Artesanía para beber
Artesanía para beber

Con la bandera de la diversidad, las cervezas artesanales mexicanas ganan terreno en un mercado de pocas opciones.— Obstáculos

 

Independiente, variada, auténtica, sustentable, cercana, la cerveza artesanal avanza en México a paso firme, conquistando consumidores ávidos de nuevas sensaciones, ganando espacios en un territorio dominado por un duopolio industrial. Y aunque sus ventas aún no son comparables con las del gigante bicéfalo, lo mejor para ella está por venir.

Los artesanos de la cerveza, que han traído diversidad a un mercado de pocas opciones, monótono, viven buen momento y tienen ante sí un horizonte abierto. Sin embargo, también es cierto que se enfrentan a buen número de retos que obstaculizan su potencial de crecimiento, entre ellos —el más importante tal vez— la dura competencia en el sector, donde Grupo Modelo y Cuauhtémoc-Moctezuma —pertenecientes a los consorcios internacionales Anheuser-Busch InBev y Heineken International, respectivamente—, que tienen el 99.9% del negocio, imponen sus condiciones.

Para dar una idea del tamaño del desafío, Nicolás Madáhuar Boehm refiere que en 2016 la producción de las dos grandes de la industria ascendió a 105 millones de hectolitros (un hectolitro equivale a 100 litros), contra apenas 109,000 hl del gremio artesanal. “Para que se entienda lo pequeños que todavía somos en comparación con el volumen del mercado total, representamos el 0.1% de la producción nacional, ni siquiera el 1%”.

Madáhuar, quien acaba de ser elegido presidente nacional de la Asociación de Empresarios Cerveceros de México (Acermex), creada hace 10 años para defender los intereses de los microcerveceros del país, destaca que, en contraste con esa diminuta participación del mercado, generan el 12% de los empleos que todo el sector cervecero ofrece en el país.

Acermex está integrada por 88 factorías regadas por todo el país, desde Baja California hasta Yucatán, comenta Paz Austin Quiñones, directora general de la asociación.

De acuerdo con Paz, funcionan en el país unas 600 cervecerías artesanas y caseras de todo tamaño y tipo, lo que representa unas 2,000 marcas, ya que en promedio cada una maneja tres etiquetas. En Yucatán hay siete registradas y tres de ellas forman parte de Acermex: Patito, Ceiba y Wicked Hops.

Mundo en blanco y negro

Hacer cerveza a la antigua usanza está de moda en México. Tan sólo en el último año abrieron más de 200 nuevas fábricas. Madáhuar, de la cervecería yucateca Patito, atribuye el auge actual a la diversidad de la oferta y a las actuales tendencias de una sociedad que valora las cosas que buscan ser especiales, sostenibles y locales.

“Si esto fuera computación, te diría que por muchos años hemos vivido en un mundo en blanco y negro, de cervezas claras y oscuras. Y con la oferta artesanal el consumidor comienza a ver que no tiene por qué aceptar esa monocromía, que hay un arcoiris, muchísimos estilos, aromas, sabores, posibilidades infinitas para experimentar. Sobre todo las nuevas generaciones han sido muy receptivas a esta tendencia mundial”, dice.

El boom

Paz tiene claro cuál fue el punto de inflexión. En 2013, recuerda, Acermex denunció ante la Comisión Federal de Competencia las prácticas monopólicas de las grandes cerveceras industriales, por los contratos de exclusividad que tenían con restaurantes y tiendas de autoservicio, y logró una resolución que abrió el mercado. “En ese momento la fabricación artesanal de cerveza pasó de ser un hobbie a ser un negocio con oportunidad de crecimiento. Esa fue la chispa para el boom de la cerveza artesanal en México”.

“Ahora bien, tenemos mucho trabajo por hacer para que de ese ‘punto uno’ pasemos a lo que sigue”, dice, refiriéndose en específico a ciertos puntos negros en las leyes mexicanas que entorpecen el crecimiento.

Más que de problemas, Madáhuar prefiere hablar de los ejes torales que regirán el trabajo de Acermex, definidos en una asamblea que el consejo directivo celebró en esta ciudad.

