El economista yucateco Sergio Méndez Centeno

La inversión sostenible, que busca no sólo la rentabilidad, sino influir para lograr un mundo mejor, adquiere cada vez mayor importancia

En los tempranos dos miles, un número cada vez mayor de ahorradores, principalmente de Europa, comenzó a pedir que su dinero tuviera un impacto positivo en la sociedad y en el mundo en general. Ya no se trataba de invertir buscando sólo el rendimiento, sino de incorporar en la selección los conocidos desde entonces como criterios ESG, siglas en inglés de “environmental, social and governance”.

A partir de su irrupción, la inversión sostenible no ha dejado de ganar terreno. Lo que busca es que, cada vez que se invierte un peso, no se piense tan sólo en los riesgos y el retorno, sino en su impacto en el medio ambiente, la sociedad y la gobernanza de las empresas a las que se destina el dinero, cuenta Sergio Méndez Centeno, economista yucateco que desde finales del año pasado dirige la oficina en México de BlackRock, el fondo de manejo de activos más grande del mundo.

Maridaje

La unión entre los ámbitos de actividad de las finanzas y la sostenibilidad es cada vez más firme, dice el ejecutivo y abunda en el significado de los postulados ESG (ASG en español).

La E de “environmental” engloba el efecto que la actividad de las empresas tiene en el medio ambiente, de forma directa o indirecta. De los tres criterios, es el más medible. “Por ejemplo, los yucatecos sabemos cuál ha sido el impacto ambiental del muelle de Progreso, cuáles han sido las consecuencias en aras del desarrollo económico, que no es que sean malas o buenas, sino que pueden medirse”.

La S de “social” se refiere a la marca que una determinada empresa deja en su entorno social, en la comunidad. Cuando, por ejemplo, se construye una carretera, no se trata solamente de la derrama de recursos directos en su construcción, sino además del polo de desarrollo que se vuelve esa obra.

Y por último está la G de “governance”, que alude al gobierno corporativo de la empresa en la que se invierte, por ejemplo, la composición y diversidad de su Consejo de Administración, las políticas de transparencia en su información pública o sus códigos de conducta. “Es un factor tan importante como los otros, porque hemos visto infinidad de empresas que fracasaron por problemas de gobernanza”.

Regla del hombre prudente

Los criterios medioambientales, sociales y de gobernanza suelen identificarse, dado que en la mayor parte de los casos van de la mano, con la Inversión Socialmente Responsable (ISR). Las empresas incorporan cada vez más a su lenguaje estos conceptos, ya que el peso que tienen para los inversionistas en el momento de elegir dónde poner su dinero, es clave.

BlackRock, asegura su CEO, ha convertido en parte de su esencia la responsabilidad social, que no es otra cosa, expone, que la regla del hombre prudente. “Se explica mejor si piensas en lo que harías por el futuro de tus hijos. En mi caso tengo dos, una joven de 15 y un muchacho de 11 años, y lógicamente estoy ahorrando para su educación, para el retiro, pero las decisiones también van de acuerdo con mis objetivos de ahorro. Por esta razón me parece importante que la inversión responsable esté en boga”.

Guías y lecciones

También recuerda que el director general de BlackRock, el estadounidense Larry Fink, comenzó a hablar de la función social de las empresas en 2019 —en la carta que acostumbra dirigir cada inicio de año a sus CEO como una especie de guía— y refiere que aunque él aún estaba en Afore XXI Banorte, le entusiasmó el concepto. “De hecho, esa afore es hasta hoy la única que está certificada por los principios de inversión responsable de las Naciones Unidas”.

En enero del año siguiente, poco antes de la pandemia, Fink planteó en su mensaje las consecuencias socioeconómicas del cambio climático, advirtió que el riesgo ambiental era un riesgo de inversiones y anunció una serie de iniciativas para posicionar la sostenibilidad en el centro del enfoque de inversión.

