Jacinto Chulim Castillo estira la mano, le caen algunas monedas, no muchas, pero suficientes para seguir adelante.
Se acuerda que hace algunos años se levantaba a las 4 de la mañana para buscar el pan del día cortando hierba o haciendo “alguna chambita”, “lo que caiga”.
Bajo la sombra de un arbusto, recuerda que hace un año le tuvieron que amputar parte de su pierna derecha y eso lo tiene “atado” a una silla de ruedas que le regaló su hijo.
“Ya tengo 70 años, me cuesta moverme”, señala el señor originario de Mérida.
Otra vez estira la mano, pero ahora sin suerte, no obtuvo monedas, más bien solo la mirada de un hombre que conducía su automóvil y se siguió de largo como muchos otros.
“Así es esto. Vengo unas horas a sacar para la comida. Sale para eso y para las medicinas de mi mujer. Ella tiene diabetes y casi pierde la vista, se le tapó una vena del corazón y tiene agua en los pulmones”, cuenta el señor Jacinto. La misma habría sido la causa de la amputación que sufrió.
Como muchas otras personas, “don Jacinto” sale a la calle a pedir limosna porque tiene necesidades como cualquier persona, pero a su edad, con su discapacidad y la falta de una profesión le han cerrado muchas puertas.
Ya casi son las 12 del día, los arbustos plantados en el camellón de la avenida 132 a la altura de la calle 67-F de Bosques del Poniente ya no son suficientes para cubrirlo de los rayos del sol, pero lo intenta una vez más.
“Hay que luchar por esta vida”, expresa con confianza y madurez. Otra vez no tuvo suerte. “Ya será mañana”, comenta antes de despedirse y retirarse con dirección a su casa.— Gabriel Chan Uicab
