Verónica está por cumplir una deuda con la vida, dentro de seis meses saldrá del Centro de Reinserción Social (Cereso) Femenil, y hasta hace unas semanas tenía miedo por enfrentar una realidad distinta a la que dejó hace años.
Ahora, entre hilos, agujas de madera y bastidores, se va creando una nueva oportunidad, mediante los talleres que la Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta) proporcionó a personas privadas de su libertad, informa un comunicado.
“Primero, me tranquiliza, entré al taller pensando en qué ocupar el tiempo, luego me gustó y ahora cada vez que voy aprendiendo a urdir mejor las hamacas, pienso que podría hasta venderlas cuando salga y eso ayudaría a mi familia”, mencionó esta mujer que formó parte del proyecto integral de reinserción social impulsado por el gobierno de Mauricio Vila Dosal.
No solo hamacas, también bolsos y manteles se fabrican en el Penal Femenil
Durante cuatro miércoles un grupo de 15 alumnas acudió al taller que dirige Guadalupe Aké Cetina, integrante del departamento de Coordinación Educativa del Gran Museo del Mundo Maya de Mérida, quien les compartió técnicas para confeccionar no solo hamacas, sino rebozos, bolsas y manteles.
“Están muy emocionadas, muy interesadas, enseguida vemos cómo le echan ganas aprendiendo hacer la orilla, después de la orilla empiezan a hacer la hamaca”, indicó.
“Hoy día son muy famosos los diseños de pitahaya, entonces vemos cómo se van combinando estos colores, sobre todo hay que tener paciencia porque hay que ir cambiando los hilos, pueden hacer de piña, de sandía”.
Además de ofrecer una oportunidad para autoemplearse, este curso tuvo el objetivo de continuar una de las tradiciones más importantes de nuestra cultura maya: la elaboración de hamacas, para que se transmita de generación en generación.
“Lo que queremos es que las internas aprendan el urdido y lo vayan transmitiendo para que no se pierda esta tradición, así como el idioma maya; si queremos que no se pierda tenemos que enseñarlo, aunque la hamaca no es de Yucatán es muy común que la usemos”, destacó.
El taller, un espacio de concentración
Lorena Méndez Pech, del mismo departamento, añadió que en el taller las participantes adquirieron una mayor concentración, ocuparon su tiempo; cuando terminen sus productos la recompensa será satisfactoria, incluso les puede servir para obtener ingresos.
La finalidad de este aprendizaje es llegar a más personas y lugares, refirió. Entre ellas se apoyaron, mientras las capacitadoras auxilian a unas, otras con más conocimiento ayudaron. Apuntó que todas coincidieron en avanzar rápido, pero es paso a paso.
¿De dónde se obtienen los materiales?
Las instructoras comentaron que una hamaca completa lleva en promedio siete tubos de hilo, tiempo, esfuerzo y dedicación, desde las orillas hasta el montaje de los brazos.
Verónica sabe que entre los bastidores hay más que todo eso junto: está la libertad para imaginar, crear, innovar y tal vez, con lo aprendido esos días, urdir una red para mejores sueños.
