Esgrima verbal en concurrido acto de la Coparmex
Relajado y suficiente, cual gobernante en su último año, Rolando Zapata tomó el atril acompañado únicamente de sus tarjetas de notas y el bolígrafo que pendía del bolsillo de su impecable guayabera.
Con esas herramientas había escrito los que consideró puntos medulares que escuchó de los presidentes local y nacional de Coparmex, José Antonio Loret de Mola y Gustavo de Hoyos Walther.
Un millar de asistentes, en cuyas mesas del Club Campestre descansaban los cadáveres de lo que alguna vez fueron brazo de reina, sikilpak y empanaditas —botana ad hoc para viernes de Cuaresma—, estaban expectantes de las palabras con las que respondería las fuertes advertencias para evitar se empañe el proceso electoral próximo y los duros señalamientos al gobierno federal saliente.
Loret de Mola Gómory y De Hoyos Walther habían dado la nota periodística produciendo los dos momentos cumbres de la reunión. El primero, al advertir sobre prácticas que han empobrecido y debilitado a la democracia en México; el segundo, al evaluar el gobierno declinante de Peña Nieto.
“¡No más victorias electorales explotando la pobreza y la ignorancia, ofendiendo en su dignidad a las personas y pervirtiendo las prácticas democráticas! —sentenció Loret de Mola Gómory—. ¿Cómo tener confianza y creer en la honestidad de un gobernante que para subir al poder vulnera de este modo la ética política? ¿Cómo esperar que combata la corrupción si su supuesto triunfo electoral fue el resultado de un acto corrupto? ¿Cómo pensar que gobierne para el bienestar de la sociedad si obtuvo el puesto violentando la voluntad popular?”.
Fue inevitable que la mesa de las autoridades electorales atrajera las miradas.
Rolando Zapata atendía al discurso y anotaba en sus tarjetas blancas.
Después del golpe vino el linimento: “Esperamos que el nuevo titular del ejecutivo adopte una actitud de sencillez y austeridad como lo ha hecho el actual gobernador”.
El segundo clímax se produjo cuando De Hoyos Walther, sin “agua va” de por medio, calificó con claridad: “Este sexenio nos queda a deber mucho en estado de derecho”.
Aplausos del respetable, incluidos todos los miembros de la mesa principal, excepto uno: Zapata Bello, quien prefirió anotar en sus tarjetas.
No pasó inadvertido que entre los aplaudidores de la mesa de honor figuraron Celia Rivas y Marcos Celis, líderes de los otros poderes. También la alcaldesa María Fritz, el actual líder del CCE, Michel Salum, y los representantes de las fuerzas armadas.
“Estamos hablando de inseguridad, de corrupción e impunidad”. El dedo en la llaga del gobierno federal. Los aplausos interrumpieron al bajacaliforniano como ocurrió en media decena de ocasiones durante su discurso. Aplausos en el rincón más alejado donde Mons. Pedro Mena Díaz era acompañado por Erick Rubio Barthell, aplausos en la mesa del IMEF que presidía el líder nacional del organismo, el yucateco Fernando López Macari; aplausos en la mesa del Consejo Coordinador Empresarial…
En la mesa que ocupaban los candidatos lo mismo se escucharon aplausos que el sonido de las sillas de quienes se revolvían incómodos. Raúl Paz Alonzo recién había llegado y los curiosos veían que la única silla vacante se encontraba junto a su némesis, “Huacho” Díaz. El morenista Fernando Xacur García evitó que llegara la sangre al río ocupando un lugar entre ambos.
Antes de la llegada de Paz Alonzo, la noticia en relación con la mesa de los aspirantes fue la notoria ausencia del panista Mauricio Vila Dosal. Después del arribo de todos los candidatos, el suyo era esperado de un momento a otro, pero nunca se produjo.
Para cuando el brazo de reina era historia, De Hoyos Walther recordaba que se ha demorado el nombramiento del fiscal federal anticorrupción en seis ocasiones, no se han nombrado magistrados anticorrupción, se cometieron graves errores de diagnóstico en seguridad y enfatizaba que el gobierno de Enrique Peña Nieto ha quedado mucho a deber en materia de corrupción.
“Prolongado pero sin un gramo de desperdicio”, fue el diagnóstico sobre el discurso del líder nacional del sindicato patronal.
Zapata Bello tomó el atril. Sonreía relajado en su último acto que encabezaría como gobernador, en Coparmex.
En las mesas se guardó un silencio litúrgico. La expectación era creciente.
El mandatario sonrió, bromeó…. y su respuesta fue recurrir a la alabanza en boca propia: Yucatán ocupa el primer lugar en el índice de marcaje a gobiernos de la Coparmex, se autoelogió.
Al salir, los abrazos y las palmadas en la espalda eran el común denominador. Raúl Paz ensayaba su abierta risa de campaña, Mauricio Sahuí conversaba con Jorge Caamal en un afán por hacer parecer que las heridas entre el candidato a gobernador y el sindicato patronal han sido restañadas. Por aquí, Tina Tuyub saludaba a todos y “Huacho” se notaba fuera de su elemento; por allá el gremio de los financieros estaba en pleno ágape; por este otro lado Ramírez Marín, Renán Barrera y Víctor Caballero conversaban con todo aquel que se acercara.
Y en la mesa de los expresidentes de Coparmex se despidió con alegría y respeto al gobernador y al líder nacional.
Al final, Loret de Mola Gómory remató, con un recorrido por las mesas, su papel de espléndido anfitrión.— MEGAMEDIA.
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