Atrapanieblas en Lima, Perú
Aspectos de los "atrapanieblas" colocados sobre el "Muro de la vergüenza", en el asentamiento Ampliación Trébol, del distrito de San Juan de Miraflores, en Lima, Perú, el 4 de agosto de 2021 en Lima, Perú.- (EFE/Paolo Aguilar)

LIMA, Perú.- En su afán por dar solución a la crisis del agua que azota a la capital peruana, la ONG Movimiento Peruanos Sin Agua, que preside el ingeniero industrial Abel Cruz, quiso dar un nuevo significado al “muro de la vergüenza”, como se conoce a una polémica pared de cemento, de unos 10 kilómetros de largo y que se eleva hasta 3 metros, que fue construida para evitar que los asentamientos pobres de Pamplona Alta avanzaran e invadieran los terrenos de Surco, el distrito colindante, de exclusivas casas con toda clase de comodidades.

En la parte superior del “muro de la vergüenza”, Peruanos Sin Agua instaló 23 “atrapanieblas” para conseguir agua y abastecer a familias en situación de extrema pobreza.

La falta de acceso al agua afecta a más de medio millón de personas en Lima, la mayor ciudad del mundo después de El Cairo asentada sobre un desierto.

Sistema práctico y sencillo

El sistema de “atrapanieblas” captura la humedad que cubre las mañanas de invierno los cerros del sur de Lima.

El “método totalmente práctico y sencillo”, caza el agua gasificada del rocío, la condensa y, una vez líquida, la hace discurrir por canaletas para almacenarla en grandes depósitos.

Sus ventajas, según el ingeniero Cruz, son numerosas: la instalación no requiere de grandes desembolsos económicos, tiene una duración de unos cinco años y el funcionamiento es inmediato porque no obliga a esperar años y años a su construcción.

Cada uno de los “atrapanieblas” usa dos postes que sostienen una malla de nailon, de 20 metros cuadrados y con pequeños agujeros. Estas telas, que se pueden adquirir en una ferretería, logran recoger entre 200 y 400 litros de agua por día, asegura Abel Cruz.

Así, en los días de densa neblina, los 23 paneles que “los sin agua” instalaron en el “muro de la vergüenza” pueden llegar a atrapar más de 9,000 litros de agua, que abastecen a unas 40 familias del poblado.

Ahorro y beneficios

Una de las beneficiarias es Justina Flores, quien invertía unos 7.5 dólares a la semana para llenar un tanque de 1,100 litros, que le compraba al “aguatero“, el camión cisterna que sube al cerro que alberga a la comunidad de humildes viviendas.

“Pero a veces el aguatero se bota, viene con 50 metros de manguera y no llega” a las construcciones más altas de este polvoriento rincón de la capital peruana, se lamentó doña Justina Flores.

Ahora, con los “atrapanieblas“, la dependencia del camión cisterna ha disminuido, el agua se ha vuelto un poco más accesible; Justina y su familia suben hasta los tanques que almacenan el agua de la niebla y llenan las cubetas que después usan y reutilizan para lavar los platos, la ropa y bañarse.

Consumo en alimentos

El agua, además, se puede potabilizar con pequeños baldes que filtran el líquido y que también están a disposición de los usuarios.

El agua “del cielo” también sirve para cocinar en la cocina común “Manos Unidas”, una cocina colectiva liderada por Justina Flores, que nació como una organización vecinal de emergencia en abril de 2020 y reparte unos 60 platos de comida al día a los vecinos de esta comunidad, que debido a la pandemia perdieron el trabajo y los escasos ahorros que tenían.

Más de una década de servicio

El Movimiento Peruanos Sin Agua comenzó a trabajar con “atrapanieblas” en Lima en 2010, y en 2012 logró el financiamiento para ubicar veinte de los sistemas en el barrio de Los Tunales, en el distrito de Villa María del Triunfo.

Con el apoyo de fundaciones nacionales e internacionales, Peruanos Sin Agua ha logrado colocar miles de atrapanieblas en otros puntos y regiones del país como en Arequipa e Ica.- (Por Carla Samon Ros).