Empieza con el esquema fiscal. Los microcerveceros, dice, ven el IEPS (Impuesto Especial sobre Producción y Servicios) —que se paga por producir, vender o importar gasolinas, alcoholes, cerveza y tabacos— como un inhibidor de su crecimiento, ya que la cerveza artesanal paga cinco veces más que la industrial.

Está también el esquema regulatorio, que lejos de propiciar mejores condiciones, representa un gran obstáculo, prosigue.

El tercer eje tiene que ver con las leyes de competencia y acceso a los canales de distribución. “Pedimos suelo parejo, porque hoy las leyes son aprovechadas por los que tienen preponderancia en el mercado y eso obstaculiza el acceso a las cervecerías pequeñas”.

El cuarto punto se refiere a la capacitación, “importante para asegurar consistencia y calidad en el producto”, y el quinto a los servicios a los socios, esto es, facilitarles las herramientas y la información que requieren para su crecimiento.

El peor sordo

Acerca de la modificación del esquema del IEPS, asunto en el que han estado ocupados desde hace años, Madáhuar comenta que han sostenido infinidad de reuniones con legisladores, Hacienda, con gente de la industria. “Para ser franco, en la Secretaría de Hacienda no existe voluntad. Hemos presentado propuestas que no merman la captación, que al contrario darían impulso a la actividad y a la creación de empleos, que ayudarían a una captación adicional en otros impuestos diferentes, como el IVA y el ISR, pero lamentablemente la administración tributaria del país nos escucha con oídos sordos”.

Una encuesta de la consultora Deloitte, el primer estudio a fondo sobre la producción de cerveza artesanal en México, muestra pese a todo un panorama optimista, un potencial grande y tentador. “Digamos que esta actividad tiene de todo, tiene ‘sex appeal’: es divertida, atractiva, versátil, interesante incluso por sus retos. Al gremio artesanal lo anima regresar a lo nuestro, a lo local, y al consumidor le atrae lo que se produce en la comunidad. En este contexto se ha detonado la expansión”.

Paz asiente y con unos cuantos trazos dibuja el perfil del consumidor de cerveza artesanal. “Es una persona que sigue la tendencia de apoyo a los valores, a la comunidad, a los buenos ingredientes, a la calidad. Durante mucho tiempo su única opción fue lo industrial y ahora se encuentra con que hay tantos productos como personalidades. Además, como valor agregado, puede apoyar a una factoría y un producto cercanos, identificados con la gente, lo que le hace sentirse afín y cómodo.

“En resumen, es una persona comprometida con la sustentabilidad e identificado con el producto”, sentencia.

Accesibilidad y precio

De acuerdo con el estudio de Deloitte, el precio —más alto que el de una industrial— y la dificultad para encontrarlas son los factores más determinantes para no consumir las cervezas artesanales. “Precisamente por estas razones enfocaremos nuestros esfuerzos en abrir el acceso a los canales de distribución y centros de consumo, y a modificar el esquema fiscal”, apunta Madáhuar Boehm.

El 46.5% del precio de una cerveza corresponde a impuestos, explica. “Y cuando tienes insumos de calidad, cuando tus lotes de producción son más pequeños y más cuidados, cuando no usas complejos procesos industriales ni trucos para abaratar el producto y encima te imponen una carga fiscal pesadísima, tienes que salir a competir con la desventaja de un precio elevado”.

“Elaboramos nuestra cerveza como se hacía hace siglos y respetamos la Ley de la Pureza, que permite sólo cuatro ingredientes esenciales (levadura, malta, lúpulo y agua) y ‘jugar’ un poco con otros, para hacer diferentes estilos. Nuestro proceso, idéntico al de hace cientos de años, nos permite ofrecer el sabor real de la cerveza”.

Madáhuar no tiene ninguna duda de que la cerveza artesanal seguirá avanzando “porque el consumidor sabe lo que quiere y nos está pidiendo”.

También porque el gremio está echado para adelante, porque lejos de desanimarse ante un entorno difícil, siente que los retos son los que hacen de este negocio una aventura maravillosa, finaliza.— Mario S. Durán Y.