Contraste de los estados de ánimo por celebraciones
Las fiestas navideñas que tradicionalmente reúnen a la familia para celebrar con alegría y emoción han sido trastocadas por la pandemia del coronavirus.
Con ello la autoridad ha prohibido la realización de eventos sociales y reuniones, las posadas y todo aquello que implique una alta concentración de personas en un espacio delimitado.
El llamado es a quedarse en casa y celebrar en la intimidad de la familia nuclear, aquella que comparte un mismo techo u hogar.
Este mensaje de la autoridad tiene como objetivo evitar la propagación del virus, que no suban los contagios y no colapse el sistema de salud. Sin embargo, no está encontrando respuesta, a juzgar por la gran cantidad de personas que transitan por las calles de la ciudad comprando todo cuanto necesitan para organizar su cena de Nochebuena.
Diera la impresión de que muchos desafían las probabilidades de contagiarse, como que la Navidad es una festividad que está muy por encima de la pandemia, además que el confinamiento ha sido largo y las personas desean volver a reunirse con sus seres queridos, amigos y compañeros a sabiendas del riesgo que implica.
Para la psicóloga Patricia Gili López, presidenta del Colegio de Psicólogos de Yucatán, existe una explicación a este comportamiento desafiante de la población cuyo alcance es impredecible en este momento.
“Es una reacción social derivada del largo confinamiento por la pandemia”, dijo en entrevista con el Diario. “El confinamiento y las restricciones a la movilidad han limitado el contacto físico entre las personas y sus seres queridos”.
“Históricamente la Navidad es una temporada que así como puede ser muy alegre y muy feliz, para muchos también es un tiempo en el que caen en profundas depresiones, ansiedad y tendencias suicidas”.
“Existen dos grupos sociales: los que ahora se están tomando a la ligera la pandemia, los que forman los grupos de alto riesgo o vulnerables que actúan como si no existiera la enfermedad, y por otro lado están aquellos que maximizan las medidas preventivas y acatan las disposiciones de las autoridades”, refirió.
En los dos grupos pesa el mismo estado de ánimo: angustia, frustración e incertidumbre.
“Es Navidad y estamos separados físicamente, pero unidos con medios electrónicos y la tecnología, la diferencia es que hay quienes han asimilado que lo mejor para ellos es preservar la salud y han entendido que por esta ocasión la Navidad debe ser un festejo más íntimo y reflexivo”.
Asimismo, “están quienes no les importa y necesitan ese acercamiento social y actuarán como si no estuviéramos ante una emergencia sanitaria”.
La doctora Gili destacó que las personas deben entender la gravedad de la situación y el riesgo de sus acciones, por lo cual consideró importante darle un mayor peso a los valores, a la educación y al sentido de la vida, asumir como regalo de Navidad preservar la salud.
“Me cuido porque quiero cuidarte; si me cuido, cuido a quienes me rodean y éstos me cuidan a mí, se vuelve recíproco y un proceder de alto sentido humano”, apuntó la entrevistada.— Emanuel Rincón Becerra
