A casi dos semanas de que entraran en función las calesas eléctricas, las jaladas por caballos siguen siendo las más preferidas por la gente, señalaron prestadores del servicio.
“Hay dos tipos de gente. Hay gente que le gusta andar en caballo por el trote, pero también hay quien le gusta la eléctrica. De hecho, varios que pasan dicen que no confían en la eléctrica y que prefieren de caballo”, dijo Manuel Torres Velázquez.
Además de manejar la eléctrica, Manuel aún conserva su calesa de caballo, la cual intercala para trabajar.

Ayer le tocó la eléctrica y hoy la de caballo. Intercalar ambos vehículos, le ha permitido darse cuenta que la gente prefiere aún la de caballos. “Algunos se nos acercan y nos preguntan dónde están los caballitos y se van allá”.
Abordado enfrente de la Casa de Montejo, lugar que se les asignó para subir a los pasajeros, Manuel Torres señaló, sin embargo, que en la primera semana de las vacaciones la clientela de por sí es baja.
“La semana pasada (en la eléctrica) sí estuvo bien el trabajo, como era una cosa nueva lo buscaron; pero este lunes dio un bajón”, afirmó Manuel. Por ejemplo, el salió ayer miércoles a las 11 de la mañana y hasta las 4:30 de la tarde solo había dado un viaje. —Iván Canul Ek
Escasa demanda de los paseos en calesa
“Hasta con los compañeros que manejan caballo bajó la demanda, pero este fin de semana se debe componer porque llega más turismo y vienen convenciones”, señaló Manuel Velázquez, calesero eléctrico.
Él compartió que el recorrido que brinda es de 40 minutos aproximadamente y tarda igual que la calesa de caballo. Eso sí, tiene que estar pendiente de la duración de la batería para evitar quedarse a medio camino.
Si bien les dijeron que cada recarga debe durar entre 8 y 12 horas, no es así, informó. “Cuando prendes la luz en la noche, como es led, consume más y si aceleras más, gastas más corriente”.
Ángel Solís, quien aún maneja una calesa jalada por caballo, aseguró que siguen teniendo buena clientela, y que la llegada de las calesas eléctricas no les ha afectado, aunque desconoce qué podría pasar más adelante porque “solo Dios manda”.