“Esto suponía un gran cambio incluso antes de la pandemia. Se desató la crisis sanitaria y todos nos dimos cuenta que el planeta nos habló. Los cambios se aceleraron de manera vertiginosa porque los inversionistas internacionales —y los mexicanos, a raíz de que la Consar está exigiendo a las afores cumplir con estos preceptos—, están demandando los vehículos de inversión sostenible”.

En enero pasado, la misiva de Fink se adhirió a los Acuerdos de París, que buscan alcanzar cero emisiones netas de carbono para 2050. Y esto, señala, significa un “cambio tectónico” hacia las inversiones sostenibles.

La pandemia hizo más evidentes las desigualdades que hay en el mundo en todos los sentidos, desde la educación hasta el acceso a internet, continúa. Se trata de conseguir cero emisiones netas de carbono, pero con inclusión, que también es muy importante. Y esto implica que la gente tenga cada vez más acceso a las inversiones.

Democratización

“Es una idea general que los temas de inversión están lejos de la sociedad, cuando no es así. De hecho, las primeras páginas de mis libros cuando estudié Economía, que no han sido reescritas, que siguen ahí, hablan justamente del efecto multiplicador de la inversión, de cómo un peso puesto a trabajar genera una derrama económica”.

Méndez Centeno recuerda cuando su padre, ingeniero civil de origen ticuleño, lo llevaba todos los sábados a hacer la raya: “No se te olvide: esta es la gente, esta es la realidad”, le decía. “Esa enseñanza la tengo tatuada en la piel desde entonces”.

Así que al asumir la presidencia mexicana de BlackRock, se planteó entre sus principales objetivos hacer las inversiones más accesibles para toda la gente. Y según su experiencia, el mejor vehículo para conseguirlo son los ETF (un fondo cotizado en Bolsa), porque permite a “Juan Pérez” acceder con 500 pesos a la misma cartera que un inversionista institucional que tiene millones. “Y al mismo precio, no es como en el mercado, que si compras tres tomates te salen más caros que si compras una tonelada”.

La inversión sostenible no es una moda pasajera, existe una apuesta definitiva por el capitalismo moral, por las acciones “buenas”, afirma.

Y la mejor noticia es que esas buenas prácticas se están importando a México, donde BlackRock cuenta con un departamento especial dedicado a acompañar a las empresas en el viaje y decirles que si quieren tener acceso al capital hay que cumplir esos preceptos. “Las empresas y países que van muy avanzados son receptores de mayor capital, por tanto su costo de financiamiento baja, se comprime”.

Este cambio llegó para quedarse porque viene de la demanda de la gente, indica. Muchas personas jóvenes ya preguntan si el fondo que se les ofrece cumple con los preceptos de inversión responsable, porque están conscientes de que pueden propiciar cambios positivos en la sociedad a través de sus decisiones.

Y las empresas se dan cuenta de que la ISR no sólo no les cuesta, sino que les deja. Se vuelven más rentables porque sus costos de capital bajan y sus modelos son más rentables por definición.

Definitivamente, el capitalismo moral es una revolución silenciosa. Los fondos y las estrategias sostenibles están despertando un enorme interés en todo el mundo, como demuestra que el año pasado BlackRock lanzó más de 90 vehículos de este estilo —tres en México— y el 85% lo hizo mejor que los que no tenían los preceptos ESG.

Posición clave

La firma que dirige el ejecutivo yucateco maneja en el país arriba de 85,000 millones de dólares, pero además trae más de 40,000 millones de dólares de inversionistas extranjeros. BlackRock está involucrado en el ecosistema económico nacional, de allí vienen su relación con Citibanamex y su participación en el reciente evento de IMEF Yucatán, señala el CEO. “Venimos no porque sea yo yucateco, sino porque vemos en la región focos de desarrollo y oportunidades y queremos implicarnos, participar”.

“Es decir, no somos vendedores de fondos que vienen de Miami o Nueva York con un portafolio, toman dinero y se lo llevan… Estamos aquí metidos, tenemos 156 colaboradores, los recursos que manejamos representan el 7% del PIB, sin contar los 40,000 millones de dólares que traemos de afuera”.

