El uso de “smartphones” igual se rige por varias reglas de etiqueta social
Lorena Gamboa Sosa, directora de la Escuela de Etiqueta Social y Modelaje, recuerda que el uso excesivo de los celulares ha llegado a destruir relaciones de familia, pareja, amigos, socios, pues ha generado cambios en cómo las personas se relacionan.
Por ello, señala que se deben buscar actividades para la convivencia, como caminar, ir al parque con los niños, jóvenes o pareja; ir al zoológico, caminar en la playa, usar juegos de mesa educativos que además abonan una mejor cultura y una mejor comunicación.
“Hay que practicar siempre las relaciones personales, que se basen en emociones y sentimientos como el amor, formas colaborativas en el hogar, intereses por los negocios”, apunta.
Sobre el uso excesivo del celular y las reglas de uso, detalla que desde su experiencia, las personas educadas no llaman o reciben llamadas en lugares como bibliotecas, hospitales, teatros, salones de clase e iglesias, entre otros.
Y otra regla es hacer llamadas a las horas adecuadas, para no interrumpir actividades del trabajo o de descanso.
Cuando se llama a alguien, explica, se debe preguntar a la persona si puede atender la llamada o preguntarle en qué momento puede comunicarse.
En las reuniones poner el aparato en modo silencio o vibrador demuestra respeto a los demás.
Enfatiza que no se debe poner el teléfono móvil sobre la mesa como una de las reglas principales de etiqueta social, tanto para cuando se va a comer o en una reunión de trabajo.
Respecto al uso de celulares entre niños y adolescentes, afirma que no es válido que tengan el control de los celulares, ya que se desconectan de la vida real.
“Es importante que los padres tengan el control del celular para no poner en riesgo la vida de sus hijos, los niños como los adolescentes no están preparados para el uso del celular”.
En el adolescente, resalta que hay que identificar si tienen adicción al celular, pues cuando esto sucede ya no le dedican tiempo al estudio y el resultado serán malas notas.
Por usar el aparato, muchas veces no duermen lo suficiente para que el cerebro descanse, ya que el adolescente siente la urgencia de atender cada llamada o cada texto, su único mundo y realidad es dentro del celular. Ante esto, manifiesta que se debe establecer un día y una hora en que los miembros de la familia apaguen teléfonos y compartan tiempo juntos.
Destaca que las palabras pueden ser convincentes, pero los actos más, por lo que considera los hijos nunca harán lo que se les dice, harán lo que ven que sus padres hacen.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
