En 2017 hubo drástica baja de casos de dengue y zika y nada de chikungunya en Yucatán, según las cifras oficiales, pero advierten: no hay que caer en la confianza
En 2017 el mosquito Aedes aegypti dejó de ser el gran “tucho” de las enfermedades en Yucatán, pero se trata sólo de un paréntesis y no significa que se deba bajar la guardia, alertan investigadores.
De acuerdo con estadísticas del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Sinave) de la Secretaría de Salud, Yucatán cerró el año con 111 diagnósticos de dengue, 15 de zika y ninguno de chikungunya.
De los 111 casos de dengue, 76 corresponden a la clasificación de “no grave”, 31 a “dengue con signos de alarma” y cuatro a “grave”.
La situación más llamativa es la del zika, pues los 15 enfermos de 2017 contrastan con los 820 que el Sinave registró en 2016.
En el chikungunya no se tuvo conocimiento —al menos en el sistema de monitoreo— de casos. En 2016 se reportaron 11, después de los considerables estragos a lo largo de 2015.
El doctor Russel Amir Rodríguez Sánchez, infectólogo con larga trayectoria en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y ahora en la medicina privada, dice que la reducción de los diagnósticos es muy significativa si se toman en cuenta los antecedentes de años anteriores, cuando hubo un repunte de infecciones virales transmitidas por la picadura del mosquito Aedes aegypti.
“Eso se debe a múltiples factores”, subraya. “Desde luego, no hay que restar importancia al trabajo de las autoridades y la ciudadanía en general, que asumieron la responsabilidad de evitar la propagación y multiplicación del mosquito transmisor de estas enfermedades”.
El especialista añade que hay que reconocer la utilidad de las campañas de descacharrización y del uso de trampas biológicas para acabar con las larvas del mosco. También se refirió a la “refaunación” de charcas naturales con peces que se alimentan de esas larvas y a las campañas de información a la población.
Más adelante hizo hincapié en que este tipo de enfermedades epidémicas están muy relacionadas con la susceptibilidad de la gente en contraerlas. Cita como ejemplo que el chikungunya causó grandes daños a su llegada a Yucatán porque se encontró con una población que nunca había tenido contacto con el virus y, por lo mismo, estaba expuesta a la infección.
Después de contraer la enfermedad, las personas adquirieron cierto grado de defensas, o sea, alcanzaron inmunidad.
“También hay que considerar la mala educación de mucha gente que ya va conociendo la sintomatología de estas enfermedades y cae en el autodiagnóstico. No acude al médico o no acude al médico apropiado, de tal manera que no se captan estos casos y, por consiguiente, no aparecen nunca en las estadísticas”, señala.
“Este problema del subregistro de las enfermedades infecciosas es algo que arrastramos de toda la vida, por la falta de reporte”.
El doctor Rodríguez añade que también se debe tomar en cuenta que ya existe una vacuna contra el dengue, aunque no se le está utilizando en las cantidades deseables por varias razones, entre ellas su alto precio y el hecho de que por lo general la gente siente desconfianza por las vacunas nuevas.
El entrevistado recalca que la clave en toda campaña es atacar las causas de los virus. En el caso de los transmitidos por mosquitos, las infecciones se reducen o desaparecen al matarse las larvas.
Insiste en que no hay que confiarse por la baja incidencia de las enfermedades y recuerda las secuelas y los efectos de los virus que se diseminaron en los últimos años en Yucatán por medio del Aedes aegypti.
“El chikungunya tiene muchísimas manifestaciones y deja secuelas, incluso varios años después”, apunta. “Con el zika tenemos el riesgo de que se infecten mujeres embarazadas y aumente el problema de anomalías genéticas en los recién nacidos, como se ha visto en América del Sur…”.
El médico, quien desde ayer es secretario de la asociación civil “Sinergia con Sentido”, reitera que se ha logrado mucho con la participación conjunta de ciudadanía y autoridades, que incluso le han dado un enfoque más ecológico a las campañas. Por ejemplo, enfatiza, las campañas de fumigación ya no son tan importantes y por eso no se les ve tan seguido en la ciudad.
“Ya se vio que con fumigar no se mata al mosco. De todos modos el mosco va a ovar”, prosigue. “Hay que irse a la larva. Las campañas de fumigación acaban con enemigos naturales del mosco. Tenemos que cuidar a otro tipo de insectos y aves que mantienen el equilibrio”.
En otro lugar de esta misma página abundamos en la entrevista con el infectólogo y sus puntos de vista sobre infecciones que no dejan de representar una amenaza para la Península de Yucatán, entre ellas la fiebre amarilla.— ÁNGEL NOH ESTRADA
angel.noh@megamedia.com.mx
Monitoreo Datos
Bajos números del dengue
El Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaría de Salud sólo recibió 111 reportes de dengue en Yucatán durante 2017.
Zika y chikungunya
El mismo sistema de monitoreo registró únicamente quince diagnósticos de zika en la entidad. En el caso de chikungunya no hubo avisos de enfermos, luego de los estragos en los años previos.
El chikungunya deja secuelas, incluso varios años después. Con el zika hay el riesgo de que se infecten mujeres embarazadas y aumente el problema de anomalías genéticas en recién nacidos
