“Belilula”: viajes extraordinarios al Yucatán desconocido con un enfoque social y sustentable.— Experiencias de un millón de estrellas
En medio de la nada, un grupo de turistas intenta descifrar los misterios de la selva yucateca. La recorren en bicicleta, escuchan sus silencios, disfrutan el canto de sus aves y el color de su exuberante vegetación, se sumergen en las verdes aguas de sus cenotes. Al anochecer, luego de cenar y escuchar mil y una historias al calor del fuego, duermen bajo las estrellas en tiendas de campaña.
Se trata de una propuesta turística innovadora, que lleva a los visitantes a una inmersión cultural en comunidades rurales y fomenta el desarrollo social y la conservación. Un modelo alternativo, singular, en un sector que se ha homogenizado.
“Nuestro objetivo es crear experiencias únicas, inolvidables, no de cuatro ni de cinco, sino de un millón de estrellas, mediante campamentos extraordinarios a destinos que nadie conoce”, dice Alejandro Sánchez Pereña, joven emprendedor que creó junto con su esposa, Mariana Rivera Magaña, y dos amigos “Belilula, viajes con sentido”, cuya filosofía se basa en buscar lo mejor para todos: la empresa, los viajeros y las comunidades con que hacen sinergias.
“Belilula”, explica, es un nombre inspirado en tres palabras mayas. Significa “cambiar tu camino por otro”.
El origen
Alejandro y Mariana se conocieron en el exigente mundo financiero de la Ciudad de México. Para huir del estrés, los fines de semana escapaban a encontrarse con la naturaleza. “Siempre me ha gustado el campismo, la aventura, los exteriores y le contagié mi pasión a Mariana, quien poco a poco le fue agarrando gusto a despertarse en la mañana en medio de la nada”.
Su trabajo en la Universidad Anáhuac del Norte les permitió conocer la metodología Lean Startup para generar modelos de negocio y decidieron aplicarla en un proyecto enfocado en lo que más les gustaba: viajar a sitios desconocidos.
“Luego de un recorrido de exploración por varios estados —Oaxaca, Baja California Sur, Estado de México…— encontramos en Yucatán lo que buscábamos: comunidades increíbles, lugares espectaculares, gastronomía, naturaleza, seguridad”.
Cambiaron su residencia a Mérida, dieron forma a la empresa, hicieron un convenio con los habitantes de Chinkilá —pequeña población de Tecoh— y pusieron en marcha el proyecto en la plataforma Airbnb. La respuesta fue inmediata.
“Belilula”, dice Alejandro, está enfocada al turismo internacional y nacional que busca experiencias no tan genéricas. Son viajeros que huyen de los lugares que asoman en las rutas convencionales porque les gusta descubrir sitios desconocidos y valoran la autenticidad, el trato humano.
Chinkilá, sitio mágico
La experiencia consiste en un campamento privado de una o dos noches para grupos pequeños, de dos a ocho personas, donde los visitantes se desconectan del estrés y la rutina. Al llegar apagan sus dispositivos electrónicos —no hay internet de hecho— para entregarse a la magia oxigenante de la naturaleza.
Alejandro y Mariana los reciben y les presentan a los vecinos de Chinkilá —casi todas mujeres, porque los hombres migran en busca de trabajo—, les muestran cómo funciona todo —tiendas de campaña, luces, baterías, baños— y cuando se sienten listos los dejan solos.
Los viajeros hacen “biking” o senderismo para explorar la selva y descubrir su gran biodiversidad. En cualquier momento pueden refrescarse en las aguas cristalinas de un cenote o simplemente descansar en una de las hamacas que tienen disponibles en todo momento.
Al anochecer, se les dejan botanas, vino, fondue y todo lo necesario para prepararse la cena en una fogata.
En la mañana, personas de la comunidad les preparan un desayuno típico con ingredientes de la región —miel, frutas, verduras, cereales— para que la gastronomía contribuya a que la escapada sea inolvidable.
Después de un paseo guiados por sus anfitriones y un nuevo baño de cenote, llega la hora de la despedida, a la una de la tarde más o menos.
Chinkilá, en palabras de Alejandro y Mariana, es un sitio que lo tiene todo: agua, paisaje, silencio, naturaleza en estado puro… De allí que lo hayan escogido para brindar la oportunidad de hacer realidad lo que todos hemos soñado alguna vez: acampar al aire libre…
Y aun mejor: acampar con comodidad, en tiendas tipo “glamping” —anglicismo de la unión de glamour y camping—, que mantienen su esencia rústica y aventurera pero están equipadas con todo lo necesario para un descanso placentero. Son tiendas de tres metros de diámetro, equipadas con un colchón matrimonial, sábanas de 450 hilos, almohadas, toallas y mesas de noche. Tienen dos ventanas de malla con persianas de lona para una ventilación perfecta y lámparas solares interiores y exteriores.
En cuestión de seguridad, no hay forma de llegar al campamento sin pasar por la comunidad, así que “la misma gente del pueblo los cuida”.
Enfoque social
La innovación de “Belilula” no sólo radica en el producto en sí, sino en el proceso de co-creación del mismo con las comunidades, es un concepto con un enfoque social y sustentable.
En el caso de Chinkilá, una cooperativa de mujeres administra el parador turístico del cenote Kampepén, que construyeron con ayuda del gobierno. Tuvieron muchos problemas porque los turistas no llegaban, así que el convenio con “‘Belilula’ ha significado un impulso importante para el lugar”, dice Alejandro, al insistir en que el objetivo es crear experiencias inolvidables para los visitantes, pero también ayudar a detonar la economía de las comunidades.
Además de Chinkilá, “Belilula” tiene un destino en la playa. El precio por noche es de 150 dólares por persona en tiendas dobles, que incluye alimentos y bebidas, así como actividades como senderismo y biking, nado en cenotes o el mar, observación de aves…
A partir de su participación en el evento “Pitch and Beach” en Tulum, donde presentó el proyecto a inversionistas de todo el mundo, “Belilula” ha comenzado a construir más alianzas con sitios que quieren implantar su modelo. “Estamos en el momento justo de ver cómo lo vamos a replicar”, concluyen.— D.Y.
“Nuestro objetivo es crear experiencias únicas, inolvidables, no de cuatro ni de cinco, sino de un millón de estrellas, mediante campamentos extraordinarios a destinos que nadie conoce”
