La selva frustra los planes de una expedición
“La madre naturaleza no quiso que llegáramos al avión”, señala Jorge Barrera Lizama, al narrar la aventura que vivió junto con otros 11 compañeros, con quienes se internó al mangle en la zona de Celestún para tratar de hallar la aeronave que se sabe cayó en ese sitio hace unas cuatro décadas.
Como dimos a conocer, el explorador y otros aventureros se lanzaron el sábado 22 pasado a una expedición con el objetivo de llegar hasta el sitio donde se supone se encuentra el avión.
Tal como lo habían planeado el grupo de 12 personas, divididos en cuatro equipos y tres jeeps, emprendió el viaje desde de Mérida a las cuatro de la tarde.
No lo logramos, la madre naturaleza no nos concedió el poder llegar a la aeronave, comparte Jorge Barrera, quien añade que las lluvias que se iniciaron desde el jueves anterior complicaron el ya de por sí difícil trayecto que habían trazado.
“Nos llovió desde la carretera a Celestún, pero seguimos con el plan que teníamos. A las 5:30 llegamos a la entrada del rancho donde entramos a un camino y avanzamos nueve kilómetros, hasta donde llegó la expedición que hicimos en mayo del año pasado”, dice.
Además, cuenta que llegaron al sitio al anochecer, limpiaron el área, acamparon e hicieron una ceremonia a fin de pedir permiso a los señores del monte para estar en el lugar, expresando que no iban a causar daño a la madre naturaleza, sino solo que les permitiera convivir un rato y dirigirse al avión sin dañar el entorno.
El entrevistado indica que por ese lado todo salió bien, pues no tuvieron ningún contratiempo, pero las condiciones de la maleza eran muy altas, estrechas y el camino lodoso, lo que dificultó su paso.
El sábado 22 por la noche hicieron una fogata, comieron hot dogs y realizaron guardias nocturnas, tal como lo habían planeado.
A las 5:30 de la mañana del domingo 23 se levantaron, desayunaron, tomaron los suministros como agua y bebidas rehidratantes, y a las 6:30 empezaron la caminata dentro del monte inundado.
En algunos tramos el agua les llegaba por arriba de las rodillas. Vieron huellas de jaguar y venados, y alcanzaron a ver pavos de monte. La densa maleza en el mangle hizo que el paso fuera lento, cada 20 o 30 metros se iban turnando para ir abriendo camino.
El zapotal que debían atravesar era muy grande, de manera que la primera vez que elevaron el dron que llevaban no se veía donde terminaba, siguieron avanzando y la segunda vez que hicieron uso del dron vieron que les faltaban unos 500 metros de tramo en esas mismas condiciones.
Para entonces ya eran las 12 del día, y habían avanzado dos kilómetros, pero de acuerdo con sus cálculos les faltaban unos cinco kilómetros más para llegar al sitio donde se ubica el avión.
Entonces consideraron que ya no daría tiempo de llegar al objetivo, aunado a que negras y densas nubes amenazaban con lluvia, por lo que decidieron retornar al campamento, al que llegaron a las dos de la tarde.
Se prepararon entonces para el regreso, limpiaron el área y dejaron el lugar, pero no las ilusiones de volver a intentarlo el próximo año.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
Lluvias
Jorge Barrera manifiesta que planearon la expedición para hacerla antes de la temporada de lluvias, pero éstas cayeron con anticipación.
Encantados
Aunque no lograron llegar a la aeronave, el entrevistado destaca que fue una gran experiencia y todos los participantes estaban fascinados con la aventura y la majestuosidad de la naturaleza en esas selvas.
