Asoleados, un poco nerviosos y con algo de miedo, pero dispuestos a recibir la vacuna contra el Covid-19 se vio a decenas de niños en la Unidad Deportiva Villa Palmira, a donde acudieron acompañados de sus padres, tíos, abuelitas e incluso vecinas para recibir la inmunización tan esperada.
Desde el lunes pasado cientos de niños han recibido la vacuna en los tres módulos que se instalaron para tal fin en el Centro de Convenciones Siglo XXI, el deportivo Inalámbrica y la unidad Villa Palmira.
Este último sitio se vio ayer con una gran afluencia de personas que acudieron a la vacunación, en la penúltima jornada para recibir el biológico que los protege ante casos graves y muerte por Covid-19.
La vacunación se inició a las ocho de la mañana y desde esa hora se registró la presencia de numerosos adultos que acompañaron a los niños de 5 a 11 años a recibir la dosis.
La respuesta fue tan buena, que se formó una fila de alrededor de 150 personas, que iba desde la entrada a la unidad hasta donde termina la barda del recinto.
Pese a ello la fila avanzaba bastante rápido y así lo hicieron constar algunos padres de familia, que esperaron entre 25 y 30 minutos para entrar en el sitio.
“Una vez adentro es muy rápido”, dijo Diana Torres Rivero, quien llevó a vacunar a su pequeña hija Betty, de siete años.
La mujer compartió que estaba un poco ansiosa por el momento y la pequeña con algo de miedo, pero una vez vacunada, dijo que no le dolió. La menor estaba muy tranquila y su madre indicó que fue muy valiente, lo que Betty corroboró asintiendo con la cabeza.
Diana Torres manifestó que ahora que la niña está vacunada se siente más tranquila, pues sabe que ahora está protegida.
Además, indicó que era algo que estaban esperando desde hace meses, ya que como adultos tienen cuatro vacunas y los menores no tenían ninguna, lo cual le preocupaba.
A lo largo de la pandemia se han estado cuidando mucho, refirió, por lo que los cuatro integrantes de la casa no se han enfermado de Covid, aunque sí uno de sus hermanos y sobrino.
El uso de cubrebocas y de gel desinfectante son medidas que han tomado para prevenir el contagio del virus, junto con no exponerse en sitios donde hay muchas personas.
Según contó, incluso en reuniones con la familia siempre usan el cubrebocas solo se lo quitan para comer, y se le colocan de nuevo.
Aún ya vacunados, ahora sí todos los integrantes de la familia, aseguró que seguirán tomando las medidas para evitar los contagios.
Contra el calor
Respecto al proceso de vacunación, recomendó a los padres de familia que acudirán hoy a la última jornada de vacunación para los menores llevar una sombrilla para protegerse del sol y una bebida hidratante para los niños. Aunque el tiempo de espera no es mucho, el sol está muy fuerte y los pequeños sienten sed.
Antonia Uit Tzek es una abuelita que ayer llevó a vacunar a cuatro de sus nietos menores de 12 años. Explicó que los papás de los menores trabajan y no les dan permiso de faltar, por lo que fue la encargada de llevarlos.
Fernando de 11 años, y Manuel, Andrés y Tere, de nueve, son los nietos a quienes llevó a recibir la inmunización.
Ella contó que radican en la comisaría de San Antonio Tzacalá, el comisario del lugar puso a disposición un vehículo para traerlos a Mérida para que los menores sean vacunados, de forma tal que en el transporte viajaron unos cinco adultos acompañando a 12 niños.
Antonia señala que se han cuidado mucho y más a los niños, “no salen”, por lo que por fortuna ninguno de los menores se ha enfermado, pero a ella le dio la enfermedad hace un tiempo.
Estaba contenta de saber que sus nietos serían vacunados y que estarán protegidos del coronavirus.
Todos salieron de San Antonio Sacalá a las 9:30 de la mañana y a las 10:30 ya estaban en la fila para recibir la vacuna. La abuelita previsora llevó una sombrilla bajo la cual se resguardaron de los fuertes rayos del sol ella y sus cuatros nietos.
“Tienen miedo”, dijo la abuelita, pero los pequeños replicaron que no, mientras reían nerviosamente.
Eso sí, iban dispuestos a recibir la vacuna, sabiendo que es por su bienestar.
La calle de acceso a la Unidad Deportiva Villa Palmira se vio repleta de autos y vendedores ambulantes que ofrecían aguas, refrescos, granizados, bolis, paletas, chicharrones, papitas, kibis y marquesitas.
Al igual que en los otros módulos, el acceso al sitio fue adornado con globos y un arco con cintas de colores, y una alegre música ambiental da la bienvenida a los pequeños y los adultos que los acompañan.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
