Visitantes locales e internacionales en el malecón
La playa de Progreso registró ayer nuevo lleno de visitantes locales, nacionales e internacionales porque se sumaron los canadienses que viven temporalmente en el municipio porteño para evitar el frío en su país.
“Es un buen día”, resumió el empresario Francisco Lara Arjona, propietario del restaurante que por lo general frecuentan los canadienses en el puerto.
“La verdad estos fines de semana recibimos mucha gente local, de México y turistas internacionales, hay un poco de todo y eso ayuda mucho”, señaló el restaurantero, quien personalmente estaba atento del trato y servicio a los canadienses que llenaron la terraza de su negocio en la calle principal del puerto.
“Hay un poco de derrama económica importantísima en este momento, estamos sufriendo la pandemia y cualquier entrada extra para nosotros es una bendición para todos”, añadió.
La gran afluencia de visitantes en la jornada dominical en Progreso sería un preludio de lo que serán las vacaciones de Semana Santa porque, si no hay frentes fríos intensos, la gente acudirá en mayor cantidad por el buen clima, la gastronomía, la cercanía del puerto con Mérida y los servicios que ofrecen los empresarios turísticos de las distintas ramas.
Desde el muelle de chocolate se apreció la gran cantidad de personas que fueron a Progreso con intenciones de pasar un día familiar, de darse un baño en el mar, de caminar y jugar en la playa, de respirar la brisa marina, de ver el tumulto de gente en traje de baño o tendida en la arena o en silletas, comer y beber bajo las palapas de paja y sombrillas de playa instaladas en la arena.
El intenso sol y el calor generado por una temperatura de 30 grados con sensación térmica de 33 grados hicieron que todas las palapas de la playa se ocuparan y hasta se instalaran sombrillas de playa y sillas extras. Los meseros que atendieron las palapas no se daban abasto para surtir los pedidos.
ue constante el traslado de charolas con platillos de mariscos y cubetas de cervezas, vasos con hielo, refrescos, de los restaurantes a la playa. Fue un ritmo intenso a partir de la una de la tarde.
Los expendios de cervezas frente a la playa estuvieron con filas para la compra de las bebidas y los restaurantes del malecón lucieron un cupo completo de acuerdo con las medidas sanitarias dispuestas por las autoridades.
Se vio también a trovadores solitarios en restaurantes y las palapas, vendedores de globos y juguetes de playa, de dulces yucatecos y hasta el dueño de un poni que daba paseos por $50 por niño. Sin embargo, el mayor consumo fue en comida y bebidas.
El tumulto de gente en el puerto también alertó al empresario Francisco Lara, quien al ver a tantas personas que caminaron por el malecón y las calles del puerto sin cubrebocas, sugirió que el Ayuntamiento de Progreso debería destinar personal en la playa y el malecón para que exhorte a las personas que pasean sin ese artículo protector para que lo usen, y si no tienen, que se les obsequie uno.— Joaquín Chan Caamal