Panorama

Méndez ve un futuro prometedor en el tema de las ISR para el país, al que reconoce varias ventajas, como una situación geográfica envidiable, dada su cercanía a la mayor economía del mundo.

Y con todo lo que está pasando, con los cambios estructurales que están en marcha, muchos se preguntan por qué el tipo de cambio no está por los cielos. “La respuesta está en el ahorro interno. Las afores, que son las inversionistas institucionales más grandes del país, manejan 15 puntos del PIB”, expresa.

En las crisis de los años 80 y 90, cuando ocurrieron aquellos macroajustes que todos recordamos, México carecía de ahorro interno, pero ahora lo tiene y lo más importante es que sigue creciendo. Con los recientes ajustes a la ley, que paulatinamente harán pasar las contribuciones del 6.5% al 15%, puede llegar al 30% del PIB dentro de unos 20 años. “Esto es una oportunidad de oro, lo que tiene que pasar ahora es que esos ahorros se vuelvan inversión, infraestructura, que se vuelvan oportunidades”, señala.

Una ventaja más es que las empresas mexicanas comienzan a aceptar los preceptos de la inversión sostenible. En diciembre pasado su calificación en ese rubro era de BB, una nota pobre, baja, pero hoy ha subido a BBB. “Es importantísimo, parece una letrita nada más, pero significa que las empresas ya entendieron este cambio tectónico y están trabajando para aceptarlo. Las empresas están internalizando esos conceptos, que además las protegen y hacen que sus negocios sean más rentables”.

Educación financiera

Uno de los desafíos a los que se enfrenta la democratización de las inversiones es la falta de educación financiera, admite Méndez Centeno. Pero esto se debe a que es relativamente nuevo —desde las afores— que los mexicanos tengamos ahorro.

Y es del ahorro de donde nace la educación financiera. Hay gente que sólo invierte en el certificado de depósito de un banco porque no quiere correr riesgos, porque no entiende que el verdadero riesgo es no estar diversificado, señala. “Si esta persona compra un pagaré a 4 o 3% y la inflación está corriendo a 5 o 6%, está destinada a perder dinero en términos reales. Pero si diversifica —que es lo que hacemos con los ETF y con los fondos públicos— le da a su inversión la posibilidad de un retorno superior a la inflación y no sólo mantener su poder adquisitivo, sino incrementarlo”.

Cualquier persona puede invertir. Lo primero que debe saber es cuál es su horizonte de inversión. Si quiere invertir seis meses y sacar su dinero, por definición es un portafolio conservador, pero si tiene una perspectiva de largo plazo, necesita diversificar, porque como nadie tiene una bola de cristal, no se sabe lo que va a pasar.

“Guardar el dinero bajo el colchón o ponerlo en un vehículo de renta fija es condenarlo a que pierda poder adquisitivo. Con el producto diversificado, sin poder asegurar nada, sí sabe que en el largo o en el mediano plazo va a tener mejores rentabilidades”.

Cómo hacerlo

Es muy fácil invertir, explica. “Tenemos una asociación con Citibanamex, donde los ETF están a la mano. Pero en cualquier banco se puede acceder a ellos solicitándoselos a un asesor”.

El año pasado BlackRock lanzó el ESGmex, un fondo que sigue el comportamiento de la Bolsa Mexicana de Valores, pero con un ligero cambio: pondera mejor a las empresas que tienen una calificación ESG más alta.

Y ese vehículo está a la mano de cualquiera, en tan sólo un año vale ya más de 1,300 millones de dólares, casi 22,000 millones de pesos, señala. “Eso es justamente democratizar las inversiones, hacerlas accesibles a todo mundo desde $500. Definitivamente, invertir no es solamente para millonarios”.— D.Y.

La inversión está al alcance de todos… Guardar el dinero bajo el colchón o ponerlo en un vehículo de renta fija es condenarlo a que pierda su poder adquisitivo

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán