Una lucha por la vida
Apicultora, defensora y enamorada de la tierra que la vio nacer, Leydy Aracely Pech Martín lleva su voz a todos los rincones del planeta para alertar sobre los peligros del actual modelo de producción alimentaria basado en la destrucción del medio ambiente.
Originaria de Ich Ek, pequeña comunidad del municipio de Hopelchén, Campeche, la mujer de ascendencia maya es una de las voceras del Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes y recibió recientemente el Premio Ambiental Goldman 2020, el galardón ambiental más importante del mundo, otorgado por la Fundación del mismo nombre.
De acuerdo con la organización internacional, este premio anual es en reconocimiento a su lucha contra la deforestación de selvas y bosques, y contra la contaminación del agua y el aire, del territorio de las comunidades mayas de la zona de Hopelchén.
La activista, haciendo un espacio en su ocupada agenda de estos días, aceptó de manera amable platicar con el Diario vía telefónica sobre su lucha contra empresas transnacionales y el gobierno federal, en la construcción de un planeta sano, justo y sustentable para todos.
“Cuando dejamos la responsabilidad en manos de las grandes agroindustrias de producción de alimentos, caemos en la pérdida de la soberanía alimentaria”, sentenció.
La entrevistada explicó que para producir granos a gran volumen las empresas agroindustriales, con el permiso del gobierno federal, están deforestando a gran escala en selvas del país, lo que propicia un descontrol en el uso y aprovechamiento de los recursos naturales.
Esta ha sido, dijo, una lucha muy difícil y complicada por la defensa colectiva del territorio frente a políticas públicas y megaproyectos que ponen en riesgo la integridad cultural, la salud, los medios de subsistencia y la vida de las comunidades mayas de la región.
¿Cómo inició su labor en esta defensa del medio ambiente?
En mi comunidad todos somos ambientalistas por el tipo de actividad que realizamos, estamos siempre en contacto con el medio ambiente, lo conocemos y por eso lo valoramos, sabemos de la importancia de cuidar el agua, la tierra, las semillas, el aire.
Inicié hace muchos años trabajando con mis abejas, como lo hacen todas las comunidades de Hopelchén, por ello conocemos los problemas y los cambios que hemos tenido que enfrentar de manera reciente ante la implementación de políticas públicas para la producción de alimentos a gran escala, sin importar el daño ambiental que esto propicia.
¿La sociedad en general tiene conciencia de ello?
Ahora más que nunca es importante preguntarnos como sociedad: ¿de dónde vienen los alimentos que consumimos? Uno va al súper y no reflexiona sobre la calidad de lo que compramos y consumimos.
Tampoco sabemos cómo se producen alimentos como el tomate, la papaya, la sandía, el melón, todo lo que nos sirve, ¿qué hay detrás? y ¿qué está sucediendo en los territorios donde se produce?
Como sociedad tenemos el derecho de consumir alimentos sanos, de tomar agua limpia, respirar aire limpio, eso es un derecho universal, no solo de los pueblos indígenas.
Cuando tengamos el conocimiento de la importancia de ejercer ese derecho habrá cambios, cuestionemos de dónde salen los alimentos a gran escala y entonces comprenderemos cómo todo ello se va convirtiendo en estos graves cambios ambientales que ya tenemos.
La responsabilidad es de todos, no solo de nosotros como pueblos indígenas, somos los primeros, es verdad, pero es un problema de la sociedad en general, es una lucha por la vida.
¿Cómo califica su lucha contra empresas transnacionales como Monsanto y el gobierno federal?
Ha sido un proceso difícil, grande, complejo, un modelo de desarrollo agroindustrial, es enorme, complicado porque hay muchas cosas que están detrás, no solo es la siembra de la soya en este caso, sino todo lo que hay alrededor: el tema del agua, la deforestación, la contaminación, la muerte de abejas, la pérdida de plantas tradicionales y medicinales.
La producción a gran escala de alimentos es todo un sistema, creo que en realidad la lucha es poca para exigir, demostrar que ese modelo de desarrollo no es el mejor, porque está afectando la soberanía alimentaria de los pueblos mayas.
Ese sistema está matando nuestro patrimonio como lo son las abejas, está generando un problema de salud por las fumigaciones aéreas, es un sistema que ahora está mostrando el resultado de los impactos negativos.
Estudios han demostrado la incidencia de cánceres en vecinos de su comunidad a causa de los químicos utilizados para fumigaciones aéreas, ¿cómo enfrentan este problema?
No solo mi pueblo, sino todos los que están junto a estas zonas de cultivo y los lugares, donde se fumiga con plaguicidas desde avionetas, en este caso es todo el municipio de Hopelchén que tiene una fragilidad ambiental por los agroquímicos que se utilizan para estos enormes plantíos.
Quiero dejar claro que no es solo un pueblo, es todo el municipio donde se ha incrementado el número de enfermedades y todo esto asociado a este modelo de producción que busca expandirse.
En las últimas décadas en la región de los Chenes y otras zonas del estado de Campeche se han asentado numerosas comunidades menonitas, ¿cómo afecta eso a las comunidades mayas?
Un ejemplo, Hopelchén era uno de los mayores exportadores de miel. El modelo agroindustrial (utilizado por estas personas) afecta principalmente a la apicultura, el avance de la industria agrícola ha ocasionado que se deforeste, aumentó el uso de plaguicidas y la muerte de abejas nativas.
