La reubicación de paraderos cambió la vida en barrios
Pasamos de oír las serenatas de Santa Lucía a escuchar las mentadas de madres de los camioneros, expresa Alicia Sosa cuando hace referencia a la difícil y cansada situación que viven los vecinos de la calle 55 del centro, donde desde octubre de 2020 se colocaron paraderos de transporte público como parte de los cambios a la movilidad en el Centro Histórico.
Aglomeraciones de personas, basura tirada en la calle, una actitud grosera y lasciva por parte de los checadores del transporte y exceso de ruido transformaron una calle relativamente tranquila, en una zona de alboroto y acumulación de desperdicios.
Alicia, una joven que vive en la calle y quien prefiere usar un seudónimo, pues ya bastante acosada se siente en su propia casa, cuenta que todo se inició cuando cambiaron los paraderos de transporte, y para mala fortuna colocaron varios de éstos en la calle 55 entre 58 y 60 del centro, de las rutas 37 Chenkú y Pensiones, tanto de autobuses como de combis.
Desde el primer momento les pareció que no era razonable el cambio, pues varias personas viven en esa cuadra y se estaban cuidando para no contagiarse de coronavirus, lo cual resultaba imposible ante la cantidad de gente que todos los días comenzó a aglomerarse en la zona, muchos sin usar cubrebocas y los checadores escupiendo en las aceras.
Lo inminente sucedió 15 días después hubo un brote de Covid-19 en la cuadra, Alicia fue una de las primeras en registrar síntomas, se hizo el análisis y resultó positivo, al igual que se novio con quien vive.
Recuerda que tenía mucho miedo desde antes de enfermarse, pues uno de sus primos, de su misma edad, falleció de coronavirus, por lo que dejó de salir de su casa por completo, hasta las compras de supermercado las hacían por internet.
Monitoreo
Por ello cuando le hablaron de la Secretaría de Salud para dar seguimiento a su caso y le preguntaron dónde creía haberse contagiado, la respuesta fue contundente, “en casa”.
Cuenta que la persona que le hacía la encuesta se quedó pasmada cuando supo las condiciones en las que estaban viviendo ella y los demás vecinos de la cuadra.
Aunque le llegó a dar neumonía, por fortuna se recuperó, pero los problemas con los paraderos siguen, ya que las aglomeraciones continúan, el personal del transporte, particularmente los checadores, se compartan de manera grosera con ella y los vecinos en general, y tanto ellos como las personas que acuden a tomar el transporte tiran basura en la calle, “todos los días recogemos hasta pañales”, y hay botellas de refrescos, empaques de papas y galletas, que los mismos checadores comenzaron a vender a los pasajeros.
Remodelación
Señala que una de sus tías remodeló la casa que tiene en la cuadra y tuvo que pedir un permiso ante el INAH que le llevó un año obtener, e hizo una inversión muy grande para los trabajos, y la citada institución le hizo firmar una carta compromiso para mantener el sitio limpio y en buen estado.
Es una ironía, manifiesta, que ahora todo esté sucio y con charcos de aceite en el adoquín. La tía de Alicia tiene una hija con discapacidad que tiene sensibilidad auditiva, y por los camiones y la cantidad de gente que ahora pasa por el lugar, tuvo que mudarse, aunado a que la persona está en silla de ruedas y los transportistas todo el tiempo tapaban el único acceso que podía usar.
“Yo me siento observada todo el tiempo en mi propio hogar, los checadores siempre están mirando al interior de las casas, te miran de manera lasciva y así me lo han manifestado muchas mujeres que han venido a la casa, pues comencé a vender algunos productos por internet”.
Desde el inicio del problema enviaron cartas al Ayuntamiento, a la oficina estatal de transporte, a la Secretaría de Salud y no hicieron nada. Después de seis meses, es decir hace unos 15 días finalmente les contestaron que nada se podía hacer.
Pero a los pocos días ven el anuncio de que se cambiarán los paraderos, y el que a estos vecinos afecta no está entre los que serán reubicados.
“No nos toman en cuenta, no han escuchado nuestra petición, estamos cansados de la situación. Es la primera vez que no llegamos a una solución”, dice.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
Turismo
Alicia Sosa externa que al vivir en el Centro Histórico saben que hay mucho turismo, cierta cantidad de ruido, pero hasta el restaurante bar cercano a sus viviendas los tomó en cuenta e hizo caso cuando les pidieron reducir el volumen de la música.
Cercanía
Además recuerda que parte del vivir en la zona significaba escuchar las serenatas de Santa Lucía todos los jueves, pues les queda a unos pasos y todo se escuchaba en su casa, pero ahora pasaron de eso a escuchar los insultos y las mentadas de madre de los operadores y checadores del transporte. Y así transcurren todos los días.
