Habla claramente de la propagación del nuevo germen
BERLÍN (EFE).— La canciller alemana Ángela Merkel se reencontró en la crisis del Covid-19 con la ciencia, el ámbito del que procede y al que recurre en estos días para explicar las medidas adoptadas para tratar de contener la pandemia.
“La curva se ha aplanado. Pero el objetivo sigue siendo no sobrecargar nuestro sistema sanitario”, explicó la canciller. “Estamos ahora con un factor de reproducción de 1. Es decir, cada persona afectada contagia a otra persona”, prosiguió.
La cadena de infección debe mantenerse en niveles asumibles para el sistema sanitario y, precisó, “si el valor sube a 1.2, significa que cada uno puede infectar a un 20% más de personas”.
“Si llega a 1.3, entonces el próximo julio estaríamos ya en el límite de las capacidades del sistema sanitario”, alertó la funcionaria.
Una forma de explicar al ciudadano el comportamiento de la pandemia que remite al pasado de Angela Merkel, profesional que estudió en la Universidad Karl Marx de Leipzig y se doctoró en Ciencias Físicas en 1978 y lleva más de media vida casada con el catedrático Joachim Sauer.
Merkel no suele alardear de sus conocimientos. Pero sí alude a los expertos que la asesoran: el Instituto Robert Koch (RKI), cuyo sistema de compilación de datos es menos dinámico que el de la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos, y los científicos de la Escuela Leopoldina de Halle, en el este de Alemania.
“En la Leopoldina no intervienen solo epidemiólogos o virólogos. También hay economistas y expertos de otros ámbitos”, defiende Merkel sobre las “recetas” emitidas por ese consejo de 26 personas para la reactivación de la vida pública.
La norma básica es mantener la distancia interpersonal de 1.5 metros. De ello depende que no se dispare la cadena de infección por encima de los valores soportables por la sanidad pública.
El distanciamiento social seguirá vigente hasta el 3 de mayo. El lunes podrán empezar a abrir algunos comercios, pero no bares o restaurantes, y las escuelas lo harán de forma gradual, a criterio de cada estado federado, a partir del día 4.
Las cifras del RKI indican una ralentización sostenida de los contagios: 130,450 ayer, de los cuales más de la mitad, 77,000, son pacientes recuperados y 4,500 murieron. Merkel confía en los datos de la institución dirigida por Lothar Wieler.
Las cifras del RKI suelen ir un día por detrás de las que ofrece la Johns Hopkins, pero no son divergentes. “Lo esencial es entender la lógica y el comportamiento de la pandemia”, sostiene Wieler.
Las recomendaciones de la Leopoldina dan algunas claves para las decisiones políticas, pero no se siguen a rajatabla. También en el ámbito científico hay inseguridades y divergencias de opinión.
La cautela de Wieler es más o menos compartida por el director de Virología de la clínica Charité, Christian Drosten, el virólogo más mediático del país. Pero no por otros expertos, con cuyas opiniones se ven confrontados día a día los asesores del gobierno.
En el extremo opuesto se sitúa Alexander Kekule, cuyas tesis avalan el interés del mundo económico por no retrasar más la reactivación de la vida pública.
El ciudadano común tal vez no entienda todos los términos que maneja la canciller, pero ha recuperado la confianza en su líder, 14 años después de su llegada al poder y cuando preparaba su retirada.
El bloque conservador de Merkel está, conforme al último sondeo semanal de la televisión pública ZDF, en un 35%, su mejor nivel en la actual legislatura. Sus socios socialdemócratas detuvieron su caída en picado para subir a 17%, tres puntos más que hace un mes.
Un 74% secunda la gestión del gobierno en esta crisis y un 90% considera necesario el distanciamiento social impuesto.
