La de este año será la peor desde 1986 para Yucatán y dejará sentir sus mayores efectos en Mérida.— Ya empiezan a disminuir los niveles de agua subterránea
Inmerso en la contingencia por el coronavirus Covid-19, que ha trastocado la vida de sus habitantes, Yucatán se encamina hacia la sequía más intensa de los últimos 34 años.
De acuerdo con los modelos de predicción meteorológica, la crítica situación de este año es comparable con las que se vivieron en 1986 y en 1962 en la mayor parte de la Península. Incluso, hay evidencias estadísticas de que la sequía de este año se adelantó y deja sentir sus efectos desde febrero pasado.
“La teoría del cambio climático nos dice que en las grandes manchas urbanas se presentarán eventos meteorológicos extraordinarios. Por lo tanto, Mérida será la urbe donde se resentirán más el ambiente caluroso y las temperaturas altas en todo el sureste de México”, alerta Juan Vázquez Montalvo, meteorólogo del Comité Institucional para la Atención de Fenómenos Meteorológicos Extremos de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady). “Todo indica que la temporada de sequía de 2020 será la más fuerte desde 1986”.
La situación es de suma importancia si se considera que la etapa de secas de este año empata con la de 2019 y parte de la de 2018, cuando cayeron lluvias en una cantidad menor que el promedio.
Es decir, prácticamente se fusionan tres años de escasas precipitaciones pluviales y, de acuerdo con el ingeniero Vázquez, los niveles de agua subterránea ya están bajando a los niveles mínimos.
“¿Qué lo está ocasionando? No lo sabemos. La explicación puede ser un ciclo que se está repitiendo, porque la atmósfera vive ciclos”, dice el especialista, quien durante más de dos décadas —hasta su jubilación— fue jefe del Laboratorio de Hidráulica e Hidrología y responsable del Centro Meteorológico de la Facultad de Ingeniería de la Uady.
“Pueden ser el aire seco y descendente que está dominando y las altas presiones que este año llegaron mucho antes de tiempo. Llegaron desde fines de enero, cuando normalmente lo hacen a fines de marzo o principios de abril, y adelantaron la sequía”.
El meteorólogo menciona algunas señales de la Naturaleza sobre la situación que se avecina: los árboles Maculís florecieron en febrero, no en marzo como es lo común, y los ceibos también dieron frutos antes de tiempo.
“Las hormigas han estado chambeando igual, están llevando mucha comida a sus nidos”, abunda. “Es presagio de que viene una sequía muy fuerte y se están abasteciendo”.
El consultor en hidrometeorología hace notar que la sequía de 2020 preocupa particularmente a los expertos porque es el segundo año consecutivo en que las lluvias de enero a marzo han estado muy por debajo del promedio.
“Eso sucedió el año pasado, pero en ese entonces había un ‘culpable’, que era el evento de El Niño”, enfatiza. “Ese año hubo una sequía atípica ocasionada por un viento descendente y seco que cubrió toda la zona de la Península de Yucatán y parte de Centroamérica”.
“Ese mismo aire perduró hasta el verano y evitó que los ciclones llegaran a la zona. Se desviaron y por eso Yucatán se salvó de la afectación de un ciclón tropical. De hecho ni siquiera se acercó uno. No hubo alertamiento y no solamente en la Península de Yucatán sino en Centroamérica y todas las islas del Caribe”.
Si bien las condiciones impidieron la llegada de ciclones, agrega el ingeniero Vázquez Montalvo, se dio paso a una sequía atípica que fue mucho más fuerte en Quintana Roo, en el noreste, este y sureste de Yucatán y en el este de Campeche.
“Los valores de las lluvias estuvieron muy por debajo del promedio, inclusive en la temporada de precipitaciones”, prosigue. “En Quintana Roo se reportaron lagunas que se secaron y los niveles de agua bajaron. Cozumel, que vive de su propio acuífero, tuvo problemas con la calidad del agua… Empezó a resentir la intrusión de cloruros en el agua”.
En el resto de la Península prevalecieron también condiciones difíciles, pues en Yucatán y Campeche se perdieron cosechas y los niveles del agua subterránea descendieron considerablemente.
