La primera vez que Antonio Sánchez Díaz de Rivera (Puebla, 1953) buscó un cargo de elección popular tenía 15 ó 16 años, cuando en la prepa se hizo presidente de la sociedad de alumnos. A partir de entonces no ha dejado de ejercer cargos en la iniciativa privada y la política, en los que se ha distinguido siempre por su impulso al desarrollo social y la participación ciudadana.
Antonio Sánchez Díaz de Rivera, líder social
“Algunos amigos me dicen en broma que en mi ficha personal donde está ‘oficio’ debe aparecer la palabra ‘presidente’”, comenta en la Sala de Redacción del Diario este empresario, político, escritor, poeta y comentarista que, entre otras responsabilidades, ha sido presidente nacional de Coparmex, presidente del Consejo Coordinador Empresarial de Puebla, subsecretario de Desarrollo Social y Humano de la Sedesol (Secretaría de Desarrollo Social), diputado federal y candidato a la presidencia municipal de su ciudad natal.
Sánchez Díaz de Rivera visita Mérida invitado por la Unión Social de Empresarios Mexicanos (USEM) para ofrecer mañana, a las 7 p.m., la charla “Realismo y esperanza ante la situación actual”, en el marco de los “Encuentros para el fortalecimiento de la ciudadanía” que celebra la agrupación en Lugardas (calle 32, número 396, entre 31 y 33 del fraccionamiento Montebello).
Oportuno el título de su charla, por lo que estamos viviendo en este inicio de sexenio…
Me refiero básicamente a que debemos ver con realismo la situación actual. Imaginar cosas o tener “otros datos” es un grave error. Tenemos que ser realistas, saber qué está pasando, cuál es la situación del país, sin perder la esperanza. No hablo de optimismo, sino de esperanza, que es algo mucho más profundo.
¿Vive el país dos realidades distintas, la del discurso oficial y la que vemos en las calles todos los días?
Acabo de leer “Hacia una economía moral”, el nuevo libro de López Obrador. Y aunque exagera en algunos puntos, presenta un buen diagnóstico de lo que nos pasa, habla de los principales problemas de México: pobreza, desigualdad, corrupción, inseguridad… problemas reales, que no hemos podido resolver. Lo malo es que habla de mayor democracia cuando lo que vemos es un proceso de concentración del poder, dice que la sociedad civil es un invento del conservadurismo. Nadie puede de estar de acuerdo con esto: una sociedad es mejor cuando tiene cuerpos intermedios, más asociaciones. López Obrador quisiera estar solo frente al pueblo, aunque únicamente el “pueblo bueno”, como él le llama sin ocultar sus inclinaciones populistas: los buenos son los que están conmigo —el pueblo— y “los otros” son mis enemigos —el antipueblo—, algo fatal.
¿Será esto lo que llaman la Cuarta Transformación?
Ante un modelo agotado, se está implementando un modelo trasnochado. Claro que hay un agotamiento en el modelo económico, no solamente en México, en el mundo en general, porque aunque ha bajado la pobreza extrema, la desigualdad ha aumentado. Eso desde luego que no puede aceptarse, como tampoco la corrupción, la inseguridad que azotan el país, pero no podemos volver a tiempos ya superados. Este gobierno por momentos me recuerda las épocas de Luis Echeverría, por la acumulación de poder del presidente y por la serie de medidas que no están resolviendo nada. Estoy de acuerdo con la premisa de que “primero los pobres por el bien de todos”, pero me temo que por las vías que se están siguiendo se les va a perjudicar más. En lugar de mayor igualdad, la situación puede ser peor, porque es verdad que el “desarrollo” es más importante que el crecimiento, pero también que no puede haber desarrollo si no hay crecimiento económico.
¿Está en crisis la democracia en México?
En todo el mundo hay un descontento con la democracia porque, entre otras razones, pensamos que era la solución de todo. En México, en el año 2000, cuando llegó la alternancia después de siete décadas en el poder del mismo partido, creímos que las cosas serían diferentes. La democracia es una condición necesaria, pero no suficiente, el problema es que ante ese desgaste en lugar de fortalecerla buscamos una solución en el populismo.
¿Hay motivos para preocuparse por el rumbo que está tomando el país?
