ABUYA (EFE).— Al menos 16 personas murieron en el ataque de unos pistoleros no identificados a la salida de una misa de Año Nuevo en el estado de Rivers, en el sureste de Nigeria, informaron ayer medios locales.

El suceso ocurrió en la localidad de Omoku, a unos 90 kilómetros al noroeste de la capital estatal, Port Harcourt, y la Policía sospecha que los autores podrían pertenecer a alguna de las sectas que operan en el área.

El portavoz de la Policía, Nnamdi Omoni, declaró al diario “Vanguard” que la investigación sobre los hechos ha comenzado.

El gobernador de Rivers, Nyesom Wike, ofreció una recompensa de 556,000 dólares a quien pueda ofrecer información relevante sobre los autores del crimen.

Rivers se encuentra en el delta del río Níger, una zona rica en petróleo en la que operan diversos grupos armados que reclaman que una mayor parte de los beneficios derivados del crudo, que suponen buena parte de los ingresos del país, vayan a parar a los habitantes de la zona para mejorar sus condiciones de vida.

Secuestros

Estas organizaciones suelen atacar plantas petrolíferas para secuestrar a trabajadores extranjeros, por cuya liberación piden elevados rescates.

La zona ha disfrutado de una relativa calma desde que el gobierno nigeriano y los grupos armados acordasen una tregua el año pasado.

Los analistas políticos indican que este último ataque podría ser resultado de las tensiones y la rivalidad entre miembros del Congreso de Todos los Progresistas (APC, en sus siglas en inglés) del presidente Muhamadu Buhari y del Partido Popular Democrático (PDP, en sus siglas en inglés), que gobierna en Rivers.

Este estado ha sido escenario de un creciente número de asesinatos y ataques en los últimos tiempos, debido a la rivalidad entre sectas religiosas y entre grupos políticos.

El anterior ataque de pistoleros registrado en Rivers data de octubre de 2017, cuando un tiroteo en un concurrido mercado de Port Harcourt acabó con la vida de al menos diez personas.