Dulce Rosado, vecina de Kanasín y encargada de la papelería “Farah” de la calle 65 entre 58 y 56 terminó un confinamiento de más de dos meses en su casa por la pandemia del coronavirus.
Para su fortuna ayer regresó a su mismo puesto, con el mismo uniforme, pero con nuevos artículos que le cubren el rostro: un cubreboca negro y una careta transparente.
También experimenta un cambio en la forma de vender: antes tomaban los artículos de belleza, que es parte da diversificación del negocio de papelería, y los enseñaban o probaban en las clientes. Hoy no pueden hacer eso, solo explicar verbalmente el producto y dar el precio. Además, a la entrada del local tienen a disposición de sus clientes tres botes de gel antibacterial y en el piso un tapete con líquido desinfectante.
“Es el primer día, es algo difícil con todo esto nuevo”, señala. “Estamos tratando de llevar a cabo estas medidas de higiene para beneficio de los clientes y nosotras mismas. Hace más de dos meses que cerramos y hace una semana avisamos a los clientes que desde hoy (por ayer) estaríamos laborando para que vengan”.
“Los nuevos aditamentos son algo incómodo y hay que tenerlos todo el día. No estamos acostumbradas a usarlos, pero es necesario”, dijo. “Nuestro clima caluroso lo hace más incómodo porque hace sudar, pero hay que mantener el cubreboca y la careta, es obligatorio”, expresa resignada.
Relata que los más de dos meses de confinamiento por el cierre de la papelería “Farah” los pasó en su casa con sus dos hijos, una adolescentes de quince años y un joven de 19 años, y su tiempo lo dedicó al trabajo del hogar, a cocinar comida casera, cosa que antes no podía hacer por su horario laboral.
Disfrutó a sus hijos
Disfrutó su tiempo en compañía de sus hijos y se acostumbró a ellos al grado de que cuando tuvo que despedirse para regresar al trabajo sintió nostalgia. Le pidieron que se cuidara mucho, ya que no quieren que se enferme de Covid-19.
“Esta es la nueva realidad que vamos a vivir”, señaló. “Hay que aprender a vivir con estos aparatos y hay que salir a trabajar porque se necesita el dinero”.
Dulce Rosado aseguró que su patrón le pagó su sueldo completo durante el confinamiento y el cierre del negocio y está agradecida con él porque por ese lado se portó muy bien y por ello regresó contenta y se adaptará a la nueva costumbre laboral, “porque el trabajo es parte de mi vida”.
Recomienda a todos los trabajadores y trabajadoras como ella que se cuiden mucho, usen el cubreboca y la careta aunque sea incómodo, “total, se van a acostumbrar con el tiempo”.
Quien no tuvo la misma suerte que ella fue Eric Germán Montes Gómez, quien antes de la pandemia trabajaba en una empresa de seguridad privada, pero a raíz de la cuarentena lo despidieron.
Estuvo dos años en la empresa de seguridad y ayer salió en búsqueda de una nueva oportunidad laboral porque necesita trabajo. Su hijo tiene apenas tres meses de edad y necesita ganar para comprarle su leche.— Joaquín Chan Caamal
DiariodeYucatan
Vigilante sin trabajoDifícil situación
Eric Germán Montes Gómez fue despedido de su trabajo a causa de la cuarentena.
”Todo está difícil”
“No busco ni mi esquina, todo está difícil, no hay vacantes, todo está cerrado”, comentó al reportero el padre de un niño de 3 años.
”Necesito trabajar”
“Ahorita que están abriendo los negocios saldré diario a buscar chamba, mi familia necesita comer, estoy viviendo de la caridad de la gente, unos hermanos cristianos me apoyan, pero necesito trabajar”, explica.
Sale con esperanzas
Eric viajó a Plaza Dorada donde le dijeron que había un cartel donde solicitaban vigilantes privados. Confía en que su hijo, Eric Josué, le dé suerte, porque al igual que él, cientos perdieron su trabajo por la crisis económica que está dejando la Covid-19 en Yucatán y México.
