Comerciales de farmacias, restaurantes, centros nocturnos y de actividades culturales son tan sólo algunos de los que se escuchan en las calles del Centro de Mérida, en especial en el bazar de San Juan.
Con varias bocinas hasta lo alto del edificio, el bazar de San Juan, ubicado en la calle 62 con 67 del Centro de Mérida, es prácticamente una “estación comercial” que la mayor parte del día se la pasa anunciando diversos servicios, aprovechando la afluencia de la gente, así como los paraderos de transporte público.
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Según la Norma Oficial Mexicana NOM-081-SEMARNAT-1994, el ruido conocido como contaminante es todo aquel sonido indeseable que moleste o perjudique a las personas.
Dicha norma estipula en su artículo 5.4 que los límites máximos permisibles de emisión de ruido de las fuentes fijas son: en zonas residenciales 55 (de 6 de la mañana a 10 de la noche) y 50 (de 10 de la noche a 6 de la mañana); industriales y comerciales 68 (de 6 a 10) y 65 (de 10 a 6); escuelas 55 (durante el juego —en áreas exteriores—), y 100, durante cuatro horas, en ceremonias, festivales y eventos de entretenimiento.
En síntesis, la Organización Mundial de la Salud (OMC) señala que el límite máximo de ruido tolerable es de 65 decibeles.
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Sin embargo, a pesar de que los comerciales nunca parecen terminar, varias personas que transitar cerca al Bazar de San Juan dicen que, debido a la prisa con la que caminan, no hacen caso al mensaje, ya que sólo perciben el “ruido” pero no le dan la atención necesaria.
Los estudiantes, por su parte, en su mayoría llevan audífonos o su teléfono celular en mano, por lo que tampoco le dan importancia.
Incluso, los que tienen sus puestos de venta junto al bazar dicen que ya están acostumbrados a ello, por lo que igual pasa desapercibido, además de que están más concentrados en realizar su trabajo que en escuchar los comerciales.
Entre los diversos comerciales de audio que hay se encuentran los de una farmacia, un restaurante de carne, ungüentos y hasta un centro nocturno de la periferia de Mérida. De igual forma, se alcanza a escuchar uno que promueve actividades culturales, tales como el del festival de la Guelaguetza, el cual se realiza ahora en el Parque de Santa Ana.
Las bocinas, entre la enredadera de cables
Basta con levantar la mirada y ver entre los cables, para encontrarse con las bocinas que están colocadas a lo largo del edificio. Hay cuatro altavoces en la 62 y dos más en la 67.

“La publicidad siempre es buena, me gustan esos anuncios”, comenta don Carlos Lugo Cetina, quien considera que, a diferencia de dichos anuncios que no hacen ruido, se contamina más con la basura que tira la gente a la calle.
Otro lugar en donde también se alcanza a escuchar anuncios de audio, aunque todos son de una estética, es en un local que se encuentra entre los cruzamientos de la calle 67 con 60, también del Centro de Mérida.
Más bocinas en otros mercados
Y como si se tratase de una repetidora, pues algunos anuncios son los mismos que se escuchan en el Bazar de San Juan, el Bazar de Artesanías García Rejón es otro de los edificios que cuenta con bocinas o altavoces, cuyos comerciales mezclan entre los motores de vehículos a cualquier hora del día.
Como se recordará, el Patronato para la Preservación del Centro Histórico de Mérida mostró su preocupación por el ruido en nuestra ciudad, por lo que propuso la entrada en vigor del nuevo reglamento municipal en la materia, esto durante la realización del primer foro “Mérida, hacia una ciudad inteligente”, en el edificio central de la Universidad Autónoma de Yucatán.- JOSÉ ALBERTO GUERRERO SILVA