El especialista de la Uady también formula los siguientes conceptos:
—Al empatarse con la del año pasado y parte de 2018, la sequía de 2020, que empezó prácticamente en febrero, apunta a ser una de las más fuertes.
—Si hacemos un recuento de las temporadas de secas más severas encontramos que las anteriores fueron de 2012, 2009, 2000, 1996, 1986 y 1962.
—Las más significativas, por sus períodos prolongados, fueron las de 1986 y 1962. ¿Por qué fueron significativas? Porque las lluvias estuvieron prácticamente ausentes a lo largo del año y los acumulados de precipitaciones fueron muy bajos.
—La situación de ahora ya rebasa a la de 2012, 2009, 2000 y 1996, en cuanto a la cantidad de agua que no ha caído. Tenemos niveles similares a los de 1986.
Inviernos con sabor a verano
—A partir de 2015, los inviernos en Yucatán han tenido sabor a verano. Han dominado más los días calurosos y secos que los fríos y con lluvia.
—Esa situación de los inviernos con sabor a verano se ha recrudecido a partir de 2018 y 2019. Además de los días calurosos, el viento dominante es del Sureste en lugar del Noreste, que es más fresco.
—Las características de la temporada de ahora son similares a las de 1986. En aquel entonces se arrastraba una sequía que venía desde 1985.
—En el 86 prácticamente no llovió; si acaso un poco en la primera semana de mayo, pero después dejó de llover. Solo hubo precipitaciones esporádicas, no se lograron las cosechas y los niveles de agua subterránea bajaron bastante.
—En ese tiempo la coordinación de Hidrología de la Facultad de Ingeniería estaba realizando un proyecto de estudio geohidrológico de la planta de agua potable Mérida I. Detectamos que los niveles del agua en la planta potabilizadora habían bajado demasiado y estaban a punto de llegar al final del cono de succión. Afortunadamente esto último no ocurrió.
—Hicimos una revisión en los alrededores de la zona y encontramos norias secas y pozos que también se secaron o tenían un mínimo de agua.
—En la ciudad de Mérida los pozos también tuvieron descensos significativos. Hablamos de diez o cinco centímetros de lámina de agua. Es decir, las campanas bajaron prácticamente al mínimo nivel.
—La sequía se extendió a 1987, pero afortunadamente no duró mucho ese año porque las lluvias cayeron en mayo.
Grandes fenómenos
—La de 1986 fue una gran sequía que no se había vuelto a presentar. Vinieron otras, como las de 1996 y 2000, pero la situación se recuperó con las lluvias que siguieron.
—En 1962 hubo también un gran fenómeno de ese tipo. En esa época no teníamos sistema de agua potable y la población se abastecía en los pozos o almacenaba en grandes tinacos el agua de las lluvias. En el interior del estado también obtenían agua de los cenotes.
—¿Qué sucedió realmente en 1962? La sequía se comenzó a sentir en 1961 y se recrudeció en 1962. Los pozos se comenzaron a secar y eran el comentario común en Mérida y el interior del Estado.
Récord en la temperatura
—La situación era crítica por los períodos prolongados de altas temperaturas, no por los valores en sí, que han sido más elevados en otros ciclos. Por ejemplo, el registro más alto en Mérida es de abril de 2015, cuando se alcanzaron 43.6 grados Celsius.
—En todo Yucatán, el récord es de 47 grados Celsius en el mes de mayo de 2005, en San Diego Buenavista, Tekax.
—Otras temperaturas altas en Mérida son del 30 de abril de 1971, 23 de abril de 1991, y 8 y 17 de abril de 1998. En todos esos casos fueron de 43.1 grados Celsius.
—2015 tuvo un período muy extenso con temperaturas de 38 a 40 grados. Eso sucedió también en 2018 y 2019 y todo apunta a que en 2020 ocurrirá lo mismo, a partir de abril, si no es que desde la segunda quincena de marzo. Los pronósticos indican que a fines de marzo habrá temperaturas de 37 a 39 grados… Serán muchos días.
—Así, la sequía de esta ocasión “pinta” para ser una de las más fuertes de los últimos años. Al menos vamos a empatar los niveles de la que se presentó en 1986 (Continuará).— ÁNGEL NOH ESTRADA
