Desde niñas

Gilda y Claudia Herrera son dos hermanas que han pasado toda su vida entre flores y tumbas: desde pequeñas su madre las llevaba al puesto de flores que su familia tiene en desde que el Cementerio General abrió sus puertas.

Ambas son la quinta generación de floristas, desde que su tatarabuela comenzara con el negocio y como tal han visto de todo, pero nada comparado con la pandemia de Covid-19.

“Nunca el cementerio había cerrado tanto, 18 años estuvimos cerrados”, recuerda Gilda. Para solventar los gastos de su casa tuvo que abrir una lonchería en su casa con ayuda de su hijo, quien cursó estudios de gastronomía.

Claudia también buscó qué hacer en ese período, pero tuvo la fortuna que algunos de sus clientes no la abandonaron y quincenal le llevaban una despensa.

Afortunadamente la situación de la familia comenzó a mejorar a partir de que el Ayuntamiento de Mérida volvió a abrir las puertas del cementerio.

“Desde el 30 de octubre que está abierto el cementerio ya hay algo de venta, no mucho, pero hay algo porque apenas nos estamos normalizando y esperamos que la gente siga viniendo a visitar a sus seres queridos para que el siguiente año venga mejor”, dice Gilda.

A ella no le extraña que en la víspera de la Navidad poca gente acuda al cementerio, cuando en 2019, 2018 y años anteriores no era así. De hecho, Navidad, Día de Muertos y los días de la Madre y del Padre era cuando más gente acudía de visita.

“Ahorita muchos no saben que ya está abierto el cementerio y otros creo que tienen miedo (por el Covid), pero sería bueno que sepan que ya pueden venir”, dice mientras acomoda las gladiolas, claveles, margaritas, rosas, astromelias y clavelinas en cubetas.

Gilda dice que las ventas se han recuperado en un 30%, esperan que mejore conforme pasa el tiempo y se regresa a la normalidad.

“Aquí la flor está muy barata. Hay ramitos de $30, arreglos de $30 y $35. Nosotros los hacemos”.

Gilda no recuerda con exactitud cuándo comenzó a acudir al puesto de flores. “Desde niña venía, ahora están viniendo mis hijas y mis nietas, que serían la sexta y séptima generación”, ríe.

Con toda una vida como floristas, Gilda y Claudia saben que todas las flores tienen su encanto, que son nobles, pero también muy delicadas.

“Le comento a mis hijas que nosotras que somos venteras de años ya sabemos trabajar la flor y nos aguanta hasta ocho días porque es flor de calidad”.

A la familia le ha ido tan bien en el negocio de las flores que, además del puesto en el Cementerio General, tiene otros locales en otros rumbos de Mérida. “Una sobrina tiene uno en Xoclán, otra sobrina en la 66 con 95. En mi casa tengo mi florería que se llama ‘El retoño’, en la calle 123 con 86 de San Luis Sur Dzununcán”.

Cementerio Flores

El negocio de Gilda y Claudia Herrera ha crecido no solo en número de puestos, sino en el tipo de servicio.

Fiestas

Ya no solo venden ramos o arreglos para dejar en las tumbas, sino también brindan servicios de florería para bodas y XV años.

Familia

“Es un negocio muy noble, con esto le di estudios a mis cinco hijos. Ya todos tienen carrera, hay maestro, contadora, modista… pero el gusto por la flor no se acaba, mi hija abrió su florería y mi otra hija también, pero en el pueblo donde está con su marido. Todos trabajamos en esto: los hijos, las hijas, los yernos”, señala Gilda, quien junto con Claudia abre su puesto a las siete de la mañana y cierra a las cinco de la tarde.

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