Conflicto en Ucrania

Rusia vs. Ucrania: Cien días de guerra

No hay lugar para vivir, lamenta una familia ucraniana
viernes, 3 de junio de 2022 · 01:32

POTASHNIA, Ucrania (AP).— En 100 días de guerra en Ucrania, que se cumplen hoy, innumerables vidas quedaron destrozadas para siempre, desgarradas, trastocadas. Para decenas de miles de personas, la vida terminó brutalmente. Los que sobreviven a veces apenas saben cómo empezar a recoger los pedazos.

Cuando se destruye una casa que simboliza toda una vida de trabajo y recuerdos, ¿cómo se la reconstruye?

Nila Zelinska y su marido, Eduard, volvieron esta semana por primera vez a la que fue su casa en un pueblo de las afueras de Kiev. Estaba en ruinas, reducida a paredes carbonizadas y sin techo por los ataques de los días posteriores a la invasión rusa de Ucrania del 24 de febrero.

“¡Rex! Rex!”, gritó, llamando al labrador negro que habían tenido que dejar atrás. Sólo más tarde reapareció el fiel perro, moviendo la cola bajo las cariñosas caricias de su dueña.

Pero aparte de “Rex”, nada era como antes.

En lugar de un hogar, su casa destrozada es ahora un símbolo de sus vidas rotas.

Nila Zelinska recuerda el terror de los ataques que les obligaron a marcharse. Recogieron a su madre, de 82 años, y escaparon de las llamas y explosiones huyendo con ella por su jardín.

“Todo estaba en llamas”, dijo. “No creí que pudiera sacarla de allí, porque es muy mayor. Pero la tomamos por los brazos y corrimos”.

Gran parte de lo que ocurrió después es un recuerdo borroso. La familia desalojó hacia el oeste, lejos de los combates que envolvían las afueras de la capital ucraniana y otras ciudades del norte y el este.

Repelida por los defensores ucranianos de Kiev, Rusia ha redirigido desde entonces sus tropas y ha concentrado sus ataques en la región industrial oriental de Dombás, donde los combates siguen siendo intensos.

Alcanzar la marca de los 100 días de guerra es una tragedia para Ucrania, pero también una indicación de la ferocidad con la que ha resistido: algunos analistas pensaban que sus tropas se desmoronarían rápidamente frente al ejército ruso, más numeroso y mejor equipado.

Nila Zelinska sollozaba entre las ruinas de su casa cuando ella y su marido regresaron a su pueblo, Potashnya. Entre los escombros recuperó una muñeca que pertenecía a uno de sus nietos y la abrazó con fuerza.

Su marido se abrió paso con cautela entre los montones de ladrillos y los cristales rotos.

“No hay lugar para vivir. Si hubiera casas, volveríamos y plantaríamos un jardín para nosotros, como siempre hicimos”, dijo su marido. “Teníamos un huerto aquí. Aquí crecían papas, pepinos y tomates. Todo era del huerto”.

Ninguno de los dos sabe ahora mismo qué les depara el futuro, pero Nila sabe lo que quiere.

“Que haya paz en la tierra, paz para que nuestra gente no sufra tanto”, señaló.

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