Protestan cerca de 100 personas frente al Palacio
Enojados, frustrados y con un sentimiento de impotencia reflejado en sus palabras, cerca de 100 personas reclamaron ayer por la mañana al gobierno del Estado no ser parte de la lista de beneficiarios de los apoyos económicos anunciados por el Ejecutivo al sector vulnerable de la población para afrontar la pandemia.
“Tenemos hambre, nuestros hijos tienen hambre”, era el común grito de los manifestantes que se plantaron desde la mañana frente al Palacio de Gobierno.
Exigieron la presencia del gobernador Mauricio Vila Dosal para una respuesta satisfactoria, pues lo acusaron de armar una farsa y burlarse de la gente más necesitada por el proceso por el cual se entregaron dichos apoyos.
“No se vale que se burle de nuestra desgracia, yo no tengo internet, mi teléfono no usa internet ¿Cómo quieren que nos registremos?”, dijo con impotencia una mujer de la tercera edad, vecina de la colonia San Antonio Xluch III.
El enojo de los manifestantes puso en aprietos a los guardias del Palacio, quienes tuvieron que hacer tres filas para evitar que la gente se metiera a la fuerza al recinto del Ejecutivo, pues amenazaban con entrar a la fuerza para hablar con el gobernador.
Una persona sacó una playera con el nombre de “Vila” que le obsequiaron durante las elecciones, emitió palabras altisonantes y lamentó, dijo, haber votado por él en las elecciones a gobernador, momentos después le prendieron fuego a la playera y la arrojaron a la puerta del Palacio de Gobierno.
El lugar estaba llenó de tensión por el enojo y la impotencia de los manifestantes; dos de ellos, dos hombres de unos 50 años de edad decidieron, entonces, arrojarse a la calle para evitar el paso de los vehículos, cerrando las calles aledañas al Palacio de Gobierno. En un momento dado recogieron hojas secas y palos del parque y también les prendieron fuego.
El enojo continuaba y, a vista de los policías que no hacían más que observar de lejos lo que sucedía, varias personas intentaron prenderle fuego a dos palmeras, pero no lo lograron.
Después de varios minutos muy tensos, los quejosos, en su mayoría albañiles, ambulantes y algunos campesinos, comenzaron a dispersarse, pero también se organizaron para regresar hoy con más personas, pues dicen, no van a parar hasta que les den ayuda o los dejen trabajar.— Gabriel Chan Uicab
“Si no nos mata el virus, nos mata el hambre”, sentenció uno de ellos; “Si no tenemos ayuda, está bien, que nos lo diga el gobernador, pero vamos a salir a las calles a trabajar y que Dios nos bendiga”, concluyó una mujer.