Muchas de estas cosas que están sucediendo tienen mucho que ver con estas personas, con los menonitas que se establecieron en nuestro municipio, ellos tienen una forma diferente de mirar el desarrollo, la concepción de desarrollo que tenemos los mayas.
Es aquí donde está el problema, nosotros ancestralmente hemos cuidado los bosques, la selva, y cuando llegan estos grupos que traen otra forma de trabajar es cuando se empezaron a incrementar los daños, los pueblos originarios tienen su área de producción, pero no tala y deforestación tan grave como lo tienen los menonitas.
Ellos deforestaron espacios donde había abejas, antes los apicultores tenían 50 o 100 colmenas ahí y esto ya no es posible porque ya deforestaron, se reduce el espacio para la colmena y también la producción. Antes con 20 colmenas producías 300 kilos de miel, ahora con 20 no produces ni 100.
Por un lado, aumenta la producción de los monocultivos, pero por otro lado disminuyen actividades ancestrales como la apicultura.
Uno de los argumentos del gobierno para permitir la colonización en estas áreas fue que estas tierras estaban en desuso, ¿es cierto?
Esas grandes áreas que han deforestado antes estaban al manejo de los pueblos, en los ejidos había sus delimitaciones, pero independientemente de eso había mucho de lo que llamamos tierras nacionales, eran ahí donde estaban los apiarios, los animales, muchas de las cosas que nosotros necesitamos para vivir, hoy día no hay.
¿Considera que la sociedad actual percibe la gravedad del impacto al medio ambiente?
Tenemos una sociedad que crece de una manera acelerada, pero hemos descuidado mirar la importancia de tener un medio ambiente sano.
Es momento de que todos volteemos a observar lo que está sucediendo con nuestro entorno, en nuestro contexto, en esos territorios ancestrales que nos permitían vivir de una manera sana, sustentable, eso ya no está o se está perdiendo.
¿Cómo es su comunidad, Ich Ek?
Es una comunidad bonita, de gente trabajadora, como todas las de Hopelchén, en el municipio hay 36 comunidades y nos dedicamos a trabajar la tierra, producimos maíz para autoconsumo y trabajamos nuestras abejas.
Tanto en mi comunidad como en las demás tenemos esta agricultura a gran escala, está cerca de nuestros pueblos. Producir granos y frutas no es malo, lo malo es el modelo que utilizan que acaba con el medio ambiente, ahí es donde tenemos que cuestionar y mirar la forma en que se produce y estar más atentos. — Luis Iván Alpuche Escalante
¿A quién le dedica el premio?
Es un premio compartido, es un premio colectivo, para todos los que estamos sumados en este esfuerzo tan enorme, porque es un premio de lucha por la vida, es de todas y todos los que estamos preocupados por todo esto que está sucediendo.
Va dedicado igual a todos los que nos apoyan en las redes sociales, a los campesinos que está cambiando su forma de trabajar, que está regresando a sus semillas criollas, aquel campesino que ya dejó de usar plaguicidas, que ha vuelto a su milpa.
Es igual para aquel apicultor que no se deja vencer aunque le hayan matado sus abejas, que tiene la esperanza que es posible cambiar las cosas, para aquellos jóvenes y niños preocupados y que ponen su granito de arena y son sensibles a lo que está pasando.
Para todos ellos es este premio que representa la suma de muchos esfuerzos, muchas personas y organizaciones que incondicionalmente han estado con nosotros y nos han acompañado, instituciones, universidades, investigadores que se han sumado a esta lucha.
También es para las organizaciones hermanas en la península de Yucatán, organizaciones que estamos luchando en el territorio de los mayas que luchamos contra este modelo capitalista que nos está afectando, es para todos este reconocimiento.
Ambiente Acciones
La indígena maya Leydy Pech promueve la conservación de la naturaleza y los recursos.
Premio anual
El premio ambiental Goldman, conocido también como el premio “Nobel” del ambiente, reconoce cada año a seis personas defensoras del medio ambiente en África, Asia, Europa, Islas y Naciones Insulares, América del Norte y América del Sur y Central.
Labor exitosa
Leydy Pech encabezó una coalición que detuvo con éxito la plantación de soya genéticamente modificada por Monsanto, en el sur de México.
Ganada la primera batalla
Debido a su lucha, la Suprema Corte de Justicia de la Nación dictaminó que el gobierno violó los derechos constitucionales de los mayas y suspendió la siembra de soya modificada genéticamente.
Se gana la segunda batalla
Por esta decisión, en septiembre de 2017 el Servicio Agrícola y de Alimentos de México revocó el permiso de Monsanto para cultivar soya modificada genéticamente en siete estados.
Lamentable
Hoy Campeche es el estado más deforestado de la península de Yucatán, tan solo en 2019 perdió 53 mil hectáreas de bosque natural, lo que equivale a 12.5 Mt de CO.
La dama de la miel
Leydy Pech Martín, de 55 años de edad, es una mujer maya llena de orgullo que se gana la vida como apicultora dentro de un colectivo de mujeres mayas, Damas de la Miel / Xunáan Kab. Ha enfocado sus prácticas de apicultura en una rara especie de abejas nativas, la “Melipona beecheii”. También es promotora del desarrollo sostenible para comunidades rurales mayas e integrante de Koolel-Kab/Muuchkambal, una cooperativa de agricultura orgánica y agroforestería compuesta exclusivamente por mujeres mayas.