Totalmente. Muchos estamos preocupados porque las tres “íes”, que son los problemas que tenemos en México: inseguridad, inequidad e impunidad, se están combinando con otras tres “íes”: incompetencia, incoherencia e incertidumbre. Y a veces me da la sensación de que esa incertidumbre es provocada, porque cuando la gente se siente desamparada recurre al tatiasca (el sabio del pueblo), no es nuevo lo que estamos viviendo. Y afirmo esto porque hemos visto que donde Morena llega al poder se despide a todos los funcionarios, lo que es una gran injusticia y un tremendo error, porque se van con su experiencia y su capacidad. En cuanto a la incoherencia, el primer aviso fue la cancelación del aeropuerto de Texcoco por corrupción… aunque ¿hay alguien en la cárcel por ese motivo? Nadie, pero no sólo eso, se pagó a quienes habían invertido ahí y ya llevamos $200,000 millones tirados a la basura y que nos costó a todos los mexicanos.
Incongruencia e irresponsabilidad, peligrosa mezcla…
El nuevo libro de López Obrador, que es de alguna manera su informe —además, muy hábil, nos lo está cobrando— y su proyecto, porque sigue en campaña, está lleno de frases hasta bonitas, pero que en la práctica son incongruencias: dice que gobierna para todos, pero nos ha dividido en fifís y chairos, entre conservadores y liberales… no podemos permitir que el país se polarice, es bueno que se ataquen las injusticias, pero no con esa retórica irresponsable. Y hace aumentar la incertidumbre con nuevas leyes, como la extensión de dominio, que equipara al fraude fiscal —que definitivamente está mal— con el crimen organizado, lo cual es un despropósito. Esta situación hace pensar dos veces si es buena idea invertir en el país, cuando lo que debe haber es seguridad, Estado de Derecho, certidumbre.
¿Y cómo vamos en términos de apertura democrática?
Hay otro tema ahí, se habla de democracia participativa. Yo creo en la democracia participativa, pero hago una diferencia con la plebiscitaria. Es bueno votar, pero no votar todo. Por ejemplo la revocación de mandato suena bien en principio: “No me gusta el que me está gobernando, lo destituyo”. Nada más que quien llegue al poder va a estar en campaña todo el tiempo y en lugar de tener un país de largo plazo, que es el que estamos buscando, tendremos gobernantes cortoplacistas. Qué bueno que hay democracia, pero no se puede estar abusando de ella, la ley fue aprobada por un Congreso basado en consultas sin sustento.
¿Y en lo social?
También suena bonito que se reparta dinero sin intermediarios porque había abusos, nada más que por los abusos se cancela todo, como pasó con las guarderías. Si hay o hubo corrupción, que se castigue, pero que no se desmantele todo el sistema. Se reparte dinero a cambio de nada y sin reglas, sin evaluación —no sabemos a dónde va a parar—, con fines claramente electoreros. Los gobernantes tienen la obligación de conservar los programas sociales que funcionan, porque lo importante es la gente —como dice el mismo López Obrador—, entonces, si sirve a las personas y no hay otro que lo sustituya y sea mejor, es una irresponsabilidad cancelarlo.
Se ve difícil que aguante así el país mucho tiempo…
Se ve difícil, pero ahí es donde nosotros tenemos que entrar y cuando digo nosotros me refiero a la sociedad, a los ciudadanos, organismos empresariales, universidades, organizaciones civiles, trabajadores, gente del campo, tenemos que buscar contrapesos entre todos. En su libro “Sobre la tiranía: Veinte lecciones que aprender del siglo XXI”, Timothy Snyder habla de la obediencia anticipada: “Sí señor, sí señor” a todo, cuál “Sí señor”, debe haber respeto a la autoridad —que se lo tiene que ganar ella misma—, pero los ciudadanos tenemos que exigir. El libro está dedicado a Trump, pero se puede aplicar perfectamente a López Obrador.
¿Cuál es en estos momentos el papel de la prensa?
El de siempre: ser independientes, lo que significa criticar lo que se tenga que criticar, denunciar lo que esté mal y desde luego, dado el caso, apoyar lo que es positivo para el país y la sociedad.
¿A los ciudadanos qué nos toca hacer?
Abocarnos a reconstruir el tejido social, incrementar nuestro capital social. La ciudadanía tiene que escoger a qué dedicarse y empezar con lo más cercano, porque luego queremos resolver problemas nacionales o internacionales y no vemos a nuestro vecino, no somos solidarios con quienes nos rodean. En círculos concéntricos tenemos que ir resolviendo los problemas, exigiendo, participando. México atraviesa un momento difícil, pero tenemos que tener confianza en nosotros mismos, tenemos, como siempre, muchos problemas, pero nos deben servir de acicate, hay que sacar la casta y salir adelante.— D.Y.
