No se saben las causas, lo descubre un “viene-viene”
Sentado en un poste viejo y arrumbado, don José respondía a las preguntas que agentes investigadores y reporteros le hacían respecto a una persona que ayer por la mañana fue hallada muerta a unos cuantos metros de donde él estaba.
—No sé, no lo conozco. En la madrugada llegó, se sentó ahí y se cayó. Vi que estaba tomando, jamás pensé que estuviera muerto —dijo don José, quien ha hecho de ese rincón de la calle 90 con 59 de la colonia Bojórquez su hogar.
El cadáver fue descubierto por uno de los “viene-viene“ que llegó a su zona de trabajo a las 6:30 de la mañana y se percató de un hombre con aspecto de indigente tirado a un lado de la banqueta, sobre la tierra y que al parecer dormía.
Esperó un rato y al notar que no se movía decidió acercarse a él para despertarlo, pues necesitaba ese espacio para algún vehículo, pero la persona no respondió.
Ante la sospecha de que ya estuviera muerto, fue al Centro Dermatológico, a 50 metros de donde estaba el cadáver y pidió ayuda a un doctor, quien dejó sus labores por unos minutos y salió para prestar el auxilio.
—El doctor me dijo que ya estaba muerto y pues decidí llamar al 9-11 —dijo el “viene-viene”, conocido en la zona, pero que decidió omitir su nombre.
Policías estatales y paramédicos de la SSP llegaron al lugar para corroborrar lo que se había reportado. Luego de la verificación, los agentes procedieron a acordonar el lugar y comenzaron las investigaciones.
El hombre, quien no fue identificado en el lugar, vestía camisa café; al parecer la bebida le provocó una enfermedad que finalmente acabó con su vida en horas de la madrugada, pues cerca de él había rastros de que había vomitado.
El Servicio Médico Forense y los Servicios Periciales de la Fiscalía General del Estado llegaron al lugar casi tres horas después y luego de unos 20 minutos de trabajar en el lugar realizaron el levantamiento del cadáver para su posterior traslado a la morgue.
Curiosos se detuvieron varios minutos para ver el trabajo de investigación. Todos se preguntaban quién era el muerto, pero nadie dijo que lo hubiera reconocido.— Gabriel Chan Uicab
