especialistas admitían que la realización de su famosa “Noche estrellada” era junio de 1889. Un nuevo estudio publicado en la revista “Scientific Reports” el día 22 de octubre pasado realizado por un equipo multidisciplinario de investigadores surcoreano ha fijado con gran precisión la fecha y probablemente el momento del tiempo en que Van Gogh pintó su obra: al amanecer del 22 de julio de 1889.
Entre el 8 de mayo de 1889 y el 16 de mayo de 1890, Van Gogh se internó voluntariamente en el asilo psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mausole, a las afueras de Saint-Rémy-de-Provence. En ese intervalo de tiempo pintó 150 pinturas, entre ellas la “Noche estrellada”.
Existe consenso entre los especialistas de que Van Gogh representó en el cielo de esa obra a Venus y la Luna. Sin embargo, no existe consenso acerca de cuáles son las estrellas que aparecen en el cielo. Utilizando técnicas estadísticas concluyeron que sería probable que el pintor estuviese viendo al grupo de estrellas de las Híades, en la constelación de Tauro. Con estos datos y la fase observada de la Luna en la obra, los científicos simularon los cielos nocturnos de 1889 que pudo ver el pintor desde la ventana del sanatorio, y comprobaron que solo una madrugada reunía la misma disposición de los astros del cuadro, la del 22 de julio.
Había, sin embargo, un escollo que parecía infranqueable. Es conocido por sus cartas a su hermano Teo que Vincent tuvo una crisis nerviosa en el mes de julio, lo cual hacía poco probable que el genial pintor hubiese ejecutado su obra. Una cuidadosa búsqueda en las cartas a Teo documentó que la crisis emocional ocurrió en los últimos días de julio de 1889.
Estaba también la situación climática en aquellos días, pues un cielo nublado no hubiera permitido la realización del cuadro. Los investigadores revisaron además los registros meteorológicos de Saint-Rémy y sus alrededores en aquellos días, que aparentemente fueron de buen tiempo. Este análisis pormenorizado sustenta la teoría del estudio: que el pintor se habría podido inspirar en la madrugada del 22 de julio de 1889.
El estudio no zanja la cuestión, pero deja algo claro: detrás de los remolinos y las estrellas desmesuradas había un observador atento del cielo real. Y abre una pregunta que ahora tendrán que responder los historiadores del arte y los especialistas en conservación, quizá examinando las capas de pintura del propio lienzo.
Investigador del Cephcis de la UNAM.
