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En Navidad no se detiene toda la fuerza laboral

Las restricciones a la movilidad, el frío y el temor al contagio del Covid-19 cambiaron radicalmente el festejo de la Nochebuena y al menos tres mujeres que trabajaron en Navidad informaron que cenaron y durmieron temprano.

No hubo las tradicionales parrandas de largo aguante en las familias de las colonias populares de Mérida como en años anteriores cuando no había pandemia. No hubo trasnochados deambulando en las calles de las colonias aún en estado de embriaguez.

Lo que se vio fue casas cerradas en horas de la madrugada y calles vacías. No se vieron cocheras con gente cantando y tomando para recibir la llegada la Navidad con alegría, y después de la medianoche de Nochebuena, los estallidos de los petardos y coloridas luces de los fuegos artificiales terminaron.

Matilde Guzmán Mancilla, una joven originaria de Chiapas, pero que vive desde hace años con su familia en la colonia Plan de Ayala Sur, comentó que ella pasó su Nochebuena muy bien, con su familia, y no salieron porque saben que deben cuidarse por la pandemia y no hay que confiarse mucho.

“Estuve con la familia en la casa”, dijo en entrevista cuando se dirigía a su trabajo. “Después de la cena me acosté a la una y media y me dormí rápido porque estaba muy cansada. Trabajé ayer (por el jueves), hoy (viernes) trabajo también y pasado mañana (domingo) descanso. Entro a las 7 de la mañana y salgo a las 7 de la noche”.

La joven portaba una chalina chiapaneca, cubrebocas y caminaba rumbo al paradero de autobuses de la ruta norte. Ella dice que despertó en esta Navidad a las 5:30 de la madrugada para ir al trabajo. Tenía temor de que no pasara temprano los autobuses urbanos y ya estaba preocupada de cómo viajaría a su centro laboral, la estancia de adultos mayores “Mi bello Atardecer” que está por el rumbo del hotel Hyatt. Pero para su fortuna, el servicio de transporte público funcionó en su horario acostumbrado y sin problemas llegó al centro de la ciudad para realizar su transbordo.

“Me estoy yendo al trabajo. Trabajo en una estancia de abuelitos y tengo que ser responsable”, señaló. “Somos como sus familias (de los que viven en la estancia), convivimos con ellos y los cuidamos. A veces van sus familiares a visitarlos, pero nosotros somos las que estamos más tiempo con ellos”.

Cenó pavo y pastas y compró algunos detallitos para sus padres, ya que ella es soltera. No tenía planes de paseo en Navidad porque su turno terminaba a las 7 de la noche y lo que deseaba es tener descanso en su casa.

Aseo

Karina Lomas Suárez, de la colonia María Luisa, dijo que durmió temprano porque ella generalmente despierta a las 4 de la mañana pues su turno como personal de limpieza del Ayuntamiento de Mérida empieza a las 6 de la mañana.

Diario recorre con su tambor de basura y escoba los pasillos del Pasaje Emilio Seijo, la segunda Calle Nueva, el parque Eulogio Rosado, la zona de Correos y Portal de Granos que es el sector donde barre y recoge basura de la calle que dejan comerciantes y peatones.

Ayer trabajó de 6 a 10 o 11 de la mañana porque era día festivo y para su fortuna las calles que le tocó estaban casi limpias, había poca basura porque el turno de la noche recogió la que dejaron los cientos de miles de personas que abarrotaron los comercios en días previos a la Nochebuena y Navidad.

“Siempre me toca este horario. Hoy está muy tranquilo, no hay tanta gente, es un día diferente al que veo todos los días”, comentó. “Pasé la navidad encerrada en mi casa con mi familia por lo de la pandemia. Cenamos y nos acostamos temprano, como a las 9 de la noche porque yo tenía que venir a trabajar. El clima frío no ayudó a la Navidad, hubo bastante heladez anoche y todavía se siente”.

Lleva ocho meses como trabajadora de limpieza de calles, trabajo que obtuvo por casualidad y por ayuda del Ayuntamiento de Mérida. Dice que con la pandemia el Ayuntamiento dispuso varios programas de apoyo a las personas vulnerables y ella es uno de esos casos. Tenía un puesto en un tianguis, pero la ventas estaban muy bajas al inicio de la pandemia y su situación empeoró cuando cerraron esos comercios callejeros para evitar los contagios. Solicitó apoyo y la incorporaron al departamento de Aseo y Limpieza de la ciudad y ya lleva ocho meses. Y confiesa que le va bastante bien, el trabajo le ha ayudado mucho económicamente y continuará hasta donde lo permita la autoridad municipal.

En sus recorridos por las calles ha tenido la suerte de hallar monedas de dinero y lo que más recuerda es un billete de $100 que descubrió cuando pasó su escoba en uno de los rincones de la calle.

Afirma que durante su trabajo no le han faltado al respeto aun cuando la ven sola y empieza muy temprano su jornada laboral. Sus compañeros están pendiente de todos y todas y puede realizar con tranquilidad sus labores de limpieza.

Cuando terminara su trabajo, según informó, regresaría a su casa para dedicarse al trabajo del hogar. No tenía planes de paseo y si al caso, podría a ir al súper para realizar alguna compra, pero prefería no salir porque tiene temor al contagio.

La misma situación vivió una trabajadora de una cadena de tiendas de conveniencia que entró de turno a las 8 de la mañana y terminaría a las 2 de la tarde. Sin dar su nombre porque no lo tienen permitido, dijo que ella cenó con su familia y durmió temprano porque prefirieron ver televisión.

Cuando concluyera su horario regresaría a su casa para atender a la familia y descansar algo de tiempo. No planeaba salir de la casa, sino realizar trabajos pendientes del hogar.— Joaquín Chan Caamal

 

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