Fátima Guadalupe Ibarez Solís perdió totalmente el sentido de la vista cuanto tenía ocho años de edad, después de un deterioro paulatino que comenzó cinco años atrás a raíz de un accidente automovilístico.
Al transformarse en adolescente tenía el autoestima por los suelos, una sensación que creció al llegar a la etapa adulta. Percibía su incapacidad como un pesado lastre y se sentía sola, sin apoyo.
Así, sin ambiciones y más que nada alentada por un ángel guardián que llegó a su vida con forma de tutor, se acercó al sistema de enseñanza del Instituto de Educación para Adultos del Estado de Yucatán (Ieaey) y entonces todo cambió. Según sus propias palabras, el mundo se le abrió.
Hoy está a punto de concluir la enseñanza secundaria —le falta solo un módulo— y aspira a continuar su preparación en el nivel de preparatoria, aunque en este caso ya no en el Ieaey porque esta institución no cuenta con esa etapa.
Su sueño es ser locutora, aunque también tiene un plan B: dedicarse por completo a la música, terreno en el que ya incursionó con un teclado.
“Tiene aptitudes para la música”, dice Juan José Waldestran Moreno, su padre adoptivo. “Tiene buen tono de voz. Yo la aliento porque provengo de una familia de músicos”.
Fátima, quien ahora cuenta con 26 años de edad, y don Juan José tienen claro que la joven ha logrado avances en gran medida por el apoyo de su maestra (se le llama asesora educativa en el sistema del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos), Míldred del Socorro García Carvajal.
“Si tuviera que calificar a la maestra yo le pondría un 10, porque me ha apoyado mucho”, dice Fátima.
¿Cómo empezó esta historia y cómo se gestó la transformación? Fátima Guadalupe y su tutor nos relatan:
—Cuando Fátima tenía tres años de edad, un accidente automovilístico marcó el principio de una discapacidad. La pequeña comenzó a perder la visión, y a los 8 años ya la había perdido por completo.
—La familia tocó varias puertas en busca de ayuda, hasta que llegó el diagnóstico demoledor: la pérdida de la visión era irreversible.
—Prácticamente sola, con el único acompañamiento de su madre, Fátima recibía ayuda de una cocina económica que le obsequiaba comida. En ese lugar trabajaba Juan José Waldestrán, de origen veracruzano, quien no tiene visión en un ojo y ya había apoyado a cuatro discapacitados a salir adelante, creciéndolos como si fueran sus hijos.
—Juan José decidió ayudar también a Fátima, quien entonces estaba desmotivada y en actitud de rebeldía.
—Con el paso del tiempo se acercaron al INEA-Ieaey, conocieron el sistema de enseñanza y se involucraron de lleno bajo la guía de la maestra Míldred, quien en realidad es contadora de profesión y trabaja en el Ieaey por invitación, ya que uno de sus hijos con discapacidad auditiva estudió bajo ese sistema y ella tuvo que aprender también —sobre todo el lenguaje de señas, pues solo conocía lo básico— para apoyarlo.
—Fátima cursó la enseñanza inicial (del primero a tercero de primaria) e intermedia (de cuarto a sexto grados) con el sistema Braille. En la etapa avanzada (secundaria) no se utiliza el método Braille y, al combinarse esta situación con la pandemia de Covid-19 y la suspensión de actividades presenciales, la preparación académica continuó por vía telefónica, con excelentes resultados gracias a la fácil adaptación de la alumna y la disposición y paciencia de la asesora educativa.
—Fátima está a un módulo de terminar la secundaria y desea ingresar a la preparatoria, sin abandonar su sueño de ser locutora.
—Con la confianza de que logrará sus metas, tiene un consejo para quienes padecen alguna discapacidad: “Que le echen ganas, que se animen a superarse sin temor”.
Discapacidad y educación Detalles
Personas con discapacidades reciben educación bajo el sistema INEA-Ieaey.
Un caso especial
Míldred del Socorro García Carvajal es contadora de profesión y fue invitada a ser asesora educativa del Ieaey para aprovechar sus conocimientos, ya que aprendió el lenguaje de señas cuando uno de sus hijos con discapacidad auditiva ingresó al instituto. Han pasado más de 15 años y hoy tiene a su cargo a unos 30 educandos —tanto jóvenes como adultos mayores—, seis de ellos con discapacidades.
Actividades de aniversario
El 30 de este mes se cumplen 40 años del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) y, para celebrarlos, el Ieaey dispuso varias actividades en Yucatán, entre ellas pláticas de sensibilización al personal y firma de convenios con universidades para que sus alumnos desarrollen prácticas profesionales y servicio social en el instituto. También habrá convenios con empresas para que personal de éstas pueda concluir la primaria y secundaria.